Reforma universitaria

La Reforma de 1918: de Córdoba a Latinoamérica

La rebelión estudiantil dejó como legado una universidad pública con una gran vitalidad institucional.

Sábado 16 de Junio de 2018

El 15 de junio de 1918 la Universidad Nacional de Córdoba estaba eligiendo un nuevo rector. Los estudiantes, y parte del profesorado esperaban que fuera consagrado el Dr. Enrique Martínez Paz, alguien dispuesto a llevar adelante algunas reformas en la estructura y los planes de la universidad. Sorpresivamente ganó Antonio Nores, un hombre que representaba los sectores más conservadores y clericales de la sociedad cordobesa. Los estudiantes irrumpieron la sala en la que se estaba eligiendo un nuevo rector y sabotearon el acto.

Inmediatamente se convocó una asamblea que decretó la huelga estudiantil y estalló la Reforma Universitaria, un movimiento que trascendió en tiempo y espacio la rebelión cordobesa. No fue casualidad que se originara en la Universidad de Córdoba, la más antigua del sistema universitario de ese entonces y la menos permeable a los cambios políticos y culturales que se habían dado en otros lugares, como la Universidad de Buenos Aires que ya había tenido su propia reforma en 1904 y 1906. Esta consistió en una democratización del gobierno de las universidades, dándole participación a los profesores. Hasta ese momento el monopolio de la autoridad de las universidades lo tenían las llamadas Academias, grupos de profesionales que estaban vinculados al poder político y económico dominantes y que casi ni participaban de la vida universitaria. La designación de profesores, los planes de estudios, los reglamentos, los presupuestos dependían de la decisión de este apéndice del régimen oligárquico.

Córdoba para 1918 no había sufrido ninguna transformación, las academias y la Iglesia Católica dominaban la vida universitaria. Las protestas estudiantiles habían comenzado a fines de 1917, ante la supresión del internado del Hospital de Clínicas, por razones de "economía y moralidad", según sus autoridades. Los estudiantes reclamaron y pidieron hablar con las autoridades y no fueron recibidas. Al año siguiente hubo movilizaciones callejeras y huelgas y se formó un Comité pro-Reforma. Las demandas eran de una mayor democratización de los claustros, la participación de docentes y estudiantes en el gobierno de la universidad y la posibilidad de implementar cursos "libres" y cátedras paralelas. La situación llevó a que el presidente Yrigoyen decidiera enviar un interventor: José Nicolás Matienzo, que atendió parcialmente las demandas estudiantiles, y redactó un nuevo estatuto que incluía la representación directa de los profesores e indirecta de los estudiantes.

En ese marco se dio la elección del 15 de junio, en la que los reformistas propusieron la candidatura de Martínez Paz. Pero la oligarquía de las academias y los poderes locales opusieron una tenaz resistencia y proclamaron ganador a su candidato. Esta intransigencia sólo logró radicalizar el movimiento de rebelión estudiantil.

Esa oligarquía no había entendido que los tiempos estaban cambiando en el mundo y, especialmente en Latinoamérica. En primer lugar, se estaba produciendo el paso de la política de las élites a la política de masas, y un consecuente proceso de democratización que se expresó en la ampliación de derechos políticos y sociales.

En segundo lugar, se había producido recientemente la primera guerra mundial, que puso en entredicho la idea del progreso, tan cara a las elites latinoamericanas. Europa fue el faro de la civilización durante el siglo XIX, y en 1914 se vio envuelta en una guerra que desató una barbarie hasta entonces inédita. Parte de esta guerra fue la Revolución Rusa, que cuestionó el modelo civilizatorio capitalista oponiéndole en 1917 su destrucción y reemplazo por el socialismo. La crisis del mundo europeo generó una oleada "latinoamericanista", a la que se subieron intelectuales, políticos y artistas que empezaron a revalorizar nuestro continente.

En la Argentina la democratización se había producido recientemente con el triunfo de Hipólito Yrigoyen en las elecciones de 1916, expresando las demandas de inclusión ciudadana de los sectores medios. Esas demandas se trasladaron a instituciones como las universidades, a las que habían empezado a ingresar esos sectores. Por ello resultó intolerable para los estudiantes cordobeses el elitismo de su universidad. Pero la misma resistencia de la oligarquía cordobesa, los llevó a salir de los claustros a las calles, a buscar alianzas con obreros, intelectuales, otros estudiantes del resto del país y finalmente con el resto de Latinoamérica.

De esta manera el movimiento se extendió a Buenos Aires, La Plata, Tucumán y nuestra provincia. Aquí en realidad había una Universidad Provincial de Santa Fe, históricamente vinculada al colegio jesuita de La Inmaculada. Estudiantes y docentes de esa universidad lucharon por la reforma y nacionalización. En la ciudad de Rosario, se habían planteado varios proyectos de universidades que no fueron consumados, pero finalmente surgió la creación, en 1919 de la Universidad Nacional del Litoral, que nació al calor de la Reforma. Para 1920 todas las universidades argentinas tenían en sus estatutos incluidos los principios del reformismo, la autonomía, el cogobierno docente estudiantil, la docencia libre, la periodicidad en cátedra, el incentivo a la investigación y la extensión.

La reforma traspasó los límites de nuestro país y fue tomado como bandera, con distinta suerte por estudiantes e intelectuales de casi toda Latinoamérica. En Perú el movimiento estudiantil logró que el gobierno democratizador de Augusto Leguía aceptara sus demandas. Pero luego ese mismo gobierno se convirtió en dictadura y dio marcha atrás con la reforma. Esta clausura radicalizó aún más al estudiantado y la intelectualidad peruana, creándose un partido que nació al calor de la Reforma: el APRA. Su líder, Víctor Raúl Haya de la Torre soñó con un partido latinoamericano, pero luego fue el primer partido político moderno del Perú y elaboró el primer programa político antiimperialista y populista. Polemizó con otro peruano, José Carlos Mariátegui uno de los grandes pensadores latinoamericanos, que se planteó las primeras hipótesis acerca de las particularidades de la lucha por el socialismo en las sociedades amerindias.

En Cuba, la Reforma fracasó más rápidamente y también generó diversos partidos populistas y la fundación del Partido Comunista por Julio Antonio Mella, uno de los más importantes. En México, el gobierno revolucionario adoptó los principios reformistas en las universidades, para lograr el apoyo de parte de los intelectuales.

Como ha señalado Juan Carlos Portantiero (1) en un texto clásico, la Reforma en la Argentina no significó grandes cambios en el panorama político, más allá de las pretensiones de sus protagonistas. Sí dejó una marca a fuego en la estructura y en la cultura interna de las universidades argentinas. Por ello se puede decir que trascendió su propio tiempo. Su propuesta organizativa de la universidad tuvo plena vigencia en los dos gobiernos de Yrigoyen, fue limitado en el gobierno de Alvear y clausurada durante la dictadura de Uriburu. En el período de los gobiernos neoconservadores de la década del 30 volvió a tener vigencia, convirtiéndose en islas democráticas en las que tuvieron su lugar exiliados del fascismo europeo. En la Universidad Nacional del Litoral investigaron y dictaron clases el matemático Beppo Levi, el historiador de la ciencia Aldo Mielli y el jurista Luis Jiménez de Asua.

El primero peronismo eliminó la autonomía y el cogobierno, permitió la injerencia de la Iglesia Católica, realizando una persecución política de profesores que privó a nuestras universidades de importantes científicos como Bernardo Houssay, Juan Garrahan, Emilio Ravignani, y Francisco Romero, entre otros. Sin embargo, cumplió en parte con las aspiraciones inclusivas de la Reforma: eliminó el arancelamiento, las restricciones al ingreso y estableció un sistema de becas para alumnos de bajos recursos. Creó también la Universidad Obrera, vinculada estrechamente a la producción, ya que era condición ser obrero para poder cursar en ellas y se daba el título de ingeniero. Las universidades se convirtieron en masivas y las consecuencias fueron que la Argentina se convirtió en uno de los países con mayores títulos universitarios por habitante del mundo.

Las universidades volvieron a ser reformistas entre 1958 y 1966 en lo que fue un período de auge y una nueva modernización de las universidades argentinas. La oscuridad volvió con la llamada "Noche de los Bastones largos", de la dictadura de Onganía que expulsó a una parte importante del profesorado universitario. Algunos volvieron con el breve gobierno democrático del peronismo del 73, pero la dictadura militar del 76 volvió a clausurar el ciclo. Finalmente la apertura democrática de 1983 inauguró la etapa de mayor continuidad de los principios organizativos de la Reforma.

La rebelión estudiantil de 1918 fue la primera en su tipo a nivel mundial, hubo que esperar 50 años para que en Francia se desatara un movimiento de características similares. Y dejó como legado una universidad pública con una gran vitalidad institucional, donde la libertad, la democracia y el compromiso con la sociedad, no son incompatibles con la calidad de su enseñanza e investigación. Por ello todos los intentos de despolitizarla o de convertirlas en islas tecnoburocráticas fracasaron.

(*) Profesor de Historia Latinoamericana en UNR y UNER

(1) Portantiero, Juan Carlos Estudiantes y política en América Latina Siglo XXI, México, 1978.

Staff

Producción y edición periodística: Marcela Isaías y Matías Loja. diagramación: Jorgelina Cerrutti. Retoque fotográfico: Jorge Pendino.

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