Bogotá. — La ex congresista colombiana Consuelo González, liberada por las Farc este jueves
después de seis años de cautiverio, reveló que los rehenes de la guerrilla viven en la selva en
condiciones infrahumanas, encadenados y bajo el riesgo morir asesinados por sus carceleros en
represalia a operativos militares.
González, de 57 años, fue liberada en forma unilateral junto con la ex
candidata a la vicepresidencia Clara Rojas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(Farc), que las entregaron en la jungla a una misión humanitaria organizada por el presidente de
Venezuela, Hugo Chávez.
La política agradeció la gestión del mandatario venezolano y aseguró que
es un hombre clave para conseguir la posible liberación de otros rehenes que permanecen en poder de
las Farc en la selva. “Yo tengo absolutamente claro que el presidente Chávez es clave, no
podemos hacer a un lado la acción del presidente Chávez, es clave y todos los colombianos tenemos
que entender eso como una acción humanitaria y en ningún momento como una intromisión en los
asuntos de Colombia”, dijo Consuelo González a radio Caracol.
El esposo de la ex parlamentaria liberal murió mientras estaba en
cautiverio; y al regresar a la libertad encontró a una de sus dos hijas convertida en madre y
conoció a su pequeña nieta, a quien calificó como una inspiración para su vida. González muestra
sin embargo signos evidentes de deterioro físico y de sufrimiento psicológico causados por su
privación de la libertad en la selva.
Cadenas, siempre. Sobre las brutales condiciones de detención relató: “Los
militares y policías vivían encadenados todo el día, con unas cadenas al cuello que tenían que
cargar para hacer cualquier tipo de actividad: bañarse encadenados, lavar su ropa encadenados,
comer encadenados, cualquier cosa que hagan tienen que cargar la cadena”.
“Y en las horas de la noche amarraban la cadena a un palo que
había al pie de la cama de cada uno de ellos”, dijo, al revelar que en las noches los
secuestrados civiles como ella también son encadenados por sus carceleros.
Remarcó: “Imagínese en este siglo, en este momento en el mundo,
ocurriendo eso. Uno los miraba (a los policías y militares) y decía ¿cómo pueden resistir personas
que llevan 9 y 10 años secuestrados? Es terrible”.
González reconoció que, por motivos de seguridad y los intensos
operativos militares, permanentemente fue movida con los demás rehenes de un sitio a otro en medio
de la selva.
“Vivimos un horror”. “Vivimos situaciones horribles de riesgo,
de altísimo riesgo, sentimos prácticamente las bombas a escasos metros de donde nosotros estábamos,
los helicópteros con sus metralletas funcionando y nosotros muy cerca. Vivir la guerra es un
horror”, aseguró.
La política, secuestrada en septiembre de 2001, reconoció que los
guerrilleros siempre les notificaron que tenían la orden de asesinarlos en caso de una operación de
rescate por parte de las fuerzas armadas colombianas. “Sí, éramos notificados tranquilamente
por parte de quien estaba al frente de nosotros, de las Farc, de que en un intento de rescate la
orden que tenían era asesinarnos, éramos absolutamente conscientes de eso”, dijo González,
quien sostuvo que las probabilidades de éxito de un rescate militar son mínimas.
La política relató que casi siempre los rehenes de la guerrilla duermen
en hamacas colgadas de los árboles, o en plásticos tendidos sobre el piso, mientras que la
alimentación consiste en arroz con lentejas, frijoles, arvejas o pasta; y que sólo comen carne
cuando los guerrilleros cazan un animal salvaje.
González dijo que, aunque reciben elementos de aseo como jabón, cepillos
de dientes y dentífrico, los rehenes se bañan en ríos, en horarios impuestos por la guerrilla,
hacen sus necesidades en letrinas y, aunque sufren paludismo y otras enfermedades tropicales,
reciben medicinas, pero no atención médica.
“Termina uno concluyendo que no hay nada más que hacer sino acatar
y someterse a lo que le están imponiendo, es algo tan complejo y tan difícil”, afirmó.
“Es una tragedia humana que no podemos hacer a un lado”, dijo, al pedir una salida
humanitaria, acotando que entre los rehenes hay padres que no conocen a sus hijos mientras que
otros han perdido a sus familiares, que han muerto. Este fue precisamente su caso: su esposo murió
de un infarto mientras ella estaba en cautiverio.
El 17 de diciembre. González reveló que se enteró que las Farc la iban a liberar el 17
de diciembre, por la radio, y que desde el 21 de ese mes comenzaron una prolongada caminata en
medio de la selva que concluyó recién el jueves pasado con su liberación, después de esquivar
operativos militares. La política anunció que comenzará a luchar por la liberación de sus
compañeros que quedaron en la selva.
“El pueblo tiene que involucrarse en la búsqueda del proceso del
intercambio humanitario, no hay otra salida, yo no me perdonaría y no perdonaría a Colombia que no
hiciera absolutamente nada para regresar a estos colombianos a su vida normal y a sus
familias”, concluyó. l
































