No le cree nada al Indec, ni a ningún cálculo del gobierno. Está a favor de
cualquier medida de control, castigo a las faltas y acciones que ayuden a fomentar la convivencia
urbana, las celebra pero es escéptico sobre sus resultados. Siempre apoya los derechos del
consumidor, de los que seguramente es parte, no esquiva los temas más polémicos y opina, siempre
opina. ¿Quién es?
En rigor, no tiene un nombre, sino miles, y no son más que
los lectores de La Capital que día a día emiten su voto en las encuestas cotidianas que propone el
diario. Estas consultas, que se plasman tanto en la edición impresa del diario como en La Capital
on line pero se responden únicamente en el sitio web, venían haciéndose desde hacía algunos años.
Pero fue en 2007 cuando el mecanismo se sistematizó, se hizo diario y su publicación en la página 2
del formato diario impreso empezó a venir acompañada por una consulta a un vecino en la calle.
Y allí apareció el lector. El que es capaz de opinar sobre
la inflación, el casamiento de Reinaldo y Adelfa, la ejecución de Saddam Hussein y la instalación
de una playa nudista en la isla. El que apoya los piquetes pero sólo si los tiene lejos, el que
está preocupado por la seguridad, el que descree de los discursos gubernamentales, el convencido de
que las denuncias de la jueza Cosidoy sobre narcotráfico son ciertas, como que la EPE cobra más de
lo que brinda, que en el fútbol hay más arreglo del que se cree y que la corrupción es
endémica.
Desde el vamos este sujeto marcó un rumbo. El 1º de enero
contestó acerca de cuál era su anhelo para este año. ¿Salud, dinero, amor...? Ni siquiera los tres
sumados llegaron al 50 % que, solo, se llevó el deseo de seguridad. Convicciones menos poéticas y
más realistas que se reiteraron en una de las consultas que abarcaron varios días, como la que se
hizo entre el 27 y el 29 de junio. En esa oportunidad se le preguntó a qué temas debían prestar
atención los precandidatos a gobernador, y nuevamente la seguridad ganó con el 45 % de los votos,
contra un 23 % de educación y un magro 14 % que se inclinó por combatir la pobreza.
Después vinieron los temas más diversos, en general
vinculados a noticias del día o a debates del momento, como la suba del costo de vida, las campañas
de los clubes rosarinos, el transporte urbano, el tránsito en el microcentro, el aborto, el juicio
oral. O cuestiones bien puntuales, como el rescate del cine El Cairo, la salud de Maradona, la
historia de la madre que dejó a su bebé en el auto mientras estaba en un bar, y hasta las misas en
latín (una votación sugerida cuando el Papa Benedicto XVI decidió oficiar en aquella lengua muerta
y el 78 % de los lectores no estuvo de acuerdo con imponer semejante idea en los púlpitos
locales).
Y en algunos marcó tendencia, como en el del juicio y
castigo a los responsables de los crímenes de la dictadura. El 27 de enero votó a favor del
levantamiento del secreto de Estado en causas por violaciones a los derechos humanos (81 %), el 2
de febrero consideró que la Justicia debía revisar los crímenes (71 %), y el 21 de marzo se opuso a
que los represores gocen del beneficio de la prisión domiciliaria (80 %).
Votaciones masivas. Algunos tópicos fueron votados masivamente y sobresalieron por
la participación, aunque esto no estuvo necesariamente relacionado con un debate en particular.
El lector se volcó multitudinariamente a las encuestas
cuando tuvo que opinar sobre temas tan disímiles como si el Kily González debía volver a Central
(31 de julio); si las declaraciones del testigo Luis Gerez, desaparecido y aparecido con vida en
momentos en que se reclamaba por Jorge Julio López, eran ciertas (pocos le creían el 3 de enero);
si había corrupción en el gobierno nacional (el 97 % contestó que sí el 9 de agosto); si había que
estar de acuerdo con el rey de España o con Hugo Chávez cuando el soberano mandó a callar al
presidente (6 de cada 10 le dieron la razón a Carlos el 12 de noviembre), o cuando se les dio la
posibilidad de opinar, el 27 y el 28 de agosto, sobre qué equipo rosarino se puede ir al
descenso.
También fue masiva la participación el 13 de agosto, cuando en
medio de la polémica se le preguntó si estaba de acuerdo con obligar a los restaurantes a hacer
visibles los precios de sus menúes en las puertas (el 96 % dijo que sí). O cuando se le consultó el
2 de agosto si estaba bien que la Justicia ordenara desocupar la plaza San Martín, tomada por un
piquete, y el 92 % dijo que sí (pocos días antes, nueve de cada diez se habían manifestado en
contra de subsidiar a los piqueteros, y en el mismo sentido votó el 88 % el 19 de mayo).
A protestar a otra parte. El tema de los piquetes y las manifestaciones callejeras
fue recurrente, y no siempre el lector opinó de la misma manera.
Es que, cuando se le preguntó el 16 de enero si acordaba
con los cortes de ruta en rechazo a las pasteras, el 65 % dijo que sí. Y el 1º de abril más de la
mitad opinó que debían mantenerse los cortes en los pasos a Uruguay.
