Educación

Gobierno, ciencia y tecnología

Las políticas de ajuste de la administración nacional y su impacto en los institutos de investigación

Sábado 04 de Mayo de 2019

Desde que asumió el gobierno nacional el sistema de ciencia y tecnología se viene resintiendo. Si se revisa cualquier indicador con que se mide este sector se aprecia una baja sensible en todos los frentes, a tal punto que actualmente la Argentina exhibe un retroceso significativo en el nivel de gasto con relación al PBI y un nivel paupérrimo en inversión en investigación, desarrollo e innovación tanto en el sector público como privado.

Tres hechos

Pero estos números son solo manifestaciones de una política ¿Cuáles son algunos de sus componentes? ¿Y sus consecuencias? Lo primero, y más conocido, es el descenso en las partidas presupuestarias públicas destinadas a la finalidad de la ciencia y la tecnología. Apenas dos muestras de este fenómeno son: la caída en los presupuestos asignados (del casi 1,5 por ciento en 2015 hasta caer al 1,13 por ciento en 2019) y lo efectivamente gastado durante el mismo período 2015 - 2018 (medido en dólares, con caídas de hasta casi el 50 por ciento). Esto impacta fuertemente en una de las fases primarias e indispensables del ciclo científico que es la investigación básica y aplicada.

En segundo lugar, se han reducido al mínimo los subsidios y aportes estatales para las iniciativas de desarrollo encarados por empresas y otros actores del sistema. Un indicador del mismo es el recorte a menos de la mitad de los aportes a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica ¿Por qué es importante este componente? Porque impulsa los esfuerzos tanto públicos como privados para transformar la investigación o los conocimientos científicos en nuevos productos y procesos, condición básica para cualquier estrategia de desarrollo. O sea, uno de los mecanismos para generar demanda hacia los institutos de ciencia y tecnología o promocionar su vinculación con el medio, que como se sabe, tienen una fuerte tradición de aislamiento (la "cultura académica").

En tercer lugar, se ha obstruido drásticamente la carrera de numerosos investigadores y tecnólogos y la caída abrupta de sus ingresos. Una muestra de ello, aunque no la única, es la caída de los cupos en el Conicet,entre otras vicisitudes que están atravesando otras agencias del sistema como el Inti (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), las universidades, entre otras. Ha sido demostrado por la trayectoria de otros países que han progresado en materia de innovación que son precisamente estos agentes los que luego trasladan los conocimientos científicos de avanzada hacia las empresas y otras esferas sociales como la educación, la administración pública, la salud, etcétera. O sea, es un mecanismo de transferencia tecnológica, pocas veces apreciado por las estadísticas y por esa "mirada" (tan frecuente en la política y la economía) de considerar a la tecnología como "producto" o "paquete" y no como un proceso complejo que requiere de esfuerzos colectivos de aprendizaje y de absorción, como condiciones previas para la generación de nuevas tecnologías.

Más allá de lo aparente

La política científica y tecnológica no es una isla. Como dijo alguna vez un destacado científico y miembro del gabinete de Thatcher "cada sistema social prescribe un papel para la ciencia que se conforma con la agenda política que rige en esa sociedad".

Los números de este gobierno (disponibles en las estadísticas de agencias internacionales que miden la actividad científica y tecnológica) son parte de una concepción general que considera que todo gasto público es carga y perjuicio.

En primer lugar, la ciencia y la tecnología locales, al tener una alta participación estatal, es una víctima directa de esta mirada. Sus voceros soslayan que no ha habido ejemplo en el mundo en donde el Estado no haya sido motor del desarrollo tecnológico (y por ende, económico), tanto en su promoción como en su orientación y regulación. La historia de los países que este discurso "explícitamente" dice admirar así lo atestigua.

En segundo lugar, la mirada del gobierno parte del supuesto que la ciencia y la tecnología son "productos", como algo externo a la actividad económica y social de una comunidad que puede conseguirse en la estantería de un supermercado. Y, entre otras consecuencias, en un contexto donde se privilegia la renta financiera por sobre la actividad productiva y una fuerte devaluación para licuar el gasto público, la inversión en ciencia y tecnología se hace poco deseable para los que pueden hacerlo (los actores económicos concentrados) e imposible para los que le es indispensable para mejorar su competitividad (por ejemplo, las empresas pequeñas) o para satisfacer necesidades sociales primarias.

En tercer lugar, al intentar trasladar las prácticas "eficientistas" a los organismos públicos de ciencia y tecnología, estos han reducido su rol (en muchos casos por mera sobrevivencia y en otras por comodidad) al de proveedores de servicios menores de consultoría para todo aquel actor que pueda pagar (que en general, no coincide casi nunca con el que más lo necesita) o al de meros gestores de subsidios internacionales.

Por último, en su intento de llevar a cada rincón de la vida social la lógica de la "oferta y la demanda", agrava tres de los problemas históricos que ha tenido nuestro sistema científico y tecnológico: el aislamiento de las necesidades sociales de su comunidad de pertenencia (entre ellas, las de desarrollo); una integración cada vez más subordinada y menor en los grandes proyectos internacionales de la "gran ciencia"; y una pasividad absoluta por atenuar la transferencia tecnológica "ciega", un mecanismo de "subsidio" encubierto, pocas veces mensurado, con los que países de la periferia y sus laboratorios aportan a los países centrales y a sus grandes corporaciones.

Lo que viene

Casi todas las decisiones de gestión interna y externa de este gobierno produjeron una devaluación de nuestro patrimonio científico y tecnológico, han debilitado su estructura y reducido al mínimo sus funciones, generándole nuevos problemas y agravando los que arrastra de larga data.

El gobierno que lo suceda deberá hacer mucho si es que pretende poner a la ciencia y la tecnología nacional en una senda de desarrollo e innovación, y no solo desde lo presupuestario. Deberá, entre otras cosas, tener otra mirada que conciba a la ciencia y la tecnología como parte de la agenda de la comunidad y no solo un asunto de "expertos"; tomar decisiones que orienten sus recursos y procesos a la solución de los problemas del tejido productivo local y las necesidades sociales que el libre mercado no ha resuelto (ni aquí ni en ningún lugar del mundo); e intentar transformar las instituciones de nuestro sistema en agentes dinámicos, involucrados y hasta impulsores de iniciativas con vistas a lograr un desarrollo económico y social sólido, sustentable y perdurable, con anclaje territorial, para salir del peligroso sendero de "enclave".

Hay experiencias de las cuales aprender, mirando al mundo y, también, rescatando parte de nuestra historia. Sí, la misma que el relato oficialista intenta oscurecer.

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