El obispo brasileño Luiz Flavio Cappio cumplió dos semanas en huelga de hambre en protesta contra el proyecto del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva de desviar el río Sao Francisco para irrigar regiones áridas del noreste del país.

El obispo brasileño Luiz Flavio Cappio cumplió dos semanas en huelga de hambre en protesta contra el proyecto del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva de desviar el río Sao Francisco para irrigar regiones áridas del noreste del país.
El movimiento iniciado por el prelado preocupa al gobierno, que busca la intervención de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) para disuadir a Cappio.
Unas seis mil personas marcharon ayer en apoyo al obispo de Sobradinho, estado de Bahía, donde se hacen las obras sobre las aguas del principal río del noreste brasileño.
Cappio aseguró que mantendrá su huelga de hambre hasta que el gobierno interrumpa la obra, realizada por efectivos militares: "Cuando ustedes vean a las tropas saliendo de allá, yo me iré de aquí. Si no salen, seguiré".
En 2005 el religioso realizó una huelga de hambre por el mismo motivo, y se mantuvo durante 11 días hasta que Lula asumió el compromiso de revisar el proyecto.
Cappio afirma que al desviar el curso del Sao Francisco se arruinará a las poblaciones pobres de Bahía "que tienen al río como medio de vida" y ya sufren por el deterioro de la calidad de sus aguas.
El obispo recibió el apoyo del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), de la Vía Campesina y también de sectores políticos conservadores, como el ex gobernador del estado de Sergipe, Joao Alves Filho.
"El presidente Lula y sus asesores intentan transmitir la imagen de que Cappio es un fanático religioso. El ministro de Integración, Geddel Vieira Lima, en forma irrespetuosa intenta asociar la imagen del prelado a una especie de fundamentalista islámico", afirmó recientemente Alves Filho.
Desastre ecológico. Según el ex gobernador, con su huelga de hambre el obispo intenta llamar la atención para la degradación del río Sao Francisco: "La trasposición amenaza con provocar su muerte y generar un gran desastre ecológico y socioeconómico de la historia brasileña".
En el diario Folha de San Pablo, Alves dijo que "la trasposición no salvará a los nordestinos de la sequía, beneficiará al agronegocio, que usará un agua carísima, llevada a 700 kilómetros de distancia
"Tenemos millones de hectáreas en las márgenes del río cuya irrigación, sin subsidios, propiciaría alimentos baratos y generaría un millón de empleos", agregó. (DPA)


