"La censura nos la poníamos nosotros mismos; el miedo". Luis Etcheverry entró a La Capital como cadete y de pantalones cortos; el primer uniforme que se puso fue el de ordenanza de este diario donde su padre ya trabajaba como gráfico y él mismo pasó los siguientes 40 años. Allí, la dictadura cívico militar que comenzó el 24 de marzo de 1976 lo encontró trabajando en la sección Espectáculos y aunque ya era militante del Partido Demócrata Progresista (PDP) e incluso entre 1973 y 1976 ocupó una banca en el Concejo Municipal hasta que la dictadura determinó su cierre, admite que en la redacción "mucho de lo que pasaba no lo queríamos escuchar".
Etcheverry llegó a ser columnista, editorialista y cuando decidió irse ocupaba el puesto de secretario general en la Redacción; sin embargo, ese camino lo comenzó con apenas 14 años, en enero de 1956. Antes había pasado por la cadetería y la administración; terminó el secundario de noche en el Superior de Comercio y recién cuando se decidió por el periodismo, tras el servicio militar, inició de cero su carrera en una redacción desierta de mujeres. Eran los tiempos en el que diario se hacía "todo en caliente" y de noche, algo de lo que él sabía bastante a través de su padre, un obrero de la gráfica con participación sindical, "de izquierda y antiperonista", lo recuerda.
Su militancia en la democracia progresista fue temprana y de hecho, fue el cierre de las instituciones democráticas lo que lo sacó de su banca en el Palacio Vasallo, un lugar que ocupaba desde 1973.
"En paralelo estaba en el diario, nunca me había ido de la Redacción", recuerda ahora a sus lúcidos 80.
En esos primeros tiempos en el diario, trabajó bajo las órdenes de Fernando Chao. No tiene registro de haber recibido directivas o censuras específicas, de cómo hacer o dejar de hacer, aunque aclara: "Es cierto que yo trabajaba en Espectáculos, hablo de esa sección aunque por otra parte existía en toda la redacción una fuerte autocensura y todos nos cuidábamos".
- ¿De qué se cuidaban?
-De no poner cosas raras. Ninguna cosa que pudiera llamar la atención y sobre eso había un consenso generalizado, pero no recuerdo que se haya hecho ningún control sobre la redacción o alguien viniera abiertamente a decir algo.
Por esos años, además del trabajar en La Capital, Etcheverry cambió el segundo trabajo que tenía en el diario vespertino Hoy y se fue como socio a una librería especializada en psicología, que mantuvo por años en la galería La Favorita.
"Siempre me gustaron los libros. Hasta el 76 vendíamos mucho, sobre todo textos políticos, los de Perón se vendían como agua, literatura, best-sellers y sobre todo psicología; nos iba muy bien -relata-. Después del golpe no se vendía nada, ni de Perón, menos de política, quebraron las carreras como psicología y en el 78 cerramos".
La violencia
Etcheverry no recuerda que ningún periodista ni trabajador de La Capital por aquellos años haya sido secuestrado en los operativos ilegales que realizaban los grupos de tareas que operaron durante el terrorismo de Estado; sin embargo, sí tiene el registro en los años previos a la dictadura del asesinato de un cadete que trabajaba para una de las sucursales.
"En la redacción no hubo desaparecidos y es cierto, pero sí pasó lo del chico de apellido Russo", dice en relación al caso de Mario Russo, un joven militante del ERP que trabajaba en tesorería y fue asesinado durante el asalto al Batallón de Arsenales de Fray Luis Beltrán.
"Era cadete en la sucursal de Fisherton del diario y a este muchacho lo mataron en ese asalto. Su papá, también era gráfico y trabajaba en el diario: un hombre muy serio a quien yo no trataba mucho, pero supimos que le entregaron el cuerpo. En el diario no sabíamos de su militancia, solo que de golpe y porrazo, apareció por todos lados que lo habían matado, recién después nos enteramos por el padre de lo que había pasado".
Ya en los años de dictadura, recuerda que la información de personas muertas que llegaba a la Redacción a través de los partes policiales se contaba de a decenas.
"Eso llegaba a través de los partes de la policía y así se publicaban, había muertos todos los días, a orillas de las rutas, en todos lados", dice sin dejar de lado una reflexión que le permiten los más de 40 años de distancia: "Mucho de lo que pasaba no queríamos escuchar, es cierto que al diario nunca llegaron ni escuché que hayan llegado los documentos de la agencia clandestina de Rodolfo Walsh y solo recuerdo una mujer, familiar de una víctima, que posteriormente fue asesinada por la patota de (Agustín) Feced en un procedimiento".
El gremio y la política
Así como el resto de la actividad pública, cultural, periodística y política, la actividad gremial sufrió también los embates de la dictadura y la violencia, y Etcheverry grafica a través de una anécdota ese escenario donde la posibilidad de la protesta estaba absolutamente vedada.
"Al frente del Sindicato de Prensa estaba «El Negro» Soto, ya en el 73 durante la paritaria de ese año habíamos hecho una acción muy eficaz que fue sin exponernos en la calle, ingresar todos los días al diario, meter las páginas en las máquinas de escribir, pero el diario no salía -cuenta-. Había conflicto, venían los inspectores del Ministerio de Trabajo, pero a los 10 días más o menos logramos que nos dieran el aumento de sueldo. Cuando llegó la paritaria del 76, hicimos lo mismo. Lo hicimos un día, pero al siguiente a Soto, a la comisión directiva y a todo el cuerpo de delegados los llamaron al Comando del Ejército y no sabemos en detalle qué les dijeron, pero les dejaron en claro que «por ahora muchachos no hay lugar para ese tipo de medidas» y nunca más las hubo".
Sobre el final de la charla, habla de su participación política y la decisión que ya sobre los 80 tomó la democracia progresista de apoyar la participación de Alberto Natale como intendente de la ciudad; una decisión que él acompañó en el debate interno señalándola como "la llave hacia la apertura democrática".
Aunque no esquiva ese debate, sí es ahí, más que en el periodismo, donde hace ahora su mea culpa: "Yo fui Director de Información Pública de Natale, en ese momento pensé y vi en esas decisión la salida a la democracia, pero debo decir que si hubiera sabido todo lo tremendo que después reveló la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), hubiera tomado otra posición".