El Mundo

Bolsonaro presentó en el Congreso su plan de reforma de jubilaciones

El proyecto es considerado vital para el equilibrio financiero de Brasil: busca ahorrar 300.000 millones de dólares en 10 años.

Jueves 21 de Febrero de 2019

El presidente Jair Bolsonaro presentó ayer ante el Congreso el proyecto de reforma del sistema de jubilaciones, considerado vital para el equilibrio financiero de Brasil y para sustentar la credibilidad de su gobierno después de un caótico comienzo.

Con la propuesta, que establece una edad mínima de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres, el gobierno pretende ahorrar en la próxima década 1,16 billones de reales (más de 300.000 millones de dólares), según un documento divulgado por el Ministerio de Economía.

El proyecto establece además que los brasileños deberán contribuir durante al menos 40 años con el sistema previsional para jubilarse con una pensión completa.

Brasil es uno de los pocos países que no exige una edad mínima para el retiro laboral. El régimen actual permite jubilarse a las mujeres que cotizaron durante 30 años y a los hombres que lo hicieron durante 35, sin una edad mínima, aunque el monto del beneficio mejora para quienes prolongan su vida laboral.

En Brasil los hombres se jubilan, en promedio, a los 56 años y las mujeres a los 53. Es un caso atípico en la región. También son atípicas las pensiones que Brasil paga a los trabajadores retirados del Estado: 70 por ciento de su último salario, cuando en los países desarrollados este indicador está en 53 por ciento.

El arquitecto de la reforma es el ministro de Economía, Paulo Guedes, un ultraliberal formado en la escuela de Chicago, y su apoyo a Bolsonaro le brindó al ex capitán del Ejército un fuerte respaldo de los mercados.

Bolsonaro y Guedes llegaron al Congreso por la mañana para entregar el proyecto al presidente de Diputados, Rodrigo Maia, en medio de una pequeña protesta de diputados de la oposición, que abuchearon a los líderes del Ejecutivo y Legislativo.

El mandatario ultraderechista advirtió esta semana que, sin un nuevo régimen de jubilaciones, "Brasil quebrará en 2022 o 2023".

La advertencia puede parecer exagerada, pero incluso sectores de la oposición admiten que algún tipo de reforma es necesario en un país en proceso de envejecimiento.

En 2018, un 9,2 por ciento de los 209 millones de brasileños tenía más de 65 años. En 2060, serán 25,5 por ciento, según proyecciones oficiales.

Cerca de 1.000 personas se manifestaron por la mañana contra el proyecto en el centro de San Pablo, convocados por los principales sindicatos del país que denuncian una tentativa de poner un "fin a la Previsión Social en Brasil".

"Uno de los problemas de Brasil es que hay gente que se jubila con poco más de 50 años de edad y menos aún en ciertas categorías, como los policías y los profesores", apuntó el economista Marcel Balassiano, de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).

La perspectiva de un endurecimiento de la jubilación llevó en los últimos años a muchas personas a pedir su retiro anticipado. Es lo que piensa hacer Silvia Oliveira, una secretaria de Rio de Janeiro, de 50 años.

"Yo ya he cotizado durante 30 años (el tiempo exigible para la jubilación de una mujer), pero no tengo la edad mínima que el gobierno quiere. Así que voy a ver si consigo jubilarme, porque tengo miedo de tener que trabajar doce años más", explica.

Otros recelos vienen del hecho de que los mayores esfuerzos se exijan a las categorías más afectadas por el desempleo, que difícilmente podrán cumplir con sus años de cotizaciones.

Los gastos con los regímenes de jubilaciones representaron en 2017 un 13,64 por ciento del PIB brasileño y sin correcciones podrían llegar al 23 por ciento en 2060.

La tendencia marcada por el envejecimiento se vio acentuada por la recesión de 2014-2015 y el débil crecimiento: el déficit de las jubilaciones (sectores público y privado), que representaba en 2011 un 2,1 por ciento del PIB, llegó al 4,25 por ciento en 2018.

La consultora británica Capital Economics subrayó que los indicios apuntan a una reforma "ambiciosa que estabilizaría la relación deuda pública-PIB" en torno a su nivel actual, cercano al 80 por ciento.

Pero advirtió que "históricamente" este tema ha generado mucho rechazo en el Congreso y que existe el riesgo de que el esfuerzo por sacar adelante esa reforma "sacíe el apetito" de acometer otros retos que devuelvan al país al crecimiento.

El impulso con el que el mandatario llegó al poder el 1 de enero se vio afectado por disensos y denuncias de corruptelas, que terminaron el lunes pasado en la destitución de un importante ministro, Gustavo Bebbiano.

Y los brasileños recuerdan que la reforma impulsada por el presidente Michel Temer (2016-2018) quedó en la nada cuando su mayoría se vio debilitada por denuncias de corrupción contra el mandatario.


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