El Mundo

"Bolsonaro fue una factura muy grande de la sociedad al sistema de partidos"

Guillermo Raffo estudió Ciencia Política en Rosario. Trabajó en asesoramiento de campañas políticas en los 90 para el PJ. En 2002 se fue a San Pablo, donde fundó su propia firma de sondeos y consultoría política.

Lunes 05 de Noviembre de 2018

Guillermo Raffo habla por teléfono desde San Pablo. Lo hace con pronunciación brasileña, algo que le da calidez extra a su conversación, de por sí pausada y de un registro siempre reflexivo. Raffo recuerda con gusto que estudió Ciencia Política en Rosario. Luego de recibirse se fue a La Plata a buscar su futuro y tomó contacto con la consultoría política. A fines de los 90 tomó empezó a trabajar para el profesional brasileño que asesoraba a Eduardo Duhalde. En 2002 se fue a vivir a San Pablo, donde fundó su propia firma, a la que incorporó a su hija Juliana. Así que la consultora se llama "Los Raffo". Tiene un historial de clientes de primera línea, como el candidato presidencial del PSDB Aécio Neves, quien en 2014 quedó a dos puntos de ganarle a Dilma Rousseff en el ballottage; el chileno Marcos Enríquez Ominami y en la última elección brasileña Henrique Meirelles, ex ministro de Economía del presidente Temer que se postulaba por el PMDB. Con este conocimiento de la política brasileña y de la sociedad en la que vive, Raffo diagnostica cuando se le pregunta sobre el fenónemo Bolsonaro: "Fue un pase de factura muy grande. La sociedad brasileña tuvo mucha paciencia, pero al final hubo una ruptura" con el sistema de partidos tradicionales. Cree que, lamentablemente el brasileño perdió su carácter afable, el famoso "tudo bem", e incorporó la política a su conversación diaria, pero negativamente, de modo confrontativo.


—Bolsonaro fue durante décadas un marginal de la política, casi hasta ahora. ¿Cómo lo explicás y cómo lo viviste?

—El tiene 30 años como diputado pero nunca tuvo protagonismo ni status, algo que comienza a tener a partir de 2014. En 2013 Brasil se sorprendió con una serie de manifestaciones masivas espontáneas donde la gente expresó su malestar respecto del compartimiento del gobierno (entonces de Dilma Rousseff). Fue muy impactante, porque el PT tenía un relato de que Brasil había llegado a otro nivel en el concierto mundial. Y esas manifestaciones demostraron que en medio del presunto paraíso había un pequeño infierno. Dilma perdió cayó 30 o 40 puntos de evaluación positiva, de 60 quedó en 30, pero no fue ella sola. Nosotros hacemos muchos focus group, muchas encuestas, y vimos aparecer un nuevo modo de la gente de referirse a los políticos: "ellos y nosotros. Ellos los políticos, el gobierno, nosotros el pueblo". La primera gran brecha que se abre en la sociedad brasileña se da en esas movilizaciones de 2013, fue una brecha de crítica a la élite política, a la corrupción política. Bolsonaro se va a apropiar posteriormente, con más pertinencia que el resto, de ese discurso que lo llevará a la victoria. En 2014 vino la elección en la que Dilma logró imponerse por dos puntos en el ballottage, lo que demostraba que un sector de la sociedad, principalmente la clase media urbana, tenía un sentimiento antipetista. Aécio Neves, del PSDB, fue el candidato que compitió con Dilma.

—Neves hubiera sido el candidato ganador ahora, pero se lo tragó el Lava Jato.

—Exactamente, todas esas personas críticas del PT eran de clase media urbana; votaron a Aeico Neves en 2014, que sacó 48 por ciento, yo hice esa campaña (para el PSDB). En 2018, el candidato del PSDB (Henrique Meirelles) saca solo 4 por ciento, pierde casi 50 millones de votos. ¿Por qué esas personas que votaban a partidos de centro dejaron de votarlos y votaron a Bolsonaro? Porque se vio que el comportamiento del PSDB no era muy diferente del PT. Por entonces se conoció una conversación de Neves en la que pide coimas en un lenguaje de marginalidad criminal. Ese fue el punto final. Los que siempre habían pensado que el problema era solo el PT se dieron cuenta de que el comportamiento de los demás partidos no era diferente. No bastaba votar a otro partido, el problema era el sistema. Y la conclusión, obvia. Comienzan a buscar una figura nueva. Y se presenta Bolsonaro con un discurso duro y radicalizado. El tiene una frase que se puede traducir como "Yo lucho contra todo eso que está ahí", por el sistema tradicional. Bolsonaro no hizo campaña, no tenía espacios en la TV, estaba internado por la agresión que sufrió. Ese atentado transformó a Bolsonaro en una víctima, y él supo aprovecharlo. Y él usó las redes sociales, a disposición de cualquier persona. WhatsApp fue muy importante, se usó muchísimo. Cuando las personas dejaron los partidos tradicionales fueron a apoyar a Bolsonaro. Llegó al inicio de la campaña con 20 por ciento de votos, pero lo que aceleró su crecimiento fue la forma en que el PT se presentó en esta campaña, de forma muy ideológica, su bandera, la de su candidato Fernando Haddad, era "Lula libre", nada más.

—Y esa imagen de la peregrinación a ver al preso de Curitiba, daba idea de que iba a estar pendiente de las órdenes de Lula.

— No es exagerado, era la imagen de una marioneta. El propio discurso del PT se encargó de reforzar que el eje central era la libertad de Lula y no la mejora de la gente. Cuando Haddad entra a la campaña de esa forma, los electores en duda rápidamente se fueron con Bolsonaro. Para ese elector que se siente víctima del PT, traicionado por el PT, no hay nada peor que vuelva al gobierno sin haber reconocido sus errores.

—No hicieron mea culpa, siempre fueron víctimas de un complot. Un error muy parecido al que repite acá el kircherismo.

— Si, es no reconocer cosas obvias, que la Justicia probó, que se vieron por TV. En la segunda vuelta Haddad cambia la estrategia y llama a defender la democracia, era decir implícitamente "te puede no gustar el PT y Lula pero es un voto por la democracia". Pero la gente pensaba "bueno, me pedís este sacrificio pero vos ¿que sacrificio hiciste por la democracia si no reconociste nada?". Fue un límite muy grande para votar al PT y de hecho millones de personas, casi 30 por ciento, votaron en blanco o no votaron. No encontraron opciones, en el caso de Bolsonaro porque generaba miedo por su extremismo y en el PT por la falta de autocrítica.

También existe esta situación anómala de Lula, que no está, porque está preso, pero sigue estando, condicionando a su partido y a su candidato.

— Descreo que exista un nuevo liderazgo con Lula activo y preso. Simplemente porque Lula es el mayor líder politico de los últimos 50 años o más, o tal vez de toda la historia brasileña. Está activo y preso y el PT es un partido que fundó Lula. Esto crea para el PT un límite de su renovación. El partido cuestiona la legalidad de esa prisión,.

— Este planteo se refuerza con la aceptación del Ministerio de Justicia por el juez Moro. ¿Fue una mala elección la de Moro?

— Es muy reciente, pero paradójicamente alegró tanto al PT como a Bolsonaro. Al PT, porque ve la mejor prueba, la más clara, de que Moro no fue imparcial, que participó de una conspiración; por otro lado el que votó a Bolsonaro votó exactamente por esto, para que el combate a la corrupción se ponga en el centro. Hoy la gran mayoría que votó a Bolsonaro siente que su voto valió la pena con la designación de Moro.

—Por último, la idiosincracia brasileña, conocida por su buen talante, no parece compatible con Bolsonaro.

— En estos 5 años, desde 2013, la sociedad brasileña cambió muchísimo. Llegué en 2002, hasta 2013 iba a una reunión y nunca se hablaba de política. Hoy la política está en boca de todos. Yo tenía una frase: los brasileños no pelean aunque tengan motivo y los argentinos peleamos aunque no lo tengamos. Nos relacionamos históricamente a través del conflicto. Los brasileños no daban su opinión política hasta por respeto a tus opiniones, para no herirlas. En estos años eso cambió y fue producto de la terrible crisis por la que pasó Brasil. Lo que hubo en esta elección fue un cierre de la insatisfacción nacida en 2013. Fue un enorme pase de factura. Los brasileños fueron muy pacientes esperaron cinco años, pero al final hicieron una gran ruptura con el sistema de partidos, hubo una gran boleta que se pasó al sistema político. Estamos en un Brasil que se parece a la Argentina, en términos de polarización, de grieta, de pérdidas de amistades por diferencias políticas. Se ha producido un quiebre de la tradición de, entre comillas de armonía, el "tudo bem" ya no es tudo bem.


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