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A 45 años del asesinato de Sharon Tate a manos de "la familia Manson"

Recuerdo del crimen de la esposa de Roman Polanski. Patricia Krenwinkel, una de las secuaces del líder satánico, dijo que tomó parte del aberrante hecho porque "fui una cobarde".  

Domingo 10 de Agosto de 2014

Cuando se cumplen 45 años del más notorio asesinato del cosmos hollywoodiense, aquel que en agosto de 1969 acabó con la vida de Sharon Tate (entonces esposa del director Roman Polanski, que cursaba un embarazo de ocho meses y medio) y otras cuatro personas, Patricia Krenwinkel, una de las secuaces de Charles Manson, el ideólogo de la matanza, decidió confesar las razones que precipitaron el terrible crimen.

Krenwinkel, que tenía 21 años cuando se produjeron los hechos y que al igual que el resto de sus cómplices cumple cadena perpetua, se refirió al tema por primera vez en dos décadas ante la cámara de Olivia Klaus, una documentalista que dirige el proyecto "My life after Manson". La convicta, ahora sexagenaria, admitió que colaboró en los terroríficos y abominables crímenes de Manson porque durante aquellos años era, siempre según sus palabras, una "cobarde".

Más allá de integrar el culto satánico del ex músico, la entonces veinteañera cumple condena por el brutal apuñalamiento de Abigail Folger, una empresaria californiana, así como del matrimonio que componían Leno y Rosemary La Bianca, a quienes descuartizó en las inmediaciones de Los Feliz, un suburbio residencial de Los Angeles. Ella fue la encargada de escribir sobre el escenario del crimen la consigna "Muerte a los cerdos", una argucia con la que Manson pretendía atribuir la autoría de la tragedia a la comunidad negra.

Klaus asegura que Krenwinkel "lleva años tratando de conciliar las dos esferas de su vida: la veinteañera que mató bajo la supervisión del hombre al que amaba, y la mujer de sesenta años que se tortura cada día rememorando el dolor que provocó".

En cuanto al resto de las integrantes de "La familia", o el apelativo con el que Manson bautizó la secta que dirigía, Susan Atkings murió de un cáncer en la cárcel en 2009 mientras que Leslie Van Houten y Tex Watson todavía permanecen en prisión. Manson (de 79 años) declaró varias veces que prefiere seguir bajo tutela del sistema penitenciario pese a que, sea como fuere, la próxima revisión de su caso tendrá lugar en 2027, cuando el sociópata sume 92 años de prisión.

Madrugada sangrienta. Un caluroso 9 de agosto de 1969, cuatro miembros de "La Familia Manson", Susan Atkins, alias "Sexie Sadie"; Patricia Krenwinkel, Leslie van Houten y Charles "Tex" Watson, armados de cuchillos y un rifle, entraron en una mansión de Bel Air, un lujoso barrio de Beverly Hills de Los Angeles habitado por lo más granado de la meca del cine.

La residencia pertenecía al director polaco Roman Polanski, ausente esa noche. En cambio, estaban su esposa, una bella actriz calificada como el nuevo sex symbol de Hollywood, Sharon Tate, de 26 años; un peluquero, Jay Sebring; la rica heredera Abigail Folger de 25 años y su amante en esas fechas, Voityck Frykowski, de 32, amigo y compatriota del director.

"Soy el demonio y estoy aquí para hacer el trabajo del demonio", gritó Watson al entrar a la carrera a la residencia. Entre él, Atkins y Krenwinkel (Kasabian no participó, lo que le permitió después ser exculpada a cambio de testificar) los mataron a todos. Sebring recibió siete puñaladas y un disparo en la cabeza; Frykowski, 51 puñaladas y dos disparos; Folger, 28 puñaladas y Tate, mientras suplicaba clemencia por el bebé que hubiera nacido a los pocos días, 16 puñaladas. Antes de dejar la casa, con la sangre de la actriz escribieron en la puerta del porche la palabra "pig" (cerdo). Un término frecuentemente usado en la jerga de los activistas negros. Querían que pareciese un crimen racial.

El sargento Joe De Rosa, de la policía de Los Angeles, fue el primero en ingresar a Cielo Drive. El macabro espectáculo que apareció ante sus ojos quebró su vasta experiencia: "He visto cosas horribles, pero esta carnicería de ahí dentro me ha hecho vomitar", declaró a los cronistas que fueron a cubrir la barbarie.

El escenario de los hechos era espeluznante. Sharon Tate, que estaba tendida en el suelo cubierta con un salto de cama, yacía junto a Jay Sebring, su antiguo amante. Los cadáveres de Abigail Folger y Votyck Frykowsky junto al de un joven de tan solo 18 años, Steve Earl Parent, los acompañan en el recinto inundado por la sangre.

La policía de Los Angeles inició la investigación sin resultados aparentes, hasta que un día recala en un campamento hippie instalado en el Valle de la Muerte, en el desierto de California. Sospechando de sus ocupantes, interroga a una veintena de ellos, miembros de la denominada familia liderada por un visionario llamado Charles Manson.

Susan Atkins, de 19 años, se muestra muy locuaz y facilita las primeras pistas. Declara que ella, junto a tres de los miembros de la "familia", había cometido el atroz asesinato. Y este no había sido el único.

Charles Manson, con sólo un 1,60 metro de estatura, tenía un objetivo: ser famoso. El LSD combinado con mesiánicos mensajes y una personalidad carismática le había permitido disponer de un harén de mujeres completamente sometidas a su control. La mayoría de ellas procedían de hogares disueltos, lo que había facilitado su reclutamiento.

Se estableció que Manson no eligió al azar la mansión de Polanski. Allí había el promotor discográfico Terry Melcher, hijo de Doris Day. Melcher había rechazado por mediocre un disco grabado por Manson, quien incapaz de manejar el fracaso, lo convirtió en chivo expiatorio de sus penurias existenciales agudizadas por el ácido lisérgico.

Se cree que Manson planificó los asesinatos sabiendo que en esas fechas Polanski se encontraba en Londres junto a sus amigos Warren Beatty y Richard Sylbert buscando exteriores para una película.

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