La balacera del martes fue el punto máximo de la violencia de Damián Rodrigo C. (35) contra Romina y las hijas de ambos, de 9 y 16 años.
El departamento donde viven las tres mujeres está en la planta baja del Fonavi de Lorenzini al 4600, cerca del cruce de Uriburu y Abanderado Grandoli. Para llegar a la vivienda hay que entrar por un pasillo hasta un patio. La puerta es de chapa y comunica con el comedor.
El martes, Romina había cocinado hamburguesas con ensalada. Eran las 22.30 y la mesa estaba puesta. Soraya (16) la encabezaba, de espaldas a la puerta; su hermana de 9 años estaba sentada a su derecha y Romina parada cerca del otro cabezal. "Sentí un ruido y miré para arriba porque creí que era el ventilador", contó la mujer, que enseguida comprendió: desde afuera alguien había abierto fuego. Fue una ráfaga de disparos que atravesó la puerta y la ventana y fueron a dar contra paredes y muebles. Según las víctimas, los tiradores se identificaron con el apellido del ex marido de Romina. En la puerta quedaron doce orificios de bala que, se presume, son de calibre 9 milímetros.
"Nos empujamos entre todas y nos tiramos al piso", detalló Romina. Cuerpo a tierra, avanzaron hacia el sector de la casa que no se comunica con el exterior y desde allí pidieron ayuda. Más tarde, y afuera de la vivienda, encontraron una nota: "Romina: te doy dos días para que te vayas con todas tu cosas. Usted sabe lo que hizo. Quiero el departamento vacío. Si llama a la policía le vamos a matar a su hija. Sabe...".
Historia violenta
Damián C. y Romina se casaron en 2000. Hacía menos de un año que estaban de novios, ella quedó embarazada y sintió que no tenía opción. Ahí comenzó todo. Según contó Romina y reafirmó su hija mayor, la violencia era tanto física como psicológica: no quería que saliera de la casa o viera a su familia, no quería que nada estuviera fuera de su lugar, ni que nada lo perturbara dentro de la casa. Si eso ocurría, venían insultos y golpes. Las escenas que describen son muchas y las víctimas, las tres mujeres y el tercer hijo que tienen en común, que vive con su papá y a quien también definen como violento.
En octubre de 2016 Romina quiso ponerle un final a la situación y decidió denunciar a su marido por violencia familiar, iniciar los trámites de divorcio y solicitar la exclusión del hogar. Por tres meses se quedó en su casa con sus hijos, hasta que por la violencia que sufría decidió irse unos días a la casa de sus padres. "El se metía en mi casa y me pegaba, me robaba y me violaba. Yo cambié las cerraduras pero saltaba el tapial y entraba por el patio. Lo hacía adelante de mis hijos", contó. Nunca pudo volver. Sus hijos mayores quedaron con el padre y ella se llevó a la menor. En septiembre de 2017 alquiló un departamento.
"Durante todo ese tiempo él ni siquiera le daba de comer a nuestros hijos", dijo Romina. Ese fue uno de los motivos por el que Soraya decidió irse con su mamá en noviembre. "Yo llegaba y había drogas, mujeres. Y encima me pegaba. Ni siquiera me dio mi documento para que pudiera rendir las materias que debía, y ahora ya perdí el año", dijo.
El 5 de enero la jueza Silvina García, del Tribunal de Familia Nº 3, hizo lugar a una medida autosatisfactiva a través de la cual excluyó de la casa de Lorenzini al 4600 a Damián Rodrigo C. y ordenó una restricción de acercamiento. El domingo pasado, Romina y sus hijas fueron hasta la casa con la Policía y, pese a la resistencia de Damián, consiguieron reingresar. La noche que fueron baleadas era la tercera que iban a pasar en la casa.
Tras el ataque, Damián C. fue detenido en pasaje Suárez al 5600 y hoy será sometido a una audiencia imputativa. La fiscal Mariángeles Lagar, a cargo de la investigación, ordenó a la policía realizar rondas de vigilancia "a los efectos de resguardar la integridad física y la salud" de Romina y sus hijas. Para las mujeres esto no es suficiente. "Tengo mucho miedo de que nos maten", dijo ayer muy angustiada la mujer.























