educación

Filman en una escuela de Rosario una película sobre el bullying

El Complejo Gurruchaga fue el escenario elegido para rodar el primer largometraje de ficción del país sobre el acoso escolar

Sábado 28 de Agosto de 2021

El título de la película es 3 de 10 y hace referencia a una cifra que lastima. Porque según los datos de Unicef, tres de cada diez son los chicos y chicas que manifiestan haber sufrido alguna situación de acoso, maltrato o discriminación en los ámbitos donde socializan, ya sea en la escuela o en clubes. El bullying es más que una broma de mal gusto. Deja marcas en esa persona a la que se la toma de punto. El fin de semana pasado, el Complejo Educativo Gurruchaga fue el escenario elegido para la filmación del primer largometraje de ficción que aborda esta problemática. La película es una historia coral producida por la ONG “Si nos reímos nos reímos todxs”, que desde hace años trabaja en la promoción de la convivencia con las infancias y adolescencias.

Escena 1, toma 1. A las 11 de la mañana del sábado se escucha el primer grito de “acción” que proviene desde el aula 11 de la escuela de Salta al 3400. Hay silencio y bancos vacíos en el salón. Solo hablan las paredes a través de frases y dibujos garabateados por los alumnos de la Gurru. El sonido de la claqueta y la orden del director quiebran esa calma y dan pie para que ingrese la fila de chicas acompañadas por la preceptora. Apenas ingresan y se sientan, el bullicio reina en el aula mientras la preceptora intenta recordarles que deben traer la autorización de sus padres para asistir a una visita fuera de la escuela. La preceptora sale, ingresa la docente y tras unas breves palabras llega el primer “corte”.

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El rodaje se realizó en dos maratónicas jornadas de grabación durante el penúltimo fin de semana de agosto. El aula, el patio, la calle, el baño de varones, la dirección y un taller de la Gurruchaga fueron las locaciones que cobijaron el proyecto. “Una escuela pública es el escenario natural donde tendría que suceder esta película”, dice a La Capital Fernando Foulques, realizador audiovisual y director del filme. Que si bien se trata de una ficción no deja de hablar de realidades dolientes. “Lo primero que hicimos fue hacer un acopio de historias y anécdotas reales, esas historias verdaderas las acomodamos dentro de una trama y construimos un guión que se desarrolla dentro de una escuela secundaria de ficción”, cuenta Foulques, quien además es músico y docente.

El trabajo insumió varios meses de escucha y escritura en base a hechos reales que, como factor común, mostraban que era difuso decir cuál fue el inicio, “aunque sí estaba claro que quien debía hacerse cargo no lo hacía, y por lo general fueron los adultos”, señala el director. Historias verdaderas donde, por ejemplo, un grupo se divertía a costa del sufrimiento de una compañera o compañero. “Quizás sin la intención de hacerle pasar un mal momento, pero la otra persona estaba sufriendo mucho. Y al sufrir reaccionaba como podía, lo que generaba una suerte de círculo que nunca terminaba”, remarca el docente y realizador. También el caso de aquel nene que dijo ante el curso que no le gustaba que le digan “gordo mondongo”, y cuando indagaron resultó ser el profe de educación física quien en una clase le había puesto ese mote. O aquel directivo que a un alumno muy tímido que era molestado por sus pares le dijo: “No me vuelvas a traer este tema sin antes haberme contado que le diste una piña al que te molestaba”. Días más tarde el nene se justificará con inocencia: “Es que a mí no me gusta pelear”.

Largometraje "3 de 10"

Un debate necesario

El proyecto comenzó a gestarse a principios de año. “Hagamos una película”, fue el diálogo entre Foulques y Arístides Alvarez, presidente de la ONG “Si nos reímos nos reímos todxs”. A la par de la escritura del guión llegó la convocatoria a jóvenes actores y actrices para interpretar a estudiantes secundarios, además de los adultos que hacen de docentes, preceptores y demás personal escolar, muchos de ellos con larga experiencia sobre sus espaldas. Se hizo un casting de forma virtual y tras la selección quedó conformado el elenco para contar una historia que no tiene un protagonista excluyente, sino que está construida de forma coral.

Uno de esos personajes es el de Mercedes, interpretado por Pilar Prati. Hace de una chica que disfruta mucho de la escuela y de estudiar, pero que recibe burlas de sus compañeros. Ella no se queda atrás y reacciona. Mara Parodi se pone en la piel de Meli, una chica del grupo que molesta a Mercedes. “Es un personaje —dice Mara— al que le divierte burlarse y hacer bullying, aunque detrás hay una historia personal que tiene que ver con una casa donde hay violencia, entonces eso explica un poco el accionar de Meli”.

Ambas jóvenes actrices son de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres y destacan el hecho de poder trabajar en una película que aborda un tema que atraviesa a muchos adolescentes en la etapa escolar. “Cuando nos contaron que muchas de las historias son reales y sucedieron es muy impactante, porque ya el hecho de vivirlo en la actuación es horrible. Es horrible que esto suceda, que siga pasando y que un poco todos sean cómplices. Un conjunto de gente que mira para otro lado”, dice Mara. A su lado, Pilar completa que lo terrible también “es la inacción, el no hacerse cargo, porque a un chico se le va de las manos lo que le pasa y necesita del apoyo del docente o un tutor”.

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Cuatro de los protagonistas de la historia que se rodó en la Gurruchaga.

Cuatro de los protagonistas de la historia que se rodó en la Gurruchaga.

En la película también actuó la periodista y actriz Celina Hernández. Su papel fue el de preceptora. Cuanto terminó el rodaje compartió con La Capital un poema de su autoría que habla del bullying. Se llama “Atrincherados” y en una de sus partes dice: “¿Por qué no comprenden ni intentan escuchar? No perdonan un error sólo saben prejuzgar / ¿Por qué no pueden mirar más allá? Sin los ojos del alma imposible empatizar (...) Ojalá se diluya su ego, cual manto de piedad, si conectan con la vida comprendiendo a los demás”.

La escucha

Llega un alto en la filmación y la vestuarista Julia Rodríguez Naldini camina de un lado al otro. Lleva puesto un sombrero negro, una pollera con números impresos en cuadrados rojos, amarillos, azules y verdes, y un sacón al tono que llena de colores el aula utilizada como vestuario. Chequea en una hoja los cambios de vestuario y las escenas. “A mí me han hecho bullying. Quizás en ese momento no se decía así, eran como «jodas», pero no lo son”, dice la joven, quien es exalumna de la Gurruchaga y luego estudió diseño de indumentaria, además de asesoramiento de imagen, temas en los que se desarrolla laboralmente.

Por eso, además de su trabajo en sí para la película, destaca el hecho que sea una escuela la que aloje este debate: “Yo lo sufrí más en la primaria, en la secundaria como que decís «me gusta esto y no me importa lo que pienses». El bullying era por ser distinta, por escuchar otra música distinta al reggaetón o la cumbia”, recuerda.

Elisa Rodríguez Naldini es alumna de sexto año de la escuela donde se filmó 3 de 10 y junto a Guiomar Gerosa trabajó como asistente de su hermana Julia en el vestuario de la película. Están en el baño de varones de la escuela, un espacio lleno de graffitis de múltiples colores. “Estoy contenta que se filme acá, aunque estamos acostumbradas porque todo lo que tiene que ver con la Gurruchaga es pasión por el arte”, dice Elisa. Cuenta que cuando fue a la primaria ella también sufrió episodios de bullying, aunque entonces no se lo llamaba de esa manera. “Vi muchas situaciones en mi curso y en otros. Por eso lo que tratamos de hacer los más grandes si vemos alguna situación con gente más chica es acercarnos, hablar y decirle «che, esto que estás haciendo no está bien», y tratar de solucionarlo”. En esta tarea destaca que los directivos y docentes siempre ayudan para resolver este tipo de problemáticas. Para Guiomar, “es súper importante educar a los chiques y a la gente de las cosas que pasan en los colegios, porque hay un montón de personas que lo padecen y los demás ni siquiera lo saben”. Tanto Elisa como Guiomar señalan que a los chicos y chicas a veces “no se los escucha lo suficiente, o no se los toma con la seriedad que hay que tomarlos”. Que te juzguen por tu cuerpo o por tu personalidad son dos situaciones que Elisa menciona como presentes en muchas escuelas. Y cuenta: “Me han dejado de lado por ser distinta cuando todos somos distintos. Entonces llega un punto en el que nadie zafa y si te quieren encontrar algo malo para bardearte lo van a hacer, y te acostumbran a avergonzarte de quién sos y a no mostrarte”. Para Guiomar, frente a eso “es muy importante el apoyo de la familia y el saber comunicar las cosas”.

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Fernando Foulques es docente, músico y realizador audiovisual. Destaca que el guión insumió varios meses de escritura en base a historias reales.

Fernando Foulques es docente, músico y realizador audiovisual. Destaca que el guión insumió varios meses de escritura