Pero el 18 de mayo fue contundente a la hora de opinar que
la provincia de Santa Fe debía impedir los piquetes locales (así votó el 93 %); al día siguiente se
opuso a que los gobiernos cedieran a las exigencias de los piqueteros, y el 26 del mismo mes tres
de cada cuatro lectores opinaron que debían impedirse los cortes de calle en el microcentro
rosarino. O sea, a protestar a otra parte.
Otro tema polémico que llamó la atención por el grado de participación fue
el del aborto, aunque si se analizan las respuestas no siempre siguieron un mismo patrón
ideológico.
Seguramente los antiabortistas tomaron debidamente nota de
la encuesta del 28 de mayo, y volcaron la balanza a su favor: el 56 % dijo que no estaba de acuerdo
con que esta práctica sea legal, segura y gratuita. Pero cuando el 30 de agosto se preguntó si
debía permitírsele abortar a la menor discapacitada que había sido violada y quedó embarazada, casi
el 90 % opinó que sí.
Dos meses antes, el 6 de julio, las tres cuartas partes de
los votantes se habían inclinado por aprobar por ley la muerte digna, otro tema que alcanza la
médula de convicciones filosóficas y religiosas. Y el 6 de marzo, siete de cada diez se inclinaron
por extender el uso de la pastilla del día después.
Todos de acuerdo. Algunas respuestas no dejaron dudas respecto de la opinión
mayoritaria. El 1º de febrero, el 94 % dijo que había que prohibir las paradas de taxis exclusivas;
el 9 de octubre el 96 % estuvo de acuerdo con boicotear la compra del tomate sobrevaluado, y el 14
de febrero un 92 % consideró desmedido el incremento del precio en los útiles escolares.
También superaron el 90 % los que consideraron ciertas las
denuncias de la jueza Cosidoy sobre la complicidad policial con el narcotráfico; los convencidos de
que no se ejercen los controles para impedir la contaminación ambiental en la ciudad; los que
apoyaron la ley de bosques; quienes creen que los candidatos a presidente deberían estar obligados
a dar detalles de sus gastos de campaña; los que sancionarían a los dueños de los perros que
muerden en la calle, y los que creen que no se controla bien a las numerosas obras en
construcción.
Por los controles. Y si de controles se habla, está definitivamente a favor de
reforzarlos en todos los aspectos, de aplicar sanciones a quienes violen las reglas y a propiciar
normas de convivencia urbana.
Así lo muestran al menos las encuestas del 4 de febrero,
cuando el 90 % votó a favor de controlar más el uso del casco entre los moticiclistas; el 5 de
agosto, cuando el 94 % consideró necesario proteger a las estatuas de la acción de los vándalos; el
2 de enero, en que el 76 % pidió restringir más el uso de pirotecnia, y el 6 de febrero, cuando un
88 % votó a favor de monitorear los precios en la costanera rosarina.
Esta misma convicción se volvió a manifestar cuando el 81 %
consideró que habría que retirar de circulación los vehículos con malos frenos y vidrios
polarizados; cuando pidió sanciones más severas a quienes venden pegamento a los menores, cuando
votó por castigos más drásticos a los automovilistas ebrios, y en favor de prohibir que se fume en
los lugares de trabajo.
Escepticismo. Pero así como quiere controles, muchas veces descree de su
efectividad. Lo demostró el 9 de enero, cuando el 77 % se manifestó escéptico respecto de la
efectividad de los radares para disminuir los accidentes; el 23 del mismo mes, cuando el 78 % se
mostró incrédulo de las campañas oficiales para que los rosarinos fumen menos; el 22 de agosto,
cuando se le preguntó si las inspecciones en las playas de estacionamiento pondrían fin a los
abusos, y el 29 de septiembre, cuando el 89 % opinó que no se lograría impedir el aumento de los
medicamentos.
También desconfió de los controles y los acuerdos sobre
precios. Así pasó cuando en julio el gobierno pretendió mantener estables los precios en los
supermercados, y un 93 % no creyó en la medida, o cuando el gobierno llegó a un acuerdo similar en
electrodomésticos y ocho de cada diez lectores fueron escépticos.
Hay algo que es incontrastable: el lector promedio no le
cree al gobierno. Y lo dejó bien en claro desde el vamos, cuando el 5 de enero se le preguntó si
creía que el índice de inflación se ajustaba a la realidad y un 96 % dijo que no. La pregunta se
repitió el 5 de mayo, luego de que la Nación afirmara que el aumento del índice de precios de abril
había sido del 0,7 %, y de nuevo no le creyó. El mismo mes se le preguntó si creía que había bajado
el desempleo en el primer trimestre del año y dijo que no.
A partir del 10 de diciembre, La Capital on line cambió su diseño por uno
mucho más ambicioso, dinámico y participativo. El portal comenzó a ofrecer foros para debatir temas
como las medidas de fuerza de los municipales o el futuro del gobierno de Hermes Binner. Estos
temas ya han generado buenos debates, pero esa es ya otra historia.
[email protected]