Valencia. — Mariano Rajoy cerró ayer el congreso del Partido Popular (PP)
que ratificó su liderazgo con un cerrado ataque al gobierno socialista de José Luis Rodríguez
Zapatero. Pero el trasfondo del congreso de Valencia indica algo más. Luego de casi cinco años
Rajoy puso punto final a la era del "aznarismo" y culminó un proceso de renovación del PP,
llevándolo más al centro político, según un análisis de la agencia de noticias DPA.
"No quiero que nadie vote al Psoe (de Zapatero) para que no gane el PP". En esa
frase pronunciada en Valencia durante el XVI congreso de la principal oposición española, Rajoy
condensó mucho de lo que en los últimos años ha ocurrido en el el PP. Dejó claro que quiere que el
curso del partido sea de ahora en más "de centro", y apeló al diálogo con los partidos
nacionalistas.
Aznar, un "militante". Lo hizo sólo unas horas después de que José María Aznar,
presidente de honor del PP, hablase ante una inmensa y abarrotada sala plenaria del congreso entre
fuertes aplausos. Aunque con guante blanco, el ex presidente de gobierno arremetió contra la
gestión de quien él mismo eligió en septiembre de 2003 para sucederlo y ahora rompe con su legado.
Sólo le otorgó Aznar a Rajoy un "apoyo responsable" como "militante más disciplinado". Y por la
tarde no estuvo presente durante el discurso de cierre de Rajoy.
Llamado a convertirse en presidente de gobierno en las elecciones de marzo de
2004, Rajoy presenció cómo el Ejecutivo de Aznar echaba por tierra con sus muy altas posibilidades
culpando de los atentados islamistas del 11-M, perpetrados sólo tres días antes de los comicios, al
grupo terrosita ETA. Como se sabe, Rajoy perdió ante Zapatero el 14-M de 2004. Las heridas de ese
lejano episodio, que puso una bisagra a la política española, se hicieron ver aún ayer en
Valencia.
Es que después de aquella derrota electoral vino una obcedada construcción
conspirativa de los sectores aznaristas del PP y de línea dura, impulsada por medios de
comunicación afines al partido. Son los mismos medios que en estos últimos cuatro meses han azuzado
la crisis del PP y cuestionado el liderazgo de Rajoy, proponiendo incluso candidatos
alternativos.
Años de aislamiento. Después de aquel trauma, el PP quedó aislado durante los
últimos cuatro años. La gran crispación en torno al proceso de diálogo del gobierno de Zapatero con
ETA, apoyado por todos los partidos con la única excepción del PP, contribuyó mucho a ello, junto a
un discurso antinacionalista mal recibido en País Vasco y Cataluña. En las elecciones generales del
9 de marzo de este año, el centroizquierda y sectores nacionalistas apoyaron al Psoe para evitar
que el PP volviese al gobierno. Y Rajoy volvió a perder ante Zapatero. De ahí la frase de Rajoy:
"No quiero que nadie vote al Psoe para que no gane el PP". También debió pensar cuando, después de
evaluar su renuncia tras la derrota de marzo pasado, decidió seguir adelante e ir sustituyendo el
ala dura aznarista por personas de su confianza, más jóvenes y con un perfil más moderado. En el
congreso clausurado ayer culminó ese proceso, con la elección de una comisión ejecutiva en la que
los críticos y los aznaristas fueron castigados.
Paradoja. Rajoy queda ahora en esa cúpula cómo único superviviente de la "era
Aznar" y a la vez representa la renovación del partido, que él mismo está llevando al centro. Hace
dos meses su futuro no estaba claro, con críticos poderosos, como la presidenta regional de Madrid,
Esperanza Aguirre, y el ex ministro Juan Costa amagando presentar candidaturas alternativas en
Valencia para echarlo del poder, y con destacados dirigentes criticándolo públicamente y
achacándole falta de liderazgo.
Duro con el gobierno. Rajoy dedicó buena parte de su intervención de cierre a
subrayar los problemas económicos y de inmigración que afronta el gobierno socialista. "España
necesita un gobierno mucho mejor que el que tenemos, pero eso será en su momento. Ahora lo que
necesita es una oposición capaz de plantear alternativas", señaló, y recalcó que los populares son
"un partido de gobierno, no aspiramos a menos".
"Hay que ver lo que ha cambiado España en los últimos dos meses", exclamó, en
relación con la "complicada situación económica", que ha postrado al sector de la construcción.
Timorato. Rajoy tachó al Ejecutivo socialista de "timorato" y aseguró que "ni
siquiera se atreve a decir la verdad, cómo se va a atrever a tomar medidas". Es que el gobierno
socialista "nació para gobernar en la bonanza, cuando todo era fácil", y ahora, ante la crisis, "no
sabe adelantarse a los problemas, no está preparado para enfrentarse a ninguna dificultad. Nosotros
sí sabemos enfrentarnos a una crisis".