Caídas en las ventas que rondan un 30% producto de la merma en el consumo de la población, alquileres desregulados que a veces generan la sensación de querer plantar bandera de rendición, más la suba de impuestos, generan que los almaceneros y kiosqueros de Rosario resistan en medio de una Argentina donde la crisis económica jaquea a todos los sectores productivos. En ese marco referentes locales de esos rubros dan pelea en una situación a la que definen entre "crítica" y "terminal".
A diario, la sociedad argentina recibe golpes bajos. Los "sinceramientos" de precios y tarifas no hacen más que hacerles perder peso a los cada vez más flacos bolsillos de los argentinos y la crisis se acentúa no solo desde lo económico, sino desde lo anímico, en la falta de esperanza.
En ese contexto, los almaceneros se ubican como analistas de una dura realidad y hasta realizan, como cualquier buen profesional médico, un diagnóstico de la situación de sus rubros.
"A la hora de traducir la caída de la ventas de unidades físicas desde enero a hoy, si antes vendíamos 100 latas de tomate hoy vendemos 70", comienza su diálogo con La Capital Juan Milito, máximo referente del Centro Unión de Almaceneros de Rosario.
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"Y a fin de mes la situación se agrava más, porque si bien hay una desaceleración de la inflación, eso no quiere decir que las cosas bajan, sino que aumentan menos", graficó el comerciante.
Milito asegura que la situación que atraviesa el país "provoca que los gastos fijos de los comercios sigan aumentando y las ventas no crezcan en absoluto. Eso motiva que los comerciantes vivamos en un alerta rojo", para luego agregar que a esos agravantes se deben sumar "el fuerte aumento de las tarifas de energía o la renegociación de alquileres".
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Consultado sobre si los rosarinos apostaban más por los negocios de cercanía que a las grandes cadenas de supermercados, el referente de los almaceneros explicó que "se va mucho más al negocio de cercanía porque la gente no puede planificar compras semanales ni mensuales en el supermercado. Es el día a día de la gente para saber qué va a comer".
En ese sentido, explicó que "esa es una ventaja circunstancial que tenemos respecto a las grandes superficies pero que tiene un recorrido corto. ¿Por qué? Porque ante la estanflación que sufrimos lo principal es que la gente no tiene dinero para consumir y hay mucha gente que se quedó sin trabajo o está por perderlo".
Respecto al consumo destacó que "la gente busca segundas marcas, aunque aumentó todo. El refugio siguen siendo los alimentos como las harinas, en comparación a los lácteos o fiambres, por citar un ejemplo".
"También es notorio ver cómo la gente deja de consumir gaseosas para pasar a los jugos (de sachet) hasta que termine tomando solo agua", agregó el almacenero de Zeballos y Alvear.
Acera de cuál era su diagnóstico de la situación del rubro, fue contundente: "Creo que estamos en una terapia intensiva que va camino a ser estado crítico porque esto se va a seguir profundizándose".
El panorama de los kiosqueros
Gustavo Sulenta es un referente dentro de los kiosqueros de Rosario. Desde su local en barrio Pichincha da su versión de cómo atraviesa la crisis económica el sector a La Capital planteando que "se sostiene una caída de las ventas a la par de la pérdida del poder adquisitivo de la gente".
En ese sentido explicó que en Rosario hay muchos kioscos "que están cerrando o se están mudando a otros locales porque los precios de los alquileres se desregularon y piden cualquier cosa. Es irreal porque a medida que la inflación avanza el consumo se deprime".
"Entiendo que el dueño del local tiene el derecho de pedir un incremento del alquiler pero también tiene que tener los pies sobre la tierra", se quejó Sulenta.
Como ejemplo de la crisis, Sulenta graficó que "hoy vender un caramelo es imposible. Un masticable de primera marca vale $50 y los alfajores tipo gama están a un promedio de $1250".
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Otro agravante para la situación de los kioscos rosarinos es el avance de las cadenas: "Las cadenas de kioscos actúan al igual que en su momento lo hacían los supermercados chinos. Cuando coparon el mercado empezaron a cobrar lo que quisieron".
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Para graficar cómo golpea la crisis al sector se autoreferenció al señalar que "pagué la anterior boleta de la luz en dos cuotas de $87 mil y ahora me llegaron dos de $190 mil cada una. Somos electrodependientes, tenemos cinco o seis heladera, aire acondicionado, iluminación. Nos afecta muchísimo".
Al pedirle un diagnóstico de la situación no anduvo con vueltas: "Estamos en una situación terminal. Los alquileres, la suba de precios, es casi imposible tener empleados registrados. Porque a eso hay que agregarle la inseguridad. Hay colegas que cierran por amenazas, por los mecheros y mecheras y los robos a mano armada. La circulación de gente está muy restringida, la gente tiene miedo de que le peguen un tiro".