Buenos Aires- El debate público realizado en el año 2000 sobre la existencia de Dios entre el entonces cardenal Joseph Ratzinger y actual Papa Benedicto XVI, y Paolo Flores d`Arcais, filósofo y director de la revista MicroMega, tuvo tal repercusión en ese momento que el diálogo mantenido por los dos ha sido volcado en un libro de reciente aparición.
El libro, publicado por Espasa, incluye el diálogo y dos textos de cada participante: Ratzinger (Babiera, 1927), que era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aborda la crisis del cristianismo y Flores d`Arcais (Udine, 1944) rebate su tesis y sostiene que el hoy Benedicto XVI rechaza el diálogo y marca las contradicciones de la iglesia como institución.
Ambos pensadores centran el debate en el conflicto entre fe y razón, los valores comunes entre cristianos y ateos, el aborto, el papado de Juan Pablo II, la caída del comunismo, los derechos humanos, la naturaleza, la solidaridad o la autocrítica de la Iglesia.
La exposición de Ratzinger, titulada “La pretensión de la verdad puesta en duda”, aborda la crisis del cristianismo en los comienzos del tercer milenio.
En un aspecto, dice el actual Papa, “se plantea cada vez más la cuestión de si realmente es oportuno aplicar el concepto de verdad a la religión; en otras palabras, si les está dado a los hombres conocer la auténtica verdad sobre Dios y las cuestiones divinas”.
Y en otro, agrega, “todo este escepticismo general frente a la pretensión de la verdad en materia de religión se ve respaldado, además, por las cuestiones que la ciencia moderna ha planteado sobre los orígenes y los contenidos del cristianismo”.
En “Ateísmo y verdad”, Flores opina que las argumentaciones existentes contra el escepticismo y el ateismo -“una vez venidas a menos las empírico-racionales de las 'vías' tradicionales- se basan en la intimidación: o Dios o la nada. O la fe o el nihilismo. O la eternidad más allá de la vida terrenal, ese 'sentido' que derrota a la muerte, o la radical falta de sentido”.
Para el filósofo, los valores del Evangelio son “el verdadero terreno para un compromiso común -de creyentes y no creyentes- en la seriedad de la existencia. Esa actuación conjunta, añade, en pro de la dignidad para todos y la justicia, implica para el cristiano de hoy ”el desgarro entre fe e Iglesia, entre obediencia al Evangelio y obediencia a la jerarquía“.
Durante el debate, Ratzinger apuntó que los creyentes tienen algo que decir a los demás: “estamos convencidos de que el hombre tiene necesidad de conocer a Dios. En Jesús ha aparecido la verdad, que debe ser conocida. En esta época de crisis es necesario que no vivamos sólo hacia el interior”.
Para Flores d”Arcais “en un debate de este tipo hay una gran asimetría. El creyente está interesado en convertir. El ateo no tiene esta necesidad”.
A su juicio “ser ateo significa mantener que todo se juega aquí, en esta existencia finita e incierta. Sobre esta base se establecen las alianzas, las solidaridades, los conflictos, los choques”.
“Si la fe de un cristiano es la de las primeras generaciones de cristianos -argumentó Flores d`Arcais-, no hay ningún conflicto con el no creyente. Pero si la fe pretende ser el resumen y el cumplimiento de la razón, lo que es más característico del hombre, se comprende que tenga la tentación de imponerse. ¿Por qué no renunciáis los creyentes a la demostración de la verdad, por qué pretendéis la racionalidad?”.
Una postura que fue rebatida por Ratzinger: “los creyentes de las primeras generaciones no creían en la absurdidad de la fe. Pablo predica una fe que es, por una parte, escándalo pero estaba convencido de que no anunciaba nada absurdo, sino un mensaje que podía apelar a la razón, una religión que no es inventada sino que está en consonancia con nuestra razón. Estoy de acuerdo con Flores d”Arcais en que esto no se debe imponer”.
¿Se puede vivir sin Fe? Depende de lo que se entiende por fe, respondió Flores d`Arcais: “si se entiende como profunda pasión existencial por ciertos valores que hagan de la vida algo sensato, no. Pero si se entiende como creencia religiosa, sí se puede vivir sin fe”, confesó.
Y agregó: “La fe es algo más pero también algo menos. La lucidez de lo finito permite vivir con una pasión y una conciencia crecida las vivencias de nuestra vida”.
A su vez, Ratzinger indicó que entre creyentes y no creyentes hay un terreno común. “Puede haber coincidencias sobre valores que hacen digna la vida: combatir la intolerancia, los fanatismos, el compromiso por la dignidad del hombre, la libertad, la ayuda a los necesitados”.
“Es un terreno en el que, a pesar de la división, tenemos una responsabilidad común -prosiguió el actual Papa-. El amor contra el odio, la verdad contra la mentira, es innato en el hombre. La conciencia y el compromiso por la dignidad humana es una presencia escondida de una fe más profunda, aunque no esté definida en términos teológicos. Es una raíz común del bien contra el mal”.
Flores d`Arcais mencionó al evangelio y sus valores como el terreno común entre un creyente y un ateo y nombró primero la frase de Jesús: “'que tu decir sea sí, sí, o no, no', es la idea de que toda diplomacia exagerada es obra del demonio. El segundo es que el pecado de los pecados es el privilegio, la diferencia en las riquezas. Estos valores a veces son más sentidos por muchos que no son creyentes que por la mayoría de los cristianos”. (Télam)