Buenos Aires.- Bomberos que rescataron a las víctimas de Cromañón afirmaron hoy que la noche del incendio “había dos metros de gente apilada y entrelazada” detrás de la puerta de emergencia, que estaba cerrada, mientras que en el interior del local los chicos estaban “enroscados” por efecto de la intoxicación con el humo.
En la decimoquinta jornada del juicio que sigue por el siniestro que dejó 194 muertos, declararon los primeros bomberos que llegaron al boliche pocos minutos después del incendio que provocó 194 muertos, quienes describieron que había gente desesperada y escenas de pánico.
El cabo primero Luis Areco, del cuartel central de Bomberos, relató que apenas llegó se dirigió a la puerta de emergencia y que con un grupo de unas 20 o 30 personas que ya habían salido del local comenzaron a abrirla con fuerza manual, lo cual les demandó entre seis y diez minutos.
Explicó que no pudo usar herramientas para esa tarea porque “la gente sacaba brazos y la mitad de la cabeza por una abertura que habían hecho para respirar” y él temía lastimarlos.
Cuando se logró la apertura, Areco dijo que “la cantidad que había era, sin exagerar, dos metros de gente apilada, entrelazada”, que ya no hacían más fuerza para abrir, por lo que de inmediato empezó a rescatarlos.
Señaló que poco después determinó que la puerta estaba cerrada desde adentro porque tenía un alambre que la ataba a una valla de contención, el cual ya había sido roto desde adentro, y un candado en la barra antipánico que se destruyó por la fuerza ejercida desde afuera.
Areco explicó que luego entró al local para continuar con el salvataje, pero que no se veía nada y que “la gente, por la desesperación que tenía”, se le colgaba y le terminó rompiendo el equipo de oxígeno.
Pese a esto, dijo que continuó la tarea con una “mojita” (similar a la máscara que se colocan los pilotos de automovilismo debajo de sus cascos) para no quemarse la cara.
El bombero dejó en evidencia las condiciones en que trabajaba la fuerza al señalar que carecían de equipos para detectar el tipo de humo que emanaba del local y que no les suministraban linternas, por lo que él mismo se las compraba.
Destacó además que dos de sus compañeros estuvieron entre cuatro y seis meses en terapia intensiva por la intoxicación sufrida, ya que no había equipos de oxígeno para todos y se desmayaron mientras trabajan. En total, 15 bomberos fueron internados tras el siniestro por la inhalación de los gases tóxicos que desprendió el techo.
A su turno, el inspector Adrián López, quien estaba de turno en el cuartel cuarto de bomberos la noche del siniestro, recordó que al llegar a Cromañón había tanta gente en la plaza Miserere “como en la largada de una maratón”.
López relató que entró al local por la entrada principal y que de las seis puertas vaivén, “sólo dos estaba abiertas nada más”, tal como lo afirmaron los peritos de bomberos y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que ya declararon.
“Cuando entro, la visibilidad era nula. Me topo con una montaña de chicos enroscados (en la entrada del salón principal) y entonces hicimos el salvamento y rescate de estas personas”, afirmó.
Recordó que en un momento ve que un joven arrojaba agua con una manguera ubicada dentro del local hacia esa pila de víctimas y él le pidió que dejara de hacerlo porque los estaba “ahogando” en vez de ayudarlos.
El bombero explicó que como había un montón de personas afuera que pugnaba por volver al local a sacar gente y él no quería que se asfixiaran, les pidió que lo esperaran cerca de la boletería y él les iba alcanzando los cuerpos hasta allí para que las llevaran hasta la plaza. “Así ellos se sentían útiles y hacía que no reingresaran al boliche y se convirtieran en víctimas”, remarcó.
López continuó su rescate por el primer piso, donde recordó que una chica le extendió la mano en señal de auxilio, y que luego halló a dos chicos “en posición fetal, que todavía respiraban, debajo de una hielera que había en la barra”.
Cuando salió otra vez, dijo que las seis puertas ya estaban abiertas, pero porque alguien había violentado los pasadores, a los que vio como “doblados”.
En un tramo de su declaración, el jefe del cuartel cuarto elogió la decisión de uno de sus hombres de hacer un boquete en el primer piso del local, desde un pasillo del hotel lindante, ya que por allí se pudo sacar a muchas personas con vida y también sirvió para que drenara el humo.
Conmovido, rememoró que tras el incendio reunió en el cuartel IV a toda su dotación para que cada uno dijera lo que había sentido esa noche, pero que “no había muchas palabras” y que recién se descargó al ir a la central.
“No se me cae nada por decir que se me escapó una lágrima, justo se venía el 31 de diciembre y esto fue algo de magnitud, como la AMIA o la Embajada (de Israel), no un salvamento estándar”, concluyó. (Télam).-