El Papa Benedicto XVI dijo ayer al clausurar la Jornada Mundial de la Juventud en Australia que un "desierto espiritual" se estaba extendiendo a través del mundo, y animó a los jóvenes a despojarse de la avaricia y cinismo de su tiempo para crear una nueva era de esperanza para la humanidad.
La súplica de Benedicto XVI cerró una visita a Australia que tocó los temas que han definido sus tres años de papado, incluida la batalla para rejuvenecer una Iglesia en crisis, el acercamiento a otras religiones y crear conciencia sobre el calentamiento global.
Hablando durante una misa que concelebró en el hipódromo de Randwick, en Sidney, ante aproximadamente 400.000 peregrinos católicos romanos y una audiencia televisiva de varios millones, Benedicto XVI urgió a los jóvenes cristianos que sean agentes el cambio porque "el mundo necesita renovación".
"En tantas sociedades nuestras, a la par de la prosperidad material, se está extendiendo un desierto espiritual: un vacío interior, un temor sin nombre, una callada sensación de desesperanza", dijo durante la misa que concelebró con 400 cardenales, obispos y párrocos.
El Papa de 81 años dijo que correspondía a una nueva generación de cristianos construir un mundo "en el cual el regalo de vida de Dios sea bien recibido, respetado y muy apreciado; no rechazado, temido como una amenaza y destruido", agregó.
Ellos deben abrazar el poder de Dios "para dejarlo romper la maldición de nuestra indiferencia, nuestro abatimiento espiritual, nuestra ciega conformidad ante el espíritu de esta era", señaló.
La aspiración es "una era nueva en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, apatía y ensimismamiento que insensibiliza nuestras almas y envenena nuestras relaciones", agregó.
La misa de ayer clausuró el festival de seis días de la Iglesia por el Día Mundial de la Juventud en Sydney, el cual ha atraído multitudes masivas de peregrinos a la ciudad más grande de Australia y ha sido mirado en televisión por una audiencia mundial calculada en cientos de millones.
En Madrid, la próxima. Benedicto XVI anunció que Madrid, España, será anfitriona del Día Mundial de la Juventud en el 2011, y dijo a los peregrinos: "Espero con ansia verlos nuevamente dentro de tres años".
En los días previos a la Jornada Mundial de la Juventud, los habitantes de Sydney se quejaban de los problemas de tráfico o los costos que acarrearía para los contribuyentes, hasta que llegaron el Papa y las masas de jóvenes fieles, cuando todo cambió.
Cuando se intentaba captar la frustración de los conductores atrapados en embotellamientos, era común escuchar: "¡No importa, da gusto ver a tantos jóvenes sonrientes!", o bien "¿Qué más da media hora de atasco? Esto merece la pena".
En un país donde la Iglesia desempeña un pequeño papel en la vida pública y donde sólo viven cinco millones de católicos, de los que como mucho uno de cada seis va regularmente a misa, esta fiesta gigante fue una revelación.
"Los creyentes nos han electrizado", dijo ayer el diario Sun Herald. "Sydney ha descubierto una nueva especie de estrella del rock: un hombre mayor vestido de blanco", señaló el Sunday Telegraph.
Estas jornadas han sido llamadas la versión de Woodstock de la Iglesia Católica. En cinco días se realizaron más de 165 conciertos de música religiosa que va desde el heavy metal al acid jazz y al rap, junto con confesiones masivas y encuentros de oración. (AP, Reuters y DPA)