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Un programa de radio para comunicar utopías desde la salud mental

Se emite desde hace 15 años y es coordinado por trabajadores y usuarios de salud mental del hospital Agudo Avila

Sábado 26 de Septiembre de 2020

“Dicen que no tenemos razón, dicen que no estamos cuerdos”, arranca la canción, un rock pegadizo que invita a moverse y que tiene una letra que es el documento de identidad del ciclo con la que se da la bienvenida a los oyentes. “Pero nos inspira lo distinto, lo singular, lo irrepetible, porque cada tarde nuestra es diferente a las demás”. El programa de radio “Tardes nuestras” se trasmite todos los miércoles por FM Aire Libre. Siempre a las 14 empieza a sonar el tema apertura. “Subite al 122 y sentí el aire libre que respiramos. No te cortes, no te limes, no te vayas, no te quedes solo, sola. No te olvides, cada tarde es nuestra. No te olvides que estamos acá y la vamos a hacer”, dice la letra de la canción que da comienzo a “Tardes nuestras: un programa que no tiene razón, pero la hace”. ¿Que tiene de particular? Se trata de un proyecto colectivo creado por trabajadores y usuarios de salud mental del Hospital Agudo Avila, y que este 2020 tan particular cumple 15 años.

Eduardo Mutazzi es psicólogo, doctor en salud mental, docente en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y miembro del proyecto desde sus inicios. En diálogo con La Capital cuenta que trabaja desde hace años en favor del proceso de desmanicomialización de las instituciones psiquiátricas, y que dentro de ese marco surgió la iniciativa de hacer un programa de radio. Un tipo de intervención clínica que se caracteriza por la toma de distancia de los tratamientos tradicionales basados en el consultorio y la escucha de los padecimientos. “Este tipo de iniciativas se sustenta en los pilares de la desmanicomialización, en la restauración y el ejercicio de los derechos ciudadanos de los usuarios de salud mental”, dice el psicólogo, que define al proyecto como una práctica de reparación de las situaciones de vulnerabilidad a las que están expuestas las personas cuando hay alguna situación de padecimiento psíquico que atravesar.

Eduardo rememora los comienzos en el año 2005, y cuenta el camino recorrido. La idea de hacer un programa de radio surgió en una asamblea de usuarios y trabajadores de la salud mental (psicólogos, trabajadores sociales y estudiantes) del hospital Agudo Avila. Se abrió un espacio asambleario, una instancia colectiva de intervención clínica, y en ese momento se decidió crear un programa de radio donde ejercer el derecho a la expresión y la comunicación. El proyecto tuvo una amplia convocatoria, se incorporó como práctica en el Centro Cultural Gomecito y aunque fueron variando sus integrantes logró sostenerse en el tiempo.

Claro que ese movimiento colectivo no surgió de la nada, sino que fue parte de nuevas intervenciones que en ese momento comenzaban a realizarse con los pacientes. “La mayoría de ellos en ese momento estaban internados”, recuerda Eduardo, y destaca que esa es una gran diferencia con la realidad actual, porque ninguno de los que hoy participan del programa de radio están internados y afortunadamente hace mucho tiempo que no lo están.

El docente, que es el coordinador de la intervención clínica y trabaja en la producción del programa, señala que la radio tiene afectaciones múltiples ampliamente positivas. “En el plano individual la persona está haciendo lo que le gusta hacer, y está creando algo cuando habla de literatura, de cocina o de música. Además, “hay una realización de deseo”, destaca.

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La propuesta radial se enlaza en una perspectiva de desmanicomialización.

La propuesta radial se enlaza en una perspectiva de desmanicomialización.

Las voces

Desde 2005 muchos usuarios de salud mental pasaron por “Tardes nuestras”. Locutores, productores, columnistas, quienes se acercaron a cantar una canción o a compartir una poesía. Como hace 15 años, la radio les sigue dando la posibilidad de ejercer el derecho a la expresión y de hacer escuchar su voz. ¿Quiénes son hoy?

