Educación

La escuela en casa en tiempos de pandemia

La tarea escolar se suma a la del cuidado familiar que impone la coyuntura del aislamiento social.

Sábado 28 de Marzo de 2020

Ante la irrupción del trabajo pedagógico en casa el primer paso a considerar es la necesidad de explicar con claridad el motivo por el que vamos a estar sin salir durante un tiempo, qué es el coronavirus, la vigilancia y los recaudos que deben tener quienes se quedan y quienes salen de casa. Los cuidados requeridos se sostienen en un vínculo de confianza y sinceridad, no de amenaza y miedo. El miedo nunca es buen consejero, suele generar más temor e inmovilización.

Necesitamos, todos, poner a rodar palabras que informen, calmen y permitan comprender el cambio de vida impuesto, es necesario que circule la palabra que serena. Explicar que todos estamos comprometidos y que el hecho de no ir a la escuela no es que estemos de vacaciones sino todo lo contrario, nos estamos cuidando y protegiendo ante una situación de emergencia sanitaria que requiere de la colaboración de todos, por eso desde la escuela nos mandan las actividades y las clases siguen en casa.

Además de la gran amenaza que representa la pandemia una cuestión, no menor, que preocupa a los padres es la pérdida de los contenidos pedagógicos. Los contenidos son importantes, sí, pero también se pierden muchas otras cosas muy importantes.

De un día para el otro se desvanece el entorno cotidiano extrafamiliar, no más escuela, no más club, no más vereda, casa del vecino, plaza, iglesia, cumpleaños ni reuniones. Se disipa la rutina que ordena la vida, que marca temporalidad, que separa días hábiles de fin de semana, actividades pedagógicas de sociales, recreativas o deportivas y la vida se restringe a un continuo inespecífico al interior de los hogares.

De la escuela faltan los compañeros, el recreo, la merienda, la seño de música, el profe de educación física, los porteros; de la vida fuera de casa los amigos, los vecinos, los abuelos, primos, entrenadores y tantos más. Y esto no es sin efecto en la vida de todos.

La docencia ha dado muestra de un gran compromiso y responsabilidad al plantear trabajos a sus alumnos con una premura inédita.

La tarea escolar se suma a la tarea de cuidado familiar que impone la coyuntura. Repartir labores entre los adultos permite cumplir con este acompañamiento sin sobrecargar innecesariamente a ningún miembro del grupo familiar, en particular mujeres que es sobre quienes recaen mayormente.

Para poder articular este trabajo en casa es conveniente:

• Encontrar un adulto responsable y dispuesto que se erija como referente en casa. De ser tarea compartida consensuar ciertos criterios básicos.

• Fijar lugar y horario de trabajo que de marco y ordenamiento al trabajo pedagógico, algo de lo exogámico se torna endogámico y confunde, de ahí la necesidad de sostener este espacio con la rigurosidad que requiere la labor escolar. De ser posible sostener el horario escolar habitual.

• Anticipar las actividades de cada día, programar el tiempo de trabajo y la distribución de las tareas, incluso incluir un recreo, para bien de todos.

• Sostener hábitos de trabajo pedagógico. Apagar pantallas, preparar los útiles, el material de trabajo. Disponerse a estar durante un rato atentos a las cuestiones escolares.

• Sustentar el lugar del aprendiente como sujeto autónomo. Que cada uno se haga cargo, dentro de sus posibilidades, del manejo de la mochila, de los útiles, los libros, el material etc.

• Intentar que trabajen guiados, tutelados, acompañados pero no asistidos.

• Resignificar el uso de las redes.

Inicial y primaria

Para la población infantil de nivel inicial y primeros grados se sugiere:

• Sostener la temporalidad que da la escuela, saber que día es hoy, qué dia fue ayer y cual será mañana.

• Copiar la fecha, trazar la “linea larga” entre un dia y el otro de lo que hacemos en casa marca una cadencia que separa los días y ordena en el espacio gáfico las producciones infantiles.

• Escribir el nombre y desplegar actividades relacionadas con esta forma fija.

• Marcar en el almanque los días que pasan, los fines de semana, el cumpleaños que no festejaremos reunidos pero que sigue existiendo, las efemérides y otros eventos de relevancia. Armar una línea del tiempo de esta vida puertas adentro.

• Confeccionar un diario gráfico y o escritural, a modo de cuaderno de bitácora, donde reflejar los sentires y actividades más relevantes de esta vida de interiores.

• Escuchar y cantar en casa las canciones del “jardín” o de la escuela, leer y contar cuentos, dibujar, pintar, recortar, amasar, modelar, construir con maderitas, cajas, almohadones, etc.

• Recuperar a los compañeros de la escuela y a los maestros a través de fotos o videos, evocar nombres, anécdotas. Contactar por video llamada y verse las caras, conversar un ratito, mostrarse los trabajos que hacemos en casa, sentir y ver, que los pares están pasando por lo mismo.

• Jugar, jugar, jugar, no desestimemos el incalculable valor del juego.

Para los más grandes

Alumnos de escolaridad avanzada:

• Considerar que ya han tomado hábitos de producción pedagógica, saben de sus compromisos, saben lo que es cumplir las fechas de entrega, están acostumbrado a entrar en la plataforma de la escuela, a bajar material, al trabajo en red, a buscar tutoriales y a manejarse con soltura dentro de la web.

• Este grupo etario es, seguramente, el más entendido en estar comunicado por las redes y paradójicamente es quizás el que más sufra el confinamiento ya que en este momento en que se está independizando del núcleo familiar, que está conquistando el afuera y la autonomía, de pronto se ve recluido en casa, a veces en igualdad de condiciones de hermanos menores de los que se está separando. Es necesario respetar sus momentos de independencia e intimidad aún compartiendo el mismo espacio y permitir ciertas licencias.

• Considerar a esta población como espertices de la web no exime al adulto de su función de sostén, acompañamiento y regulación.

• Convenir horarios diurnos para el trabajo pedagógico. De ser posible acotar el consumo excesivo de pantallas.

• Estar atento a materiales que se puedan necesitar y no están en casa ni en la web. Ver forma de proveerlos.

• Colaborar en la organización del trabajo escolar, anticipación y programación, diseñar organigramas que permitan visualizar el tiempo diluido por el encierro, resolver el hoy y plantear lo pendiente para el otro día.

• Respetar autonomía de trabajo, ofrecer ayuda, permitir que hagan su propia experiencia sabiéndose acompañados, no controlados de manera agobiante.

Estamos ante un desafío inédito, en un contexto incierto donde las garantías y certezas deben venir del adulto. Quizás más de un cuidador se encuentre, por primera vez, con la producción pedagógica de sus menores a cargo. Es toda una oportunidad de encuentro. No digo que sea fácil si que es posible. Confiemos en la creatividad, en la función de sostén y el orden amoroso del adulto, construyamos juntos la escuela en casa. Es parte de esta realidad.

(*) La autora además es terapista ocupacional y escritora.

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