Bogotá.— La noche del 26 de julio de 2001 marcó un antes y un después para
Gloria Polanco, quien como pocas personas ha soportado tan de cerca el drama del conflicto armado
que azota a Colombia. Polanco, que entonces tenía 41 años, fue secuestrada en su propio
departamento por unos 50 miembros de las Farc que se llevaron a 13 personas, entre ellos dos de sus
hijos, durante una incursión en un edificio residencial de la ciudad de Neiva, capital de la
provincia de Huila.
La única función pública que había ejercido Gloria hasta
ese momento era como Primera Dama de la provincia. Pero la guerrilla decidió llevársela porque no
encontró a su esposo, el ex gobernador de Huila y senador por el Partido Conservador Jaime
Lozada.
Pasados siete meses del secuestro y mediante engaños, los
jefes guerrilleros separaron a la mujer de sus hijos Juan Sebastián, entonces de 20 años, y Andrés
Felipe, de 18. El motivo de esa separación fue que Lozada decidió inscribir a su esposa como
candidata a la Cámara de Representantes por el Movimiento de Integración Conservadora, fundado por
él, y ella salió elegida estando en cautiverio.
Al mismo tiempo, la dirigente pasó a formar parte de un
grupo de rehenes "canjeables" por insurgentes presos, mientras que sus hijos engrosaron la lista de
secuestrados que deben pagar para obtener la libertad.
Violencia sin fin. Los captores negociaron el precio de la liberación de los
hijos con Lozada, y los dos muchachos retornaron sanos y salvos a su hogar en julio de 2004. Sin
embargo, la tragedia para la familia estaba lejos de terminar. El senador no pudo pagar a las Farc
todo el dinero acordado, y el 3 de diciembre de 2005 fue asesinado en una emboscada atribuida al
grupo guerrillero.
"Para pagar me dieron un plazo de seis meses, aunque yo les
había pedido dos años. Tuve que vender la finca y el ganado, conseguir unos préstamos bancarios y
otros personales, pero las cuotas que les tengo que seguir pagando a las Farc son muy altas y no
les he podido cumplir", dijo Lozada en septiembre de 2005, al denunciar que había comenzado a
recibir amenazas de muerte.
El senador, que había sido gobernador de su provincia y era
presidente del club de fútbol de primera división Atlético Huila, fue asesinado durante una gira
política cuando se movilizaba en un vehículo. Uno de sus hijos resultó herido en el ataque.
Polanco se enteró de la muerte de su esposo durante el
cautiverio, y sus tres hijos se convirtieron entonces en símbolo de una tragedia que parece más de
la ficción que de la vida real.
Juan Sebastián, el mayor de los hijos, dijo hace poco que
la familia está preocupada por la salud de la ex congresista, que sufre de tiroides. "Nuestra
preocupación ha sido permanente. En una carta nos dijo que frecuentemente se le hacían unos
nudillos en el cuello que se le subían a la cabeza", relató. Estos problemas se agravaron con el
cautiverio, dado que la guerrilla nunca le suministró a Polanco los medicamentos correspondientes.
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