Leonardo Villarruel, bajo el seudónimo de Leo Sapiola, es abogado y actualmente el único conductor del programa. Empezó en el 2014 como co-conductor junto con dos chicos más, y como columnista de un consultorio jurídico que brindaba asesoramiento sobre los derechos establecidos en la ley nacional de salud mental sancionada en el 2010. “Hoy estoy como único conductor y continúo a cargo de ese espacio jurídico con el que empecé asesorando”, cuenta. Se incorporó cuando comenzó su tratamiento en el hospital, se acercó al Centro Cultural Gomecito y allí se interesó en participar de la radio.

El programa funcionó para Leonardo como una especie de laborterapia, diferente de la actividad de abogado que venía realizando. La radio es en su caso la posibilidad de ejercer el derecho a la comunicación y de toma de la palabra que tienen los usuarios de salud mental, de hacer valer sus derechos y dar a conocer sus demandas y necesidades: “Es importante llevar la voz de los usuarios a la comunidad para desestigmatizar la locura, canalizarla, reciclarla y ecologizarla. Eso significa la radio para mi”.

Verónica Mengo está a cargo de la columna de cocina económica y popular, hace ocho años que se integró al grupo y se define como la primera cocinera del programa. Durante los primeros años de este siglo trabajó en LT8, LT3 y en FM Latina. “Es una pasión para mi la radio”, dice Verónica, que afirma que estos 15 años que cumple el programa la llenan de alegría.

Por su parte, Bernardo Quiroga hace misceláneas bajo el seudónimo de Little Richard. A veces lee escritos de su autoría y le gusta comentar sobre rock nacional, por eso se lo presenta como uno de los historiadores del rock. “Empecé en el 2012 en el Centro Cultural Gomecito por recomendación de mi psicóloga. Cuando entré me recibieron muy bien, hice amigos enseguida. En el 2013 empecé la radio con los chicos, me gustó porque hablaba de música que es lo que yo sé hacer. Más que un columnista me siento como un escritor, porque los que están a cargo de la radio siempre pidieron mis textos. Tengo un montón de ensayos y canciones compuestas hasta con música”, cuenta.

Bernardo se sumó al proyecto porque le pareció importante expresarse en un medio de comunicación como la radio, actividad que realiza desde sus 16 años cuando empezó en la FM Libertad, una emisora de barrio. “La radio significa gran parte de mi vida, es una pasión y como toda pasión es una enfermedad. La radio es mi debilidad, como la escritura, como la música. La radio con ‘Tardes nuestras’ es una terapia que bien la vale, porque nunca volví a tener una crisis desde que estoy junto a la gente del Gomecito y trabajo artísticamente con ellos. Desde que participo en el programa me siento muy bien”, dice Bernardo con gratitud hacia sus compañeros.

Rolando Báez es presentado como el hombre de todos los tiempos. Es el más histórico de todos porque comenzó con el programa. Para Rolando la radio fue un emprendimiento que surgió en el marco del hospital como una recreación para los internados. “Para mi fue un gran proyecto”, dice. Por eso agradece a todos sus compañeros. Los actuales, los que pasaron por la radio y ya no están, y los que contribuyeron de alguna manera a que “Tardes nuestras” sea posible.

   

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El ejercicio de derechos a través de la toma de la palabra es el común denominador de los que hacen

El ejercicio de derechos a través de la toma de la palabra es el común denominador de los que hacen "Tardes nuestras".

Comunicar utopías

El programa no se priva de ciertos lujos y cuenta con corresponsales nacionales e internacionales. Andrés Otaduy es el corresponsal desde Oliveros y en diálogo con La Capital se presenta así: “Soy Andrés, descendiente de vascos, italianos, gallegos, y mi tatarabuela era aborigen de la zona de San Luis. Soy psicólogo, recibido en la Universidad Nacional de Rosario hace 29 años. Soy padre de 4 hijos y tengo 4 nietos. He viajado por el mundo y por el país, he escrito libros no publicados, he dibujado y pintado, he bailado por lo menos 40 ritmos y he enseñado bachata. He tocado el cajón peruano, he estudiado piano, me encanta cantar, estuve en el coro estable de Rosario. Después de unos años me he vuelto a enamorar. Me interesa la política y he militado en el peronismo, al que sigo admirando y con el que participo cuando puedo”.

