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Beatifican a María Crescencia ante una multitud en Pergamino

La beatificación fue proclamada en el circuito El Panorámico de esa ciudad (distante unos 100 kilómetros de Rosario) por el cardenal Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Domingo 18 de Noviembre de 2012

La monja María Crescencia Pérez fue beatificada ayer en la ciudad bonaerense de Pergamino, ante una multitud calculada en 30.000 fieles que participaron de la ceremonia al aire libre oficiada por el cardenal italiano Angelo Amato, enviado especial del Papa Benedicto XVI.

La beatificación fue proclamada en el circuito El Panorámico de esa ciudad (distante unos 100 kilómetros de Rosario) por el cardenal Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

"Concedemos a la venerable sierva de Dios María Crescencia, virgen, religiosa de la congregación de las Hijas del Huerto, que testimonió la caridad evangélica con sencillez, humildad y dulzura, que de ahora en adelante sea llamada beata", leyó el purpurado en nombre de Benedicto XVI.

Ubicada entre los fieles estaba María Sara Pane, la mujer que le rezó a Crescencia Pérez y se curó, sin intervención ni explicación médica, de una hepatitis aguda fulminante en 1996 cuando estaba en la lista de emergencia nacional e internada a la espera de un trasplante hepático.

Sara, emocionada, recordó que en esa oportunidad "tenía 23 años y llegué a María Crescencia por unas hermanas de la congregación del Huerto que me acercaron una estampa a la que me aferré para pedirle mi curación, la que ocurrió sin que me trasplantaran".

Luego de la beatificación, Sara junto a un grupo de religiosos acercó al altar las reliquias de Crescencia Pérez.

Religiosos y fieles llegaron ayer a Pergamino provenientes de Brasil, Chile —donde María Crescencia vivió sus últimos cuatro años—, India, Uruguay, Paraguay, Italia y el Congo, entre otros países, además de provincias argentinas. Ellos le dieron un marco de universalidad a la ceremonia.

Hubo gente que en el momento de la proclamación se largó a llorar. Gran parte de las delegaciones estaba conformada por católicos de la congregación de la Virgen del Huerto.

Como ocurre con la Virgen de San Nicolás, muchos presumen que con los años Pergamino sea centro de un gran peregrinar de fieles en busca de sanaciones, paz y otros bienes. La festividad (que figurará en el santoral) será cada 20 de mayo, día del fallecimiento de María Crescencia.

La ceremonia comenzó a las 11.15. Muchos llegaron al campo, ubicado en las afueras de Pergamino, portando sombrillas, reposeras y banderas. El sol se tornó abrasador para el mediodía y hubo personas que se desmayaron.

María Crescencia se convirtió en la séptima beata argentina, junto a Nazaria Ignacia March Mesa, María Tránsito de Jesús Sacramentado (Madre Cabanillas) y María Ludovica De Angelis. La lista se completa con el coadjutor salesiano Artémides Zatti, Laura Vicuña y el indio mapuche Ceferino Namuncurá, proclamado en la localidad rionegrina de Chimpay en 2007.

María Crescencia nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, en 1897. En 1905 su familia se mudó a Pergamino donde ingresó al Hogar de Jesús (a cargo de la Congregación de las Hermanas del Huerto), cursó sus estudios y permaneció pupila hasta 1915. Definida su vocación, se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para iniciar su noviciado en la Casa Provincial de las Hermanas del Huerto, en el barrio de Villa Devoto.

Al vestir el hábito religioso tomó el nombre de María Crescencia en honor del santo mártir Crescencio y dedicó su vida a cuidar a los enfermos.

En Vallenar, Chile, el 20 de mayo de 1932 María Crescencia falleció tras padecer una tuberculosis, que se habría contagiado de unos enfermos que estaba cuidando. En 1986 se inició el proceso diocesano de su beatificación en la Diócesis de San Nicolás y en 2004 el Papa Juan Pablo II reconoció sus virtudes heroicas, por lo que pasó a ser considerada venerable. En tanto, recién el año pasado la Santa Sede reconoció un milagro atribuido a su intercesión y el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de su beatificación.

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