Son rosarinas anónimas, pero se desnudan para el mundo en la web
"Coño, qué linda eres. Acércate más a la cámara y tócate". Iñigo se conecta a la web casi todos
los días y busca a Abril, una mujer de 43 años que él cree que vive en Barcelona. Sin embargo, ella
está en una habitación escondida en algún rincón de Rosario.
3 de agosto 2008 · 01:00hs
"Coño, qué linda eres. Acércate más a la cámara y tócate". Iñigo se conecta a la
web casi todos los días y busca a Abril, una mujer de 43 años que él cree que vive en Barcelona.
Sin embargo, ella está en una habitación escondida en algún rincón de Rosario.
Cumple allí un turno de 8 horas con dos francos, como si
fuera una oficinista. Pero su tarea dista mucho de la que podría llevar a cabo, por ejemplo, la
empleada de una prepaga. Abril, se produce todos los días para la cámara a la espera de que los
cibernautas porno empiecen a interactuar y tengan sexo a la distancia (a miles de kilómetros pero
con la cercanía de internet).
"La modelo está frente a una cámara y una PC en un
«estudio» donde atiende clientes españoles en su mayoría", dice Daniel a La Capital. Es el
dueño de la empresa (en la ciudad hay al menos dos) que actualmente ofrece cinco chicas para que
presten este servicio. "Soy un proveedor de la página www.quewebcams.com", señala. El empresario
internacional necesitaba contar con un trabajo que le redituara dividendos y vio la oportunidad de
montar su propia productora. Comenzó a contactarse con su contratista hasta que quedó fijo. Al
ganar en euros pudo crecer, aunque siempre en el marco del anonimato. "Sólo mi mujer sabe
exactamente a lo que me dedico. Para el resto de la gente hago negocios con España", dijo
Daniel.
Lo propio ocurre con Abril. Su entorno cree que trabaja en una clínica,
cuando en verdad es una stripper virtual. Diariamente se mete en el dormitorio desde el que se
exhibe. "Hago realidad la fantasía de los chicos que me eligen entre 60 mujeres que aparecen en el
portal", especifica. Acceder a ella demandará abonar (con tarjeta de crédito) alrededor de 1,50
euro el minuto.
Abril nació en Córdoba y se radicó en Rosario, donde tiene
tres chicos que desconocen su verdadero trabajo. "Lo mío es una especie de intercambio de ideas en
el que vas creando lo que sueña el que está del otro lado; a veces son mujeres", comenta antes de
contar que, en el chat, dice que es bisexual y que vive en Montjuic (Barcelona). Sus clientes le
piden encontrarse personalmente, pero ella nunca podrá. Dará todo tipo de excusas.
No hará lo mismo con los pedidos para posar ante la cámara.
En la medida en que cumpla más, estará mayor cantidad de tiempo en contacto y, por ende, ganará más
dinero. Tiene a mano ropa especial, maquillaje y juguetes para complacer a todo el mundo. Además,
asegura que su piel "queda mejor con los tonos azules" por eso los cortinados que la rodean son de
ese color. Está convencida de que el video la rejuvenece y la muestra más linda. "No se te nota la
celulitis", añade Daniel, preocupado por dejar en claro que su emprendimiento "no tiene nada que
ver con la prostitución".
Este fenómeno ha generado que la red de chat se haya
convertido en la búsqueda constante de encuentros sexuales, donde es posible experimentar casi
cualquier cosa que se venga a la mente. Más aún, los consumidores a veces ingresan desde oficinas y
hasta mientras sus esposas están muy cerca de ellos. En esos casos, piden que la stripper les
escriba para evitar que se oiga lo que les dice mientras se mueve al compás de sus deseos.
Los más desprejuiciados también pueden mostrarse (se
filman). En ese caso, los roles se invertirán.