Andrés también se define como un activo defensor de los derechos de los usuarios de salud mental, en favor del cumplimiento de la ley nacional y por el cierre de los manicomios. Se sumó al programa hace tres meses y le encanta participar haciendo entrevistas. “La radio —dice— significa una forma de comunicar ideales, utopías y proyectos”. En breve además de su participación en el programa de la FM Aire Libre comenzará a trabajar en una radio de la localidad de Maciel.

“Tardes nuestras” también cuenta con corresponsales internacionales, que al igual que los columnistas son usuarios de salud mental. El encuentro de desmanicomialización al que asistieron el año pasado favoreció el surgimiento de esos contactos que enriquecen el programa: un corresponsal que trasmite una vez al mes desde San Pablo (Brasil), y otro desde Chile.

   

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"Tardes nuestras" se emite desde hace 15 años por la FM Aire Libre, todos los miércoles a las 14. Un proyecto colectivo por el derecho a la expresión.

De logros y convicciones

El ejercicio de derechos a través de la toma de la palabra es el común denominador expresado por los miembros del equipo a la hora de destacar lo logrado a lo largo de estos 15 años.

Eduardo Mutazzi señala como principal logro del proyecto colectivo su trascendencia en el tiempo, y afirma: “Durante estos años muchos usuarios de salud mental han sido parte del programa, la participación ha sido enorme. Mas allá de las personas y los actores, lo importante es que el proyecto ha sabido perdurar en el tiempo”.

El docente también destaca la importancia que tuvo para el proyecto colectivo la radio comunitaria, y manifiesta su agradecimiento a la FM Aire Libre por haberles abierto las puertas aún cuando sabían que lo que proponían se haría totalmente a pulmón. Como en los inicios, cuando hacían un programa de tres horas que era una verdadera maratón.

Sobre las dificultades, Eduardo cuenta que en general son de naturaleza presupuestarias. Pero no pone el acento en ellas, prefiere destacar los aspectos positivos de lo cosechado tras más de una década de trabajo. La capacidad de generar redes es otro logro, dice: “Establecimos contacto con la red de usuarios, trabajadores de la salud mental y universidades. También hicimos vínculos con una radio de Uruguay que tiene un proyecto como el nuestro. Además formamos parte de la red de radios en salud, a través de un programa de extensión de la Universidad Nacional de Rosario, y tenemos amplios lazos con otras instituciones barriales donde se atienden distintas problemáticas, y nosotros comunicamos en su beneficio cada vez que podemos”.

El psicólogo se siente orgulloso de la trascendencia en el tiempo de “Tardes nuestras”, porque su permanencia en el aire reafirma la convicción que como trabajador de la salud mental viene sosteniendo desde hace años: que otra clínica en salud mental es posible, a partir de la creación, el arte y la cultura.

“Cuando muchos profesionales pensaban que esto era una locura, darles voz a los pacientes y espacio para decir lo que tenían ganas, seguimos adelante y no nos pararon a pesar de las críticas”, cuenta. Sostener este tipo de proyectos desde el espacio público no solo marca una forma de trabajo sino también lineamientos en políticas públicas necesarias. “No buscamos rating, buscamos orejas, nos interesa que nos escuchen”, dice Eduardo a la hora de defender un proyecto colectivo que a lo largo de estos años le dio voz a aquellos que no la tienen en los medios tradicionales.

“Tardes nuestras” nunca dejó de salir al aire. Ni las críticas de cierto sector de la academia, ni la pandemia lograron frenar el proyecto colectivo que cumple 15 años comunicando a la comunidad. Con esa irreverencia que tienen las convicciones fueron abriéndose camino y fue creciendo el espacio. Un proyecto que a fuerza de palabras pelea por una vida más digna para el otro, que lucha contra el estigma de la locura y del diferente, y como lugar de encuentro para todos aquellos, que como cita el programa, no tienen razón, pero la hacen.

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