Educación

Pakapaka, una señal educativa cada vez más chica

Falta de presupuesto y desarme de áreas hacen peligrar la continuidad del canal creado por el Ministerio de Educación

Sábado 29 de Septiembre de 2018

—¿Sabés cuándo Javier Villafañe se hizo poeta?

—No —le respondió la mamá.

—Fue cuando escribió esta canción: "Cuando yo sea grande seré marinero. Ahora estoy jugando que este es un barco y navego, navego".

—¿Eso aprendiste hoy en la escuela? —le consultó.

—No, eso lo aprendí en Pakapaka.

La televisión es clave en la vida cotidiana de los chicos. Beth Carmona dice que, ahora, conocen el mundo a través de una pantalla: un celular, la computadora, una tableta, el televisor. Sin embargo, en un panorama de medios plagado de señales que provienen de los Estados Unidos —Cartoon Network, Disney Junior, Discovery Kids, Disney XD, Disney Channel, Nickelodeon— o programas emitidos por los canales privados (quién no recuerda "Piñón en familia" o "Panam y circo"), la primera señal infantil pública creada por el Ministerio de Educación de la Nación mostró, con su llegada, que una nueva forma de narración era posible también para las infancias.

Pakapaka surgió como una franja dentro de Encuentro, el primer canal público, cultural y educativo, que creó en el Ministerio de Educación en 2005. Unos años después, se transformó en una señal con marca propia: fue el 17 de Septiembre de 2010, con emisiones las 24 horas por los sistemas de cable y la TDA (Televisión Digital Abierta), aunque Cablevisión (la mayor empresa de televisión por cable del país) se resistió poco más de un año a subir la señal a la grilla. Su nombre lo identificó, rápidamente: el juego de las escondidas, en quechua.

Hasta este momento, ninguna de las señales de las televisoras por cable reflejaba lo que pasaba con las infancias en la Argentina: los contenidos eran uniformes, no propiciaban el diálogo, la pausa o el silencio, ni tampoco ritmos o narrativas diferentes para los chicos y chicas. El proceso de creación de Pakapaka, en cambio, escuchó a especialistas como Patricia Redondo o María de los Angeles "Chiqui" González.

En globo por el globo, Noti Pakapaka, Los mundos de Uli, S.O.S. Mediadores, Feria de variedades, Calibroscopio, Medialuna y las noches mágicas, Minimalitos, Siesta, Un dibujo muy animado, Misión aventura, Inventia, Listo el pollo o La lleva Latinoamérica (una coproducción entre Colombia, México y República Dominicana) fueron algunos de sus programas más originales. Un capítulo aparte se puede llevar, completo, el fenómeno de La asombrosa excursión de Zamba, el niño de Formosa que viajaba por la Historia y propulsó el acercamiento a temas bien complejos: desde la dictadura militar hasta el genocidio armenio. El mismo que entró en las escuelas y por el que, aún hoy, muchos niños y niñas eligen calzarse las charreteras coloradas de Juana Azurduy o empuñar el sable de José de San Martín.

Los padres y las madres, por su parte, no solo aplaudieron los contenidos de la señal infantil: también se mostraban agradecidos por la falta de publicidad y porque los niños no fueran un engranaje más en la larga, larguísima, lista del consumo propuesto por las interminables tandas y propagandas de juguetes, estereotipados, poco accesibles. También porque la pantalla reflejaba las tonadas y los modos del habla propia de los niños de Córdoba, Santiago del Estero, Neuquén o Salta. Un espejo, por fin, donde mirarse: que en lugar de jalar se dijera tirar, los emparedados fueran sándwich, los llamados che en lugar de oye, o que cuando sintieran un poco de frío en lugar de arrópame se pronunciara el más doméstico tápame. Sin carrousel, neveras, apetitos o pasteles.

Pero Pakapaka no solo ofreció estos nuevos contenidos en sus pantallas y permitió pensar a los niños como sujetos de derecho, plurales, diversos, con quienes dialogar desde la escuela, el patio, la casa o la vereda. También fue un disparador para pensar, educar y entretener a sus audiencias con valores, rituales y símbolos: un cambio de sentido al pensar a los televidentes como ciudadanos y no como meros consumidores. Los portales www.pakapaka.gob.ar y www.rondapakapaka.gob.ar, los mini sitios y la presencia en las redes sociales, para vincular la televisión con las tecnologías de la información y de la comunicación; y, fuera de la pantalla, los parques de diversiones, kermesse y musicales inspirados en sus series, fueron otras herramientas de la propuesta.

Las producciones subieron la apuesta y se notó: fueron galardonadas con premios internacionales como Nuevas Miradas a la Televisión, Expotoons, Prix Jeunesse Iberoamericano, entre otros, y hasta se creó una cátedra, Realización y Producción de Cine y Televisión para Niños, en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. Pakapaka se convirtió, en el transcurso de estos años, en una referencia indiscutida para las televisoras de América latina: se replicaron experiencias en Ecuador con Educa TV o la señal Veo Veo.

Sin embargo, el ministro Hernán Lombardi, a cargo del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, lo advirtió apenas asumió su puesto, el 10 de diciembre de 2015, cuando dio una entrevista por Todo Noticias (TN): "Me parece que tener un esquema de la televisión pública dedicado a los niños y a la educación está fantástico, (pero) cuando uno mira cómo se ha ideologizado y ve el discurso de lo que sucede ahí, yo invito a los que no lo vieron que lo vean", dijo. Pakapaka —como Encuentro y DeporTV— sufrieron, desde el principio de la gestión PRO-Cambiemos, todo tipo de transformaciones. En los primeros meses de gobierno, tanto Educación (Esteban Bullrich) como Medios Públicos (Hernán Lombardi) se disputaron el control de los canales. En ese momento, de hecho, Educ.ar Sociedad del Estado quedó a cargo de Guillermo Fretes, el CEO de Despegar.com —una empresa de turismo y viajes— (que renunció a su cargo hace un par de semanas atrás).

Sin debate y por un decreto, el 1.222, que fue firmado un año después, a mediados de diciembre de 2016, se zanjó aquel problema: el documento "Contenidos Públicos Sociedad del Estado" cambió la dependencia y la orientación de las tres señales educativas (Encuentro, Pakapaka y DeporTV), además de ACUA y BACUA, que pasaron a depender de manera exclusiva de la jefatura de Gabinete (Marcos Peña) y Medios y Contenidos Públicos (Hernán Lombardi). Los cambios se realizaron por decreto pese a que fueron aprobados con un amplio consenso en su momento: fueron publicados en el Boletín Oficial, sin respaldo ni sanción del Congreso, pese a que también modificaba y salteaba la Ley Nacional de Educación 26.206 aprobada en 2006, donde uno de sus artículos, el 102, marcaba la creación de estas señales; y que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) fue aprobada en 2009, tras un largo debate, y validada por la Corte Suprema de Justicia en 2013.

Si los contenidos de las señales públicas fueron creados originalmente para fortalecer y complementar el sistema educativo con las nuevas disposiciones y el decreto se terminó por perfilar un cambio de rol en sus funciones (que tampoco nunca quedó claro: ¿Quién lo regula? ¿Para qué? ¿Con qué fines?). El área de Accesibilidad de las tres señales (Encuentro, Pakapaka y DeporTV) fue completamente desmantelada y lo mismo ocurrió con Calidad: la planta de trabajadores se redujo a menos de la mitad. Los presupuestos también sufrieron una baja tan devastadora que hasta hace peligrar la misma continuidad de la señal: Pakapaka pasó de 101.626.748 pesos en 2016 a 36.499.652 en 2017 (casi dos tercios menos) y, en lo que va de 2018, alcanzó su mínimo histórico: solo 6.583.231 pesos.

La producción de la señal infantil, en solo tres años, bajó hasta un 75 por ciento: de 87,60 horas de producción propias (19 series y 7 microprogramas, muchos realizados durante la gestión anterior) en 2016, se pasó a menos de la mitad: 37,55 (8 series, 5 micros y una app) en 2017. La cifra de 2018, hasta ahora, es de seis producciones propias (seis series y 2 microprogramas), con un total de 22.75 horas. Esa poética de la imagen que era tan clara en Pakapaka, se transformó en un logo insulso, muy lejos de aquel que retomaba la estética del collage referida al universo de los chicos, con colores vibrantes y una técnica de animación poderosa, que marcaba esa caja de cartón que, de manera muy simple, invitaba a jugar, aprender y divertirse. La misma que se transformaba en una cueva en medio de la montaña, una nave interestelar o una casa para guarecerse con los amigos. La que hablaba del poder de la imaginación. Una que no vaticinó lo que, hoy, después de ocho años, refleja esta pantalla.

(*) Autora de "La otra pantalla: educación, cultura y televisión 2005- 2015", Ediciones Educ.ar, 2015

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