La agencia espacial de Estados Unidos (Nasa) lanzó anteayer dos misiones a la Luna que prepararán el regreso del hombre a la superficie del satélite. Se trata de un orbitador de reconocimiento lunar y un satélite de detección y observación de cráteres lunares.
Se espera que los datos que reúna el orbitador sirvan para ayudar a los expertos de la Nasa a seleccionar los mejores sitios para alunizaje y exploración en futuras misiones de astronautas en el satélite.
Y la misión de observación de cráteres, además, disparará un cohete contra la superficie lunar para buscar evidencia de agua en la columna de escombros causada por la explosión.
El orbitador pasará al menos un año en la órbita polar baja de la luna, a una altitud de cerca de 50 kilómetros sobre la superficie del satélite terrestre.
Durante este tiempo sus siete instrumentos buscarán lugares seguros para alunizar, localizarán recursos potenciales y recolectarán información sobre la radiación del medio ambiente.
El orbitador hará un mapa detallado de la topografía lunar para buscar sitios de alunizaje.
Uno de los instrumentos del orbitador, el altímetro láser, que producirá un modelo topográfico global preciso de la Luna.
Además de mapear la superficie en detalle, la misión brindará también información valiosa sobre la composición mineral del planeta, sus temperaturas globales y sus condiciones de luz, y también intentará caracterizar el ambiente de radiación lunar para poder analizar el riesgo que podrían tener los astronautas en futuras misiones.
La segunda misión, el satélite de detección y observación de cráteres lunares, intentará responder si existe agua en la luna, ya sea en forma de hielo o materiales hidratados.
El satélite de detección consiste de dos elementos: una nave guía y un cohete Centauro de fase superior.
Después de que la nave guía lo lleve hacia una región permanentemente sombreada en el polo sur de la Luna, el cohete Centauro se separará y chocará contra el satélite a más de 9.000 kilómetros por hora.
El cohete de 2.200 kilos provocará una enorme columna de escombros lunares que podría elevarse hasta 50 kilómetros.
Cuatro minutos después del impacto, la nave guía seguirá una ruta muy similar a la del cohete descendiendo por la columna de escombros y utilizará sus instrumentos para analizar el material y buscar agua congelada o vapor, hidrocarbonos y materiales hidratados.
La Nasa espera volver a enviar astronautas a la luna para el año 2020, en lo que sería la primera visita del hombre al satélite desde 1972. l































