Los cinco mejores lugares para comer un sándwich en la ciudad de Rosario
Hoy es el Día del Sándwich. Se recuerda el nacimiento de John Montagu, el conde de Sandwich que, a medidados de 1700, inventó el emparedado. Jugador de naipes empedernido, no quería dejar la mesa de juego ni para comer, entonces inventó el sándwich. LaCapital.com.ar recomienda donde se consiguen los mejores en la ciudad.
3 de noviembre 2011 · 13:16hs
Hoy es el Día del Sandwich. ¿Por qué? Se recuerda el nacimiento de John Montagu, conde de Sandwich, que era jugador empedernido de cartas que, para no tener que perder el tiempo poniendo la mesa, llevaba a sus históricas partidas de naipes la comida apretada entre dos rebanadas de pan. Así de simple, así de exquisito también. Creó una tradición que dio la vuelta al mundo. LaCapital.com.ar listó los mejores lugares para comer sándwiches en Rosario, por si hay alguien que quiera hoy salir a celebrar el cumpleaños del noble Montagu.
1- Monreal: un clásico de clásicos, en la esquina de Entre Ríos y San Lorenzo. Refugio de nostálgicos de los buenos viejos tiempos del rugby rosarino, cuando era amateur, aguerrido y pura camaradería. Los entendidos saben que los sándwiches que ahí se preparan tienen un condimento especial: el ambiente distendido del Tercer Tiempo, también, y acaso esto sea lo más importante, salsa tártara. Es el aderezo que se convirtió en su ADN. De su carta, que es irresistible y nutrida, se destaca El Conti, un sándwich de pan francés, lomo trozado y queso gratinado que es para chuparse los dedos. ¿Por qué Conti? Es el apellido del medio scrum rosarino que brilló en Plaza y llegó a Los Pumas.
2- Junior: un oasis en el microcentro rosarino, ahí donde todos andan a las corridas, de banco en banco, con la camisa transpirada y los pelos en llamas: Mitre entre Córdoba y Rioja. Ahí, apenas a tres escalones por debajo de la altura de la calle, el tiempo se detiene, la locura de la city rosarina también. Ambientado como sólo sabían hacerlo los arquitectos de los 70, madera, nerolite y fotos de los Beatles, en sus mesas blancas con baquetas extra bajas, se respira "swinging London". Su carta tiene varias perlitas: el Súper Reina -pan lactal, jamón y queso y huevo frito- es irresistible, pero El Padrino -huevo, pavita, morrones y lechuga- haría arrodillan al mismísimo Don Corleone.
3- El Special: es sólo para entendidos, para noctámbulos. Es el preferido de los taxistas que navegan las calles rosarinas después de hora y también de los trasnochados que, cuando vaciaron la última botella, salen desesperados en busca de alimento para el espíritu. Sus horarios son curiosos, inextricables, pero se puede asegurar que siempre está abierto cuando uno lo necesita. En el corazón de Barrio Martin, en Necochea entre 9 de Julio y Zeballos, el garaje de una casa de familia se convierte, cuando caen las sombras, en el mejor carrito de la ciudad. La especialidad, que otra podía haber sido, es el Lomito, que tiene dimensiones épicas, aún en estos tiempos de carnes por las nubes.
4- Quitapenas: muchos se han arrogado su autoría, aunque ninguno tiene elementos fehacientes para probarlo. el Menditeguy. Está claro que es un homenaje a Charlie Menditegy, una gloria de otros tiempos, scratch en golf, campeón de coches sport, handicap 10 en polo, tenista de alto ranking, un bomb vivant, un play boy que hubiera sido la envidia de Isidoro Cañones. Pan francés, queso gratinado, pavita y salsa tártara, una exquisitez, que siempre se destacó por ser pequeño pero delicioso. Hoy se lo encuentra en la carta de muchos locales, pero el que mejor lo hace es el bar al aire libre ubicado en el Parque de España, a medio camino entre el río y Wheelright, a la altura de Corrientes.
5- Le Parc: pocos conocen la cocina de lujo del pequeño bar ubicado en el extremo norte de la vieja estación de trenes del Parque de Urquiza a la que el tsunami cultural del socialismo convirtió en centro cultural cool. Regenteado por Marcelo Santana, el antiguo dueño de Muelle, el coqueto restaurant de la Fluvial, recrea el glamour de los cafés parisinos. Obviamente, su sándwich estrella es la baguette de jamón serrano y queso brie. Sólo por pedido la puede matizar con una hoja de rúcula, a regañadientes. Y no es para menos: los platos de Le Parc son de autor y para paladares finos. Una recomendación: regar la ingesta con un rico chopp helado que tiran en la barra.