educación

"Paulo Freire aporta enfoques para entrar en la disputa de cómo va a ser la educación de la pospandemia"

El especialista Pablo Imen reflexiona sobre la actualidad del pensamiento del pedagogo brasileño.

Sábado 20 de Febrero de 2021

El próximo 19 de septiembre se cumplen cien años del nacimiento de Paulo Freire, el educador brasileño nacido en Recife y figura indispensable de la pedagogía latinoamericana. Cómo recordarlo, cuál es su legado y cómo ayuda a pensar la educación del presente atravesada por la pandemia son algunas de las puntas sobre las que reflexiona Pablo Imen, docente de la Universidad Nacional de Luján y vicerrector de Instituto Universitario de la Cooperación.

Autor de La escuela pública sitiada y Una pedagogía para la solidaridad, entre otros libros, Imen propone volver a Freire desde las disputas actuales. Y sobre el autor de Pedagogía del oprimido sostiene que “aporta un enfoque filosófico, político, epistemológico y metodológico para entrar en la disputa de cómo va a ser la educación de la pospandemia”.

Imen invita también a leer filosóficamente la pandemia “como una gran pedagogía de este tiempo histórico, porque revela realidades que ya se hacen intolerables”. “Como educador —dice— siempre hago de la vida un proceso pedagógico, aprendiendo incluso de las cosas horrendas que nos pasan, y la realidad es una gran escuela si uno está dispuesto a aprender”.

En este marco, Imen advierte que “el neoliberalismo viene con una serie de iniciativas en un proyecto educativo orgánico, que apunta a avanzar en procesos de individualización, mercantilización y una pedagogía tecnocrática que la resume perfectamente el movimiento de homeschooling o educación en los hogares, con una computadora, un tutor y un paquete pedagógico”. Para el docente, ese hecho viene a alertar sobre el papel de lo virtual desde el esquema neoliberal. “Pero en vez de decir que no queremos lo virtual —aclara—, la respuesta tiene que ser cómo aprovechamos lo virtual para una pedagogía emancipadora”.

—En ese escenario de discusión, ¿qué puede aportar el centenario del nacimiento de Paulo Freire?

—Un montón. Hay un refrán popular que dice que lo único seguro es el futuro, porque el pasado cambia todo el tiempo. Más allá de que la primera parte es una ironía, es cierto que la lectura del pasado está siempre condicionada por las urgencias del presente. Por eso me parece interesante discutir a Paulo Freire en un momento en el que está todo en discusión, y la pregunta fundamental del para qué la escuela y la educación. Siempre los individuos trascendentes nos impactan, pero en verdad encarnan procesos colectivos e históricos. Muchos de los enfoques que propuso Paulo Freire los veo en Simón Rodríguez, José Martí o en Antón Makarenko. Freire es un gran símbolo, pero que debe ser entendido como parte de un continuo histórico, de pedagogos y pedagogías que dejaron huellas. No sé cuánto leyó Freire de Simón Rodríguez, pero hay un foco principal de Freire que es la pregunta por el sentido político de la educación y la afirmación de que la educación es un acto político, lo que presupone unos valores y un sentido de la práctica pedagógica. Hoy la pedagogía hegemónica es un refrito aggiornado al siglo XXII de la educación tradicional, la lógica de un dispositivo que dice que hay que medir a todos sobre la base de haber adquirido cierto conocimiento. Como la pedagogía de las pruebas Pisa, que pone en el centro un conocimiento a transmitir incuestionable que el docente embute en el cerebro de los alumnos, y ellos repiten en el examen. Frente a esta idea presuntamente cientificista, neutral y tecnocrática, Freire nos vuelve a replantear el sentido político de nuestra acción pedagógica. Ahí hay un primer aporte muy fuerte. El segundo es su perspectiva filosófica y epistemológica, que pone en cuestión cuál es el conocimiento válido y legítimo que debe circular en el acto educativo. Ahí aparecen otros elementos valiosos que después se traducen en un método, en una didáctica, que también da elementos para pensar nuestra práctica actual. En este sentido podría decir que Freire nos aporta un enfoque filosófico, político, epistemológico y metodológico para entrar en la disputa de cómo va a ser la educación de la pospandemia.

—Eso habla de cómo debería recordarse, ver la actualidad de ese pensamiento.

—Hay muchos modos de divisar un legado histórico. Uno es ignorarlo y otro es reducirlo a un bronce al cual hay que rezarle y recuperar sus textos como quien lee una Biblia, sin utilidad para entender el presente. Hernán Ouviña, en uno de los textos que trabajamos juntos, dice que traducir es un poco traicionar. Y nosotros en verdad tenemos que leerlo a Paulo Freire y a cualquier pedagogo en esa clave. Salvo que querramos hacer un estudio de otro tipo, más histórico. Siempre me pregunto cómo le gustaría a Paulo Freire que lo recordáramos y creo que lo que menos le gustaría sería que nos dedicáramos a repetir sus textos como loros y loras, sino que lo mantuviéramos vivo en sus preocupaciones de entender la educación como un lugar de disputa. En ese sentido, la lectura de los pedagogos y pedagogas que nos antecedieron tienen que ser lecturas vivas, irreverentes, que nos permitan pensar la práctica, incidir en las luchas y construir alternativas. Los otros son homenajes valiosos, no lo voy a negar. Creo que reivindicar su memoria es valioso, pero actualizarlo me parece que es respetar su legado. Que es disputar la educación como una práctica política. Él dijo que la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que pueden cambiar el mundo. Me parece que desde esa concepción de la educación como praxis, como práctica reflexiva, política y cultural, la mejor lectura que podemos hacer de Freire, y con la que él seguramente coincidiría, es cómo traducir sus aportes a las disputas actuales.

—Para quien quiera acercarse por primera vez a Freire, ¿por dónde sugerís arrancar?

—Es una pregunta difícil, porque no hay un lector homogéneo y porque la obra de Freire fue evolucionando. Él mismo se hizo autocríticas en los últimos libros sobre cosas que sostuvo en los primeros. Por otro lado hay millones de interpretaciones. Es como Marx en el campo educativo. Tenés Freire para la academia, para los movimientos sociales y para la política educativa. Entonces, tanto porque él mismo fue cambiando y cambió su obra, como porque existe una cantidad enorme de miradas sobre la obra de Freire, es que es muy difícil sugerir una propuesta concreta. A mis estudiantes de la Universidad de Luján les digo que si lo van a leer de verdad traten de leer sus libros en el orden de escritura en el que los fue desarrollando, empezando por Pedagogía del oprimido. Ahí hace una crítica fundamentalmente a las vanguardias revolucionarias de los socialismos reales y no existe más, salvo China. Pero es un fenómeno de la década del 70. Tal vez lo que hay que hacer con Freire es enseñar a leer críticamente los textos en cada contexto histórico y traducirlos a la actualidad.

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