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Cómo es el Síndrome de Otelo, la enfermedad que provoca celos extremos

Se trata de un delirio por el cual la persona que lo sufre está firmemente convencida de que su pareja le es infiel. Afecta más a los hombres que a las mujeres.

Miércoles 12 de Noviembre de 2014

La noticia que indicaba que en Gran Bretaña había contraido matrimonio la mujer más celosa del Reino Unido circuló ayer por todos los medios de comunicación del mundo entero. La mujer -quien solía someter a su pareja a un detector de mentiras cuando arriba al hogar- padece  el denominado síndrome de Otelo, un trastorno provocado por celos desmesurados.

El nombre está estrechamente relacionado con el personaje de la célebre obra del escritor inglés William Shakespeare, quien mata a Desdémona poseído por unos celos enfermizos.

"La persona está obsesionada con la idea de la infidelidad y muestra una serie de conductas que se manifiestan tratando de buscar pruebas que lo demuestren, por ejemplo, entrando en su computadora o mirando el teléfono celular de su pareja. También puede mostrarse violenta o humillar al otro", indicó a BBC Mundo el psiquiatra y sexólogo argentino Walter Ghedin.

El profesional detalló que en casos extremos, la persona que padece del trastorno puede llegar a matar al objeto de sus celos.

"Cuando se llega al extremo del homicidio es que existe otro tipo de personalidad patológica de base como la paranoia o un delirio celotípico. Cuando hay un delirio es una idea irreversible con una serie de respuestas a esas ideas que son realmente graves", dijo el experto.

"Muchas veces los celos son alimentados por la influencia", señala Ghedin, "en la obra de Shakespeare Otelo fue influenciado por Yago que le metía ideas de la infidelidad de su esposa. Los sujetos celotípicos pueden ser son influenciables por las opiniones de otras personas o medios de comunicación".

La manera de tratar el síndrome de Otelo es buscar las causas que lo provocan. La psicoterapia es fundamental y en los casos extremos se recomienda medicación.

Sin embargo, Ghedin explica que los celos no son necesariamente patológicos. Según el profesional, forman parte del capital de emociones que toda persona tiene. Se consideran síntomas de un trastorno psiquiátrico solo cuando dominan al sujeto e interfieren notoriamente en su vida de relación y en el resto de sus ocupaciones.

Los celos podrían clasificarse como:

1)  Reacción emocional normal: es transitoria, no condiciona la vida de la persona ni de los demás.

2) Reacción emocional desmedida: afecta sobre todo las relaciones amorosas. Es más frecuente en mujeres con diferentes grados de dependencia. Pueden o no haber existido situaciones previas de infidelidad (ya sea personales, familiares o de amistades cercanas). Son controladoras y pretenden que el otro les despeje infinidad de dudas que nunca llegan a ser aclaradas.

3) Celos como rasgo distintivo de la personalidad: son personalidades desconfiadas, suspicaces, que condicionan la vida del sujeto y del entorno. Afectan todas las áreas: relaciones familiares, amorosas y trabajo, entre otras. Son fríos, calculadores, encuentran amenazas donde no existen y están convencidos que lo que piensan es una "verdad" indiscutible. Se denomina Trastorno Paranoide de la Personalidad.

4) Síndrome de Otelo: es un trastorno delirante con ideas de celos, también denominado celotipia. Son ideas que atrapan el pensamiento y convencen al sujeto de que el otro le es infiel. El delirante celotípico construye su delirio con datos irracionales y pierde el tiempo tratando de hallar comprobaciones para confirmar sus sospechas. Los delirios de celos pueden formar parte del trastorno delirante crónico o paranoia, pero también lo observamos en los comienzos de cuadros demenciales por deterioro involutivo de la corteza cerebral y en el alcoholismo crónico.

El síndrome de Otelo afecta a mujeres y a hombres pero más a estos últimos. Según el experto argentino, la razón fundamental tiene bases psicológicas y culturales.

El apego real y simbólico a la figura de la madre actuaría inconscientemente generando sentimientos ambivalentes de amor-odio hacia las demás mujeres.

La cultura también impone sus reglas: en estos sujetos la idea de poder, dominación y fuerza sobre la figura femenina es imperante.

Ellos quieren mujeres que se sometan a sus reglas y cualquier conducta de autonomía de parte de ellas es vivida como sospechosa.

En opinión de Ghedin, ya sea el hombre o la mujer quien sufra el trastorno, lo importante es buscar ayuda antes de que el síndrome arraigue y se deterioren las relaciones entre la pareja.

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