Educación

Un manual que nace de la práctica

Docentes del Poli escribieron un manual de educación ambiental para promover buenas prácticas en la escuela.

Sábado 12 de Octubre de 2019

Un manual sobre educación ambiental (EA) que nace de la práctica. La semilla que da origen al libro es la acción, el hacer, y a partir de ahí, como brotes, sus páginas construyen teoría. Una publicación que narra experiencias en donde los estudiantes son protagonistas: preparan la tierra para sembrar, reciclan pallets, recolectan especies de plantas para construir un herbario. Eso es Ambiente y Tecnología, el libro sobre EA para nivel medio escrito por las docentes del Politécnico Nélida Skindzier, María Fernanda García, Érica Lugo y Andrea López.

Publicado por Mar Serena Ediciones, la producción refleja el trabajo interdisciplinario y sostenido que desde 2014 llevan adelante en el Poli este grupo de profesoras. Una tarea pedagógica que tiene como objetivo, desde una mirada crítica, generar conciencia sobre el deterioro del ambiente, problematizar los sistemas de consumo —que aparecen como si fueran naturales— y generar, a partir de la acción, cambios de conductas y estilos de vida que favorezcan el cuidado del planeta. “Educar para la vida más allá de los saberes científicos”, propone el libro, que tiene el doble propósito de promover la formación docente en EA y de replicar estas experiencias de aprendizaje para que cada vez haya más escuelas verdes en la ciudad.

Acciono, luego aprendo

El manual, que tuvo su presentación oficial ayer en el Poli y que está disponible en librerías (Buchín y Homo Sapiens), aporta un marco teórico para pensar la noción de ambiente, explica qué es la EA y cuáles son sus fundamentos.

Según cuentan sus autoras, la EA como tal, no está sistematizada en la currícula de ninguna escuela. ¿Qué quiere decir eso? “Que la incorporación de los temas ambientales queda muchas veces a criterio de cada docente y, si se da, es en función de la formación de cada uno. No hay una forma de trabajo preestablecida. En las escuelas generalmente está planteado el abordaje de las problemáticas ambientales pero en forma descontextualizada, sin una mirada crítica. Sin la propuesta de soluciones con los alumnos, que es lo que nosotras trabajamos en este libro”, explica Lugo, profesora de geografía y coautora del manual. Allí se defiende la idea de una escuela que pueda formar ciudadanos críticos del sistema que origina los problemas ambientales y al mismo tiempo, sujetos propositivos, que participen en la construcción de nuevas propuestas para revertir esos efectos.

Para las autoras, la EA tiene mucho para aportar en esa tarea, ya que combina el aprendizaje de contenidos con la realización de acciones concretas para mejorar la vida en la comunidad. “Trabajamos para la acción y no sobre la base de supuestos teóricos que quedan encajonados en carpetas y no tienen trascendencia”, agrega Lugo.

La frase encuentra su correlato en el libro, que se dedica a detallar de manera minuciosa las buenas prácticas ambientales que desde hace cinco años se implementan en el Poli. Los relatos sobre el diseño de una terraza verde en la escuela, la elaboración de un herbario, la construcción de jardines verticales con materiales reciclados y el armado de una huerta orgánica, dan cuenta de un trabajo coordinado y sostenido entre distintas materias, docentes y cursos que combinan sus saberes y especialidades en pos de un proyecto en común. “Es un desafío bastante importante porque requiere de todo un entramado institucional, de objetivos, de actores sociales educativos, de todos los que formamos el cuerpo docente e incluso con la comunidad. Estamos formando a un estudiante integral. Los estamos preparando para la vida porque no solamente se dan los contenidos, sino que se trata de trabajar en un cambio de acción, de valores, y de mostrarles que hay posibilidades de generar acciones que permitan un ambiente más saludable y sostenible”, dice Skindzier, coautora y magister en sistemas ambientales. Para la profesora de geografía, la comunidad educativa que participa de estos proyectos siente que es protagonista de algo, que forma parte de un colectivo: “Pienso que es una de las mejores maneras de aprender porque una persona aprende en la medida en que genera acciones que pueda comprender, que sean significativas para su propia vida”.

Con el propósito de que este libro funcione como material de consulta para sus colegas, las profesoras dedican uno de los capítulos a explicar cómo se diseñan y se planifican los proyectos educativos y las propuestas metodológicas, y pormenorizan paso a paso cada una de las etapas a tener en cuenta: qué hacer, por qué, para qué, cómo, con qué recursos y con qué objetivos. La intención es que la reciente publicación “llegue a la mayor cantidad de docentes y alumnos posibles para que en otras escuelas se puedan replicar estas prácticas, quizás no con los mismos proyectos que se están haciendo acá, porque cada escuela tiene necesidades y recursos distintos, pero sí que puedan surgir opciones y alternativas que puedan contrarrestar los efectos negativos de lo que implica esta forma de vida y de consumo”, dice Lugo.

manual5.jpg

Entre todes

Después de la lectura del libro queda claro que implementar este tipo proyectos educativos implica la voluntad y el compromiso de muchos actores sociales: docentes, estudiantes pero además directivos, que habiliten en las instituciones el espacio y los recursos para desarrollar las iniciativas. Y a su vez, la coordinación con otros profesionales que son externos a la escuela, como organismos estatales y empresas, que son clave para brindar información y muchas veces materiales útiles para llevar a cabo las propuestas. “Es una responsabilidad porque implica un trabajo fuera de horario y conciliar un montón de cuestiones, incluso paradigmáticas. El mayor desafío es lograr el trabajo interdisciplinario. Acá trabaja un montón de gente con horarios, rutinas y capacidades distintas y yo creo que el mayor desafío está ahí, en lograr que cada uno haga su aporte y tome un compromiso”, opina Lugo y dice que, en general, las escuelas se limitan a lo disciplinar porque “es más cómodo, más sencillo, cada uno lo hace desde su espacio curricular, sin la necesidad de establecer relaciones ni lazos con otros”. Para ella es necesario desarmar esa lógica: aceptar las limitaciones que tiene cada disciplina, aprender de los saberes que traen otras compañeras docentes y generar en la escuela algo distinto y colectivo. Pero la pregunta que asoma ante ese desafío es ¿Es fácil lograr eso en las escuelas? “Es fácil en la medida en que cada uno ponga su voluntad y quiera participar de manera interrelacionada y no siendo el centro. Acá un poco que se dejan de lado los estrellatos porque cuando se ponen los egos en escena, ahí se pierden la posibilidad de interrelacionar saberes”, dice Skindzier y señala que la mejor receta para trabajar la EA es esa y pensar siempre en las y los estudiantes.

Sobre las expectativas de circulación del libro, las profesoras anhelan que llegue a la mayor cantidad de colegas posibles pero además, que pueda incorporarse a las currículas de las escuelas como un aporte académico y metodológico, como material bibliográfico para desarrollar la EA. “Nos gustaría que algún momento las cuestiones ambientales estén incorporadas a las currículas desde una decisión ministerial, provincial y que sea una cuestión obligatoria porque es de suma urgencia”, dice Lugo. A su lado, Skindzier agrega: “Todos tenemos intervención en el ambiente, formamos parte de él y como ciudadanos tenemos que pensar otro tipo de prácticas que no lo dañen. Pensar en un presente y en un futuro donde podamos vivir todos de otra manera, no deteriorando al ambiente que es nuestra casa, que es la casa de todos”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario