Además de la apertura comercial, incorpora un capítulo “verde” que vincula el acceso a mercados con estándares ambientales y cooperación en transición productiva, con foco en sectores como biocombustibles, agro trazable, movilidad sostenible e hidrógeno.
Con esto, el acuerdo proyecta una zona económica integrada por 31 países y alrededor de 720 millones de personas, con un PBI combinado elevado y se presenta como el entendimiento más ambicioso entre dos bloques regionales ya constituidos. Además del comercio de bienes, incorpora reglas sobre servicios, inversiones, compras públicas, comercio y desarrollo sostenible, propiedad intelectual, competencia, reglas de origen, defensa comercial y solución de controversias, lo que lo acerca a un formato de integración más profundo. En la práctica, la ambición no se limita a bajar aranceles: también busca armonizar procedimientos y dar previsibilidad regulatoria a la relación birregional.
Es importante destacar la incorporación y el énfasis que el acuerdo otorga al capítulo “Comercio y Desarrollo Sostenible” (Trade and Sustainable Development, TSD, por sus siglas en inglés). Se consolida un giro cada vez más marcado en incorporar criterios ambientales y de transición productiva en los acuerdos económicos y comerciales. Tales tendencias ya se vislumbraron en el acuerdo MERCOSUR-EFTA, firmado el 16 de septiembre de 2025, donde estos instrumentos ya no se limitan a la discusión tradicional sobre aranceles, barreras y mecanismos de protección, sino que comienzan a integrar disposiciones regulatorias asociadas a estándares “verdes”, trazabilidad y compromisos climáticos que inciden de forma directa en el acceso a mercados y en la competitividad.
El capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible incorpora compromisos y cooperación en ambiente, clima y trabajo. En la hoja oficial de la Comisión Europea, se indica que el acuerdo incluye un capítulo específico de TSD para promover la transición verde y proteger derechos laborales, con compromisos ambientales presentados como jurídicamente vinculantes en el texto del acuerdo.
En ese sentido, vincula el comercio con la implementación efectiva de obligaciones internacionales, incluyendo el Acuerdo de París, y reafirma principios como el derecho de las Partes a regular sus políticas ambientales y laborales y la necesidad de aplicar de manera efectiva su normativa interna. El capítulo aborda, además, temas específicos como bosques y deforestación, tala ilegal, y la promoción de cadenas de suministro más responsables, con referencias a estándares y marcos internacionales relevantes.
Este interés por el enfoque sostenible quedó en evidencia en algunos de los discursos de los signatarios del acuerdo el pasado sábado. Úrsula Von der Leyen, -Presidenta de la Comisión Europea-, se refirió al compromiso mutuo con respecto a comercio e inversiones para la consecución de la neutralidad climática; Por su parte, Antonio Costa, –Presidente del Consejo Europeo-, destacó la necesidad de reforzar vínculos entre los ciudadanos y las empresas para la creación de riqueza de forma sostenible y la protección del medio ambiente.
Del lado latinoamericano, fue Yamandú Orsi, presidente de Uruguay, quien destacó con mayor firmeza a la sostenibilidad como el eje central a seguir. El mandatario charrúa enfatizó que el crecimiento económico y la sostenibilidad pueden y deben ir de la mano, con lo cual, la previsibilidad y confiabilidad otorgadas por un acuerdo marco como lo es el tratado de libre comercio UE- MERCOSUR, propiciará indefectiblemente hacia un comercio con enfoque sostenible. Otros actores de la región como Rodrigo Paz, presidente de Bolivia, habló del objetivo hacia una “Bolivia Verde”, mientras que el Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira recordó, ya en las etapas finales de las negociaciones del acuerdo, que durante los primeros meses de 2023, hubo un compromiso claro de ambas regiones entre el comercio y el desarrollo sostenible. Con lo cual, existe un norte orientado a reflejar los compromisos entre ambas regiones con el multilateralismo, la previsibilidad, el medio ambiente y el ámbito social-laboral.
En clave “verde”, el acuerdo UE–MERCOSUR abre oportunidades para que algunos sectores puedan adaptarse a estándares ambientales cada vez más exigentes. Entre los más mencionados aparecen: Biocombustibles y combustibles de transición (Biodiésel, bioetanol, SAF), ya que el Anexo 18-A del capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible (TSD) los incluye como áreas de cooperación, y además la propia UE los ha citado como rubros con potencial. Es decir, se espera en este rubro el desarrollo de áreas de cooperación mutua.
También queda bien posicionada la agroindustria con trazabilidad, porque el acceso al mercado europeo se vincula crecientemente con requisitos de deforestación cero y controles de origen. Productos como la soja y derivados, carnes, alimentos procesados, aceites, maní, entre otros, entran dentro de este beneficio siempre que puedan demostrar trazabilidad y cumplimiento.
La movilidad sostenible y cadena del vehículo eléctrico también podría verse beneficiado ya que: el Anexo 18-A incluye “sustainable mobility and associated value chains”, mencionando baterías de ion-litio, reciclaje y electromovilidad. Esto a su vez podría conllevar a un efecto derrame en: minería y refinación con estándares, materiales críticos, autopartes y servicios asociados (certificación, testing, logística).
Con respecto al hidrógeno y derivados, el Anexo 18-A también lista “Hydrogen and its Derivatives” como área de cooperación. Esto abre el espacio para proyectos y exportaciones futuras si se alinean con estándares de sostenibilidad y reglas técnicas.
Por último, un sector novedoso que se beneficia del acuerdo son los llamados Servicios “verdes” que se vuelven exportables, como por ejemplo, certificación y verificación (huella de carbono, sostenibilidad, trazabilidad) auditoría, compliance y due diligence tecnología para trazabilidad (datos, MRV, monitoreo satelital) Esto se apalanca en la lógica TSD (estándares + cooperación) y en el hecho de que la UE comunica el acuerdo como marco con compromisos “claros y ejecutables” en sostenibilidad.
En síntesis, el acuerdo UE–MERCOSUR marca un punto de inflexión porque consolida una nueva forma de entender el comercio internacional, donde la apertura de mercados convive con estándares ambientales y sociales que condicionan el acceso y redefinen la competitividad.
El capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible y su Anexo 18-A no funcionan como un agregado “decorativo”, sino como un nuevo carril de cooperación y reglas que orienta el vínculo birregional hacia la transición productiva y climática, posibilitando la apertura de nuevos mercados, rubros y nuevas áreas de cooperación y desarrollo.
En un mundo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo, la rúbrica del mayor acuerdo de cooperación regional hasta la actualidad pone sobre la mesa el interés de ambos bloques de fomentar la multilateralidad, la previsibilidad, comercio y reglas claras, promoviendo nuevo paradigma de intercambio comercial donde los enfoques “verdes” toman relevancia.