Educación

Un proyecto que rescata el derecho a la imaginación

Una propuesta de lectura y escritura desarrollada en la escuela Nº 1.280 fue premiada en el certamen nacional Vivalectura.

Sábado 15 de Junio de 2019

Delfina recorre el aula en diagonal, llega presurosa frente a la seño Valeria y le señala con el dedo una palabra del cuento que está leyendo. "¿Qué letras son esas?", le pregunta la maestra. La nena contesta: "La A y la O" y se saludan con un choque de manos y puños. La nena regresa a la larga mesa del salón, donde un enjambre de chicos y chicas disfrutan de sus primeros caminos con la lectura. Ahora están leyendo, pero pronto serán ellos los que se animen a escribir un cuento.

La escena transcurre en el primer piso de la Escuela Nº 1.280 Soldado de Malvinas, donde se desarrolla un innovador proyecto de promoción de la lectura y la escritura que fue distinguido en el certamen Vivalectura 2019.

Valeria Zaffaroni es la docente a cargo de "Los dibu perdidos", la propuesta que obtuvo el segundo premio del Vivalectura en la categoría Estrategias de promoción de la lectura en entornos digitales. "Los dibu perdidos" apunta a fomentar buenas prácticas de lectura y escritura en alumnos de primer ciclo con situaciones de sobreedad. La propuesta utiliza las historias de los dibujitos animados para llegar luego a la producción de un libro propio y la animación digitalizada de sus personajes. El proyecto había obtenido una mención especial en el Vivalectura 2018.

Primeros pasos

En la sala del primer piso están los chicos de cuarto grado, los que el año pasado estaban en 3º A y fueron los grandes protagonistas del proyecto, nacido en 2017. "Este año no quería terminar con el proyecto, pero como ahora tienen otra seño, Carolina, le pregunté si estaba interesada en participar y por eso seguimos con ellos", cuenta la docente a cargo del programa.

"Los dibu perdidos" comenzó a gestarse ante la falta de lectura y el acceso a libros en el entorno familiar. Tras indagar en los gustos de los chicos, Valeria notó que en su mayoría coincidían con las historias que veían en la televisión, fundamentalmente los dibujitos animados.

El primer tramo del proyecto consistió en armar una biblioteca propia dentro del aula. Juntaron cuentitos, los leyeron y los compararon con los de la biblioteca de la escuela. Después vieron versiones animadas de algunos de esos textos. Y una vez absorbida toda esa información quedaba el último y gran paso: elaborar entre todos un cuento propio desde cero, con sus personajes y desarrollo, y al final transformarlo en un dibujito animado.

El año pasado, en una graciosa tormenta de ideas, los chicos y chicas del curso eligieron a los personajes y la trama del cuento, que incluía astronautas, emojis y estrellas perdidas en el espacio. La historia la transcribieron en un libro gigante que llevaron a la plaza del barrio para la Maratón de Lectura. Y recién después se pusieron manos a la obra con el dibujito animado: diseñaron a los protagonistas, al escenario donde transcurre la historia, grabaron voces de la narración, efectos especiales y una divertida cortina musical de jazz de fondo. En este trabajo participaron también los profes Natividad (Tecnología), Joana (Plástica) y Matías (Música). El cuento del año pasado se llamó "Las estrellas y los emojis se perdieron" y el de 2017 fue "La calabaza y sus amigos". Al final, cada alumno y alumna hizo su propia versión del cuento escrito (con textos y dibujos), para regalárselo a fin de año a sus familias.

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Derecho a la imaginación

Para Valeria Zaffaroni, detrás del proyecto subyace la intención de dar espacio a la palabra de los chicos, de acompañarlos en la lectura y habilitar lo que llama "el derecho a la imaginación". Y explica: "Si no brindamos herramientas para la imaginación no hay forma de desarrollarse. Aunque hay momentos que ellos no están incentivados para leer y nos cuesta bastante remarla".

Mientras la docente cuenta del proyecto, se acercan Angela (9 años), Uma (9) y Milagros (8), tres de las nenas que participaron activamente del proyecto premiado. Cuentan que lo que más le gustó hacer fue la parte de dibujar y pintar el libro grande, sobre todo el fondo espacial. También cuando en clases eligieron que los emojis y las estrellas iban a ser los protagonistas de su historia. Al grupo se suma más tarde Joel (11 años), un nene de tercero que fue uno de los autores de "La calabaza y sus amigos", el primer cuento que surgió apenas comenzó a rodar el proyecto escolar desarrollado en la 1.280. Al ratito, cuando dejan de hablar con La Capital, los chicos y chicas regresan corriendo a sus sillitas, para sumergirse nuevamente en las lecturas de El gato con botas, Hansel y Gretel o las historietas de Mafalda que pueblan las largas mesas del salón.

Mónica Samburgo es desde principios de año la directora de la escuela. "Haber llegado y encontrarme con este proyecto con el que sacaron el segundo premio es maravilloso. Sobre todo en esta comunidad, que el año pasado estuvo muy convulsionada por lo social, que sigue así y con nuestros chicos en el medio", cuenta. La escuela Soldado de Malvinas está ubicada en la esquina de Lamadrid y Alice, y recibe alumnos de los barrios Esteban Echeverría y Mangrullo, entre otros. Parte de la escuela está hace casi dos años sin gas.

"Pese a todo, los docentes trabajan mucho en este tema de la imaginación y de buscar recursos para que ellos puedan armar estos cuentos", agrega la directora.

Para la foto, los alumnos rodean a la seño Valeria que está sentada con el pizarrón a sus espaldas. Algunos de ellos sostienen el libro gigante con la historia de "Las estrellas y los emojis se perdieron", que ellos hicieron con la ayuda de los maestros de la escuela. Los chicos aplauden y sonríen en una fiesta de la lectura y la escritura que, como dice la seño Valeria, se hace a pulmón. Pero con el compromiso de garantizar para los chicos y chicas del barrio el sano derecho a la imaginación.

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