Los que trabajan en turismo están convencidos de que Rosario perdió gran parte de su actividad nocturna y eso viene golpeando fuerte al sector y repercute negativamente en la llegada de jóvenes a la ciudad. "La gente deja de elegir Rosario porque no tiene a la noche dónde ir", afirmó sin medias tintas el presidente de la Cámara de Hostels de Rosario, Omar Ortiguela, uno de los representantes del sector que hace unos días llevó su preocupación a la comisión de Producción del Concejo junto a representantes de bares y restaurantes.
Ahora, y en la antesala de la reapertura del debate sobre la normativa que regula la actividad nocturna, los gastronómicos, bolicheros y referentes de espacios culturales remarcaron que la decisión que hay que tomar es clara: "Hay que decidir qué Rosario queremos, porque hoy tenemos una ciudad sin noche"".
Dejar atrás la ordenanza Nº 7.218 sancionada en 2001 es una deuda pendiente desde hace más de una década. El último intento de modificarla y superar "los parches" que se fueron poniendo con el tiempo, como señalan quienes participan de la actividad, se llevó adelante en 2018; sin embargo, la iniciativa quedó paralizada y la pandemia terminó de frenar la discusión.
Lo que por entonces significaba readecuar la normativa a una nueva realidad, que implicaba modificación de rubros y habilitaciones, para un sector empresario que ya se acercó al Palacio Vasallo amerita "un debate más profundo".
"Hoy tenemos una ciudad sin noche, así que lo que tenemos por delante es discutir qué ciudad queremos, si queremos una ciudad con actividad nocturna o donde la gente se vaya a dormir a las diez de la noche", subrayó Ortiguela.
Leandro Santero, empresario gastronómico y socio de la Asociación Hotelero Gastronómica, afirmó que el "escenario ya se había modificado, más en el último tiempo, y amerita un aggiornamiento y una segmentación de los rubros".
La reducción
El achique de la actividad nocturna no es un proceso nuevo, sin embargo, la pandemia de Covid-19 pareciera haber dado su golpe de gracia a un movimiento que primero venía modificándose y que con el tiempo terminó reducido.
En la previa del coronavirus, para el inicio del 2018, las últimas mediciones mostraban que en la ciudad, en los últimos seis años, habían cerrado sus puertas 20 locales nocturnos, entre boliches y bares con amenización musical. Es más, durante esas fiestas de Navidad y Año Nuevo, apenas dos boliches habían abierto sus puertas y nadie hablaba de Covid por entonces.
Eso sí, en 2017 se mantuvo el florecimiento de las cervecerías y en ese momento se sumaron otras 20 a las 60 ya existentes en la ciudad.
Los números más actuales muestran que Rosario pasó de tener unos 50 boliches en los 90 a menos de una decena por estos días. Del mismo modo que los espacios culturales (con actividades tanto nocturnas de espectáculos y shows como diurnas de talleres y espacios de formación) también vienen sufriendo golpes continuos.
El relevamiento hecho por el Colectivo Rosarino de Espacios Culturales (Crec), que dejó en claro que también quiere ser parte del debate que se viene, mostró tras la pandemia que solo entre marzo y junio de 2021 una decena de espacios cerraron sus puertas. Y Ortiguela detalló que "de los 20 lugares habilitados para tocar en vivo apenas quedan tres", y el mismo impacto tuvieron incluso los hostels.
"Hoy en Rosario quedan 16 hostels de los 45 que supimos tener en 2010", dijo el presidente de la cámara, que está convencido que al menos en ese sector del alojamiento de la ciudad el impacto de la caída de la actividad nocturna "es directo".
Para graficarlo, contó que "habitualmente en la ciudad se da entre diciembre y febrero una temporada en la que llegan muchos jóvenes provenientes de Israel, un movimiento que llegaba a ocupar durante esos meses hasta siete albergues de la ciudad y que hoy apenas ocupa uno de los hostels".
"La noche no solo es una actividad económica en sí misma, sino que además tiene impacto en la actividad turística de la ciudad. Entre el público joven eso influye directamente, porque hoy tenemos una actividad absolutamente reducida y eso hace que la gente deje de elegir Rosario. Esa franja etaria lo primero que valora es la nocturnidad y después el resto de las actividades turísticas", aseguró.
Tomar la decisión y buscar impulso
Abiertos al debate, Ortiguela dejó en claro que Rosario "como la segunda ciudad del país, debe compararse con Capital Federal, Córdoba y La Plata, que también es una urbe con fuerte movimiento de estudiantes; y la verdad es que quedamos muy atrás de todas esas".
A su criterio, además del debate y las definiciones, lo que se necesita por delante "es voluntad política e incentivos", y abundó: "Más allá de la coyuntura económica difícil, la ciudad tampoco tiene políticas reales para que un espacio cultural aguante ese contexto, no hay programas para nuevos inversores ni créditos blandos. Hay mucho por hacer".
Santero, en tanto, dejó en claro la necesidad de que haya una definición de su posición por parte de la Intendencia.
"Es importante tener en claro cuál es la posición del municipio para poder trabajar en relación a eso. Porque si hay una decisión de que la ciudad esté cerrada a cierta hora, no tiene sentido avanzar porque la realidad es que cada vez hay menos espacios y menos posibilidades de atraer a los turistas que vienen a disfrutar de la noche de Rosario".
Sin ánimo de provocar "ninguna polémica", el gastronómico opinó que "esa es una decisión que debe tomarse como ciudad" y consideró que "a partir de esa decisión, podremos sentarnos a discutir una nueva ordenanza".