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El día en que el Chapo Guzmán no pudo contener las lágrimas

Un video lo muestra el 19 de enero de 2017 recién arribado a Estados Unidos, deportado desde México.

Miércoles 13 de Febrero de 2019

En el juicio de Joaquín Guzmán Loera no hubo filmaciones ni fotografías. Pero dicen los presentes que el Chapo escuchó la sentencia "culpable" con la mirada perdida y un gesto entre seriedad e indifierencia. Pero no ocurrio lo mismo el 19 de enero de 2017.
Ese día, el Chapo Guzmán llegó extraditado de México a Nueva York. En ese aeropuertoe stadounidense, el narcotraficante todopoderoso, el atemorizante líder del Cartel de Sinaloa, el hombre que escapó dos veces de diferentes cárceles de alta seguridad, supo que era el principio del fin. Y no pudo evitar las lágrimas.
Así lo revela un video difundido por el sitio WPIX-11, donde se ve a Guzmán Loera cuando arriba a Nueva York bajo la custodia de agentes federales, con los ojos húmedos por el llanto.
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Condenado a una casi segura cadena perpetua, ahora muchos se preguntan adónde será alojado este traficante todopoderoso habituado a hacer fugas dignas de Houdini. Los expertos tienen pocas dudas del lugar donde el Chapo cumplirá condena: la ADX "Supermax" de Florence, Colorado, la "cárcel de todas las cárceles", que alberga a algunos de los delincuentes más conocidos del país. Es una instalación tan segura y aislada que le dicen "la Alcatraz de las Montañas Rocosas".
El Chapo", condenado el martes por encabezar una de las mayores redes de tráfico de drogas del mundo, "encaja perfectamente en ese penal", afirmó Cameron Lindsay, quien dirigió tres prisiones, hoy jubilado. "Me sorprendería mucho que no fuese enviado a la ADX".
Se encuentra en una vieja ciudad minera unas dos horas al sur de Denver y aloja a los criminales más violentos del país. Unos 400 reos se pasan 23 horas en solitario todos los días, en celdas de 2,1 metros por 3,7, con muebles de cemento inamovibles.

Ted Kaczynski, conocido como Unabomber, y el conspirador del 11-S Zacarias Moussaoui son algunos de sus reos. Guzmán, cuya sentencia se conocerá en junio, sobresaldría entre todos ellos por la magnitud de sus delitos y por sus fugas del pasado, que han adquirido contornos casi míticos.
En el 2015 se fugó de la cárcel de máxima seguridad del Altiplano en el centro de México. Se comunicó con sus cómplices por semanas a través de un teléfono celular y se fue por un hueco debajo de la bañadera, se subió a una moto que lo esperaba y recorrió un túnel de un kilómetro y medio hasta la libertad.
Se especula que pagó a muchos guardias para que hiciesen la vista gorda, lo mismo que habría hecho en una fuga del 2001 en la que fue sacado del penal escondido entre ropa sucia.
"Seguro que hubo colaboración desde adentro", afirmó Mike Vigil, exagente de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) que trabajó en forma encubierta en México. "No hay duda de que la corrupción facilitó esas dos fugas espectaculares", sentenció.
¿Puede el Chapo fugarse de la Supermax? Difícilmente.
Los reos en la Supermax se pasan años aislados y a menudo están días enteros "casi sin hablar con nadie", señaló un informe de Amnistía Internacional. Un expreso, entrevistado por The Boston Globe, describió el sitio como "una versión del infierno de alta tecnología, pensada para anular toda percepción sensorial".
La mayoría de los detenidos en la Supermax tienen un televisor. Su único contacto con el mundo exterior es una ventanita de 10 centímetros. El diseño de las ventanas impide que se den una idea de en qué parte del penal se encuentran. El contacto con otras personas es mínimo. Reciben la comida en sus celdas, donde comen a escasa distancia del inodoro.
La cárcel está protegida por alambradas con cuchillas y torres de vigilancia, patrullas armadas y perros.
"Si hay un penal a prueba de fugas, es el de Florence", manifestó Burl Cain, director por mucho tiempo de una prisión de máxima seguridad en Angola, Luisiana. "Es la cárcel de todas las cárceles".
La estadía de Guzmán en Nueva York a la espera de su juicio, que duró tres meses, estuvo rodeada de grandes medidas de seguridad, que reflejaron el riesgo que representa. Fue alojado en solitario en un pabellón de alta seguridad del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, que ha albergado a terroristas y mafiosos.
Las autoridades cerraban el paso al Puente de Brooklyn cada vez que trasladaban al Chapo" al tribunal donde fue juzgado. En la operación participaban unidades especiales Swat, ambulancias y helicópteros. Los alrededores del tribunal eran patrullados por agentes armados y perros que detectan explosivos. A Guzmán se le prohibió incluso abrazar a su esposa.
En la Supermax, eso no sería un problema ya que todas las visitas son sin contacto físico y hay siempre un grueso panel de plexiglass entre el reo y el visitante. "Con excepción de los guardias, pueden pasar años sin que los presos tengan contacto con otro ser humano", indicó el informe de Amnistía Internacional.

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