A partir de una experiencia límite, Sueiro se convirtió en uno de los escritores más leídos en la Argentina. Tras el paro cardíaco que lo tuvo clínicamente muerto por 40 segundos publicó “Más allá de la vida”, libro con ventas masivas en Latinoamérica.
El tema del pasaje de la vida a la muerte, la sensación de una luminosidad que envolvía todo y que lo adentraba en otra percepción fue el imperativo que lo impulsó a profundizar su fe en Dios y a hacer frente a los 15 cateterismos y 11 angioplastías con estoicismo y la convicción de la existencia de un más allá.
“En serio, suena loco pero es así: un sueñito suavecito y después... ¡tac! Un túnel con una luz hermosa al final, y la línea mortal. Me gustaría que la gente le perdiera el miedo a la muerte. Ahí no hace frío ni calor, no hay temores ni sensaciones malas. Nos esperan cosas buenas”, dijo recordando ese momento.
Autor de textos que recogieron sus visiones sobrenaturales, Sueiro no abandonó por esto su impronta vital convertido el mismo en un personaje de los años 90.
Fue elegido como uno de los protagonistas del año para la clásica tapa de la revista Gente —donde conformó parte del primer staff— en 1993, 1994, 1995, 1996, 2000 y 2003, y como uno de personaje del siglo en 1999.
En 2003 recibió una distinción fuera de lo común: el premio Juntos Educar, que otorga el Arzobispado de Buenos Aires a una docena de personas por año, desde el 2000. Ese honor es conferido a quienes, con su trabajo, colaboran con la educación y la cultura, esencialmente si lo hacen desde un óptica en la que se remarca y resalta la esperanza y el amor al prójimo.
Durante el transcurso de este año, su corazón volvió a jugarle una mala pasada y el 14 de agosto en el programa de Mirtha Legrand, 20 días después de una operación, dijo sobre su estado de salud: “Esta vez me golpeó muy duro; pero yo, si tengo que pelear por mi vida, peleo muy duro”.
Tiempo después fue operado dos veces más, hasta que al fin su corazón dijo basta.
Un día, un periodista le preguntó si en verdad no le tenía nada de miedo a la muerte y sin titubear le contestó: “Morir es como un viaje en tren: lloran los que quedan despidiéndose en el andén, pero el que viaja está muy contento”.

































