El reloj marcaba las 21.30 y Diego Fontana y su esposa ya habían acostado a sus dos hijas. Conversaban mientras lavaban los platos que habían usado en la cena, cuando la mujer tuvo que ir a buscar algo al auto. Al salir, se encontró con una postal impactante: las llamas consumían con velocidad a Nenina, el tradicional bar de la zona de Costa Alta. El incendio de este miércoles por la noche provocó pérdidas totales en el local gastronómico, que funciona hace más de 25 años en ese punto emblemático de la ciudad, y daños parciales en las dos viviendas linderas.
"En un momento las llamas eran tan grandes que pensé que no se salvaba la casa", sentenció Diego en diálogo con La Capital. Las imágenes que se viralizaron son estremecedoras, el fuego superaba los seis metros de altura. Su casa fue la más afectada. Una rajadura atraviesa la pared de la parte este. También sufrieron daños las paredes del frente, la medianera, el techo de una de las cocheras y se registraron algunos más en la parte de atrás. "Por suerte zafamos", resume el vecino.
Según precisó, Defensa Civil le advirtió que no use esa parte de la casa hasta nuevo aviso, pero el resto de las instalaciones están en condiciones de ser habitadas. La habitación más afectada es un vestidor, así que no afecta tanto el funcionamiento de la dinámica de la familia, que este miércoles por la noche debió trasladarse a la casa del padre de Diego en busca de refugio.
Si bien la EPE realizó durante la mañana de este jueves tareas de reconexión para reestablecer la energía eléctrica, aún resta la habilitación de Litoral Gas y limpiar la casa. Olor a humo, hollín y charcos de agua y resabios del accionar de los bomberos son sólo algunas de las consecuencias del siniestro. "Estamos viendo cuándo podemos volver", concluyó el vecino.
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A más de doce horas del arranque del incendio, el panorama era desolador. El fuego se propagó rápidamente debido a las características de construcción del local, en el que abundaban la paja y la madera, y los bomberos apenas pudieron hacer su trabajo. Las pérdidas fueron totales. Paradójicamente, quedó en pie sólo el cartel que daba la bienvenida al tradicional bar de tragos.
Un grupo de vecinas rememoró en contacto con este diario que se trataba de "una confitería tradicional, con luz tenue" y a la que generalmente «venían de trampa»". Además, detallaron que los fines de semana siempre estaba colmado de autos y que el lugar se caracterizaba por ser un "gran bar de tragos".
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
En la esquina de Eudoro Carrasco y Galicia, Claudia observaba las ruinas del que fue su lugar de trabajo en los últimos 17 años. Contó a este diario que era una noche tranquila, como suelen ser todas después de un fin de semana largo. En el bar estaban ella y tres empleados más, una moza, alguien que atendía la barra y otra persona en la cocina. En el momento en el que el fuego se inició justo entraba una pareja, que rápidamente salió del lugar.
La mujer aseguró que las llamas vinieron de la cocina y que fue "todo muy rápido". Tenía mucho miedo, pero aun así logró reaccionar y cerrar las llaves de paso de la cabina de gas ubicada en la ochava. "Lo pude lograr, pero era tarde. En cinco minutos no quedó nada. Parecía una eternidad y a la vez fue rapidísimo", recordó conmocionada. Se fue a las 2.30 de la madrugada del lugar y temprano ya estaba de nuevo, de pie frente a los restos de chapas, máquinas y cenizas.
Por lo pronto, sostuvo que están esperando los resultados de las pericias y no dudó en afirmar que "van a volver a construir todo". "Ya nos recuperamos de la pandemia, ahora de nuevo a tirar todo y volver a empezar", explicó.
Además de los damnificados, y personal de Bomberos Zapadores, de la policía y la EPE que trabajan en la conexión eléctrica, eran muchos los vecinos que se acercaban no sólo para ver con sus propios ojos lo que quedó del bar, sino también para preguntar por el estado de salud de quienes viven en las casas linderas. Incluso, un recolector informal llegó hasta el lugar para ver si podía rescatar algo.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Los padres de Oscar también debieron abandonar su hogar por las llamas. Recibió un llamado que lo alertaba del fuego que avanzaba sobre Nenina y de manera inmediata partió allí junto a su hijo. Cuando llegaron, el matrimonio, ambos de 90 años, se encontraba en la vereda. La mujer tenía la presión alta "por la emoción y el susto" y debió ser atendida por un médico.
"Entramos a la casa para ver si podíamos hacer algo, pero no la afectó prácticamente en nada. Sólo el aire acondicionado y en la parte de atrás se cayó el revoque", precisó. Subrayó el accionar de los bomberos, la policía y sobre todo la solidaridad entre los vecinos de zona norte.
Una empleada limpiaba los restos de hollín que quedaban en el balcón, mientras abría todas las ventanas de la vivienda. "Podría haber sido un desastre, gracias a Dios no pasó nada", analizó Oscar y cuestionó la habilitación del bar. "Cómo habilitan un negocio con techo de paja, madera, poliéster. Mirá lo que es todo esto", se preguntó.
Además, señaló que el dueño del lugar se hizo presente apenas un rato y no les preguntó si necesitaban algo. "Tampoco nos pidió disculpas, ni un mínimo de decencia", criticó. Diego, el otro vecino afectado, confirmó también que aún no había sido contactado por nadie.
Los motivos que originaron el incendio se desconocían. Recién en unos días se conocerán los resultados de las pericias, aunque todo parece indicar que el fuego comenzó en la cocina. Los Bomberos Zapadores realizaban una evaluación técnica de la zona, le consultaban a los empleados del lugar por la disposición del local gastronómico e ingresaban en las casas afectadas, entre otras cosas. Los vecinos perjudicados, mientras tanto, contaban las horas para volver a la normalidad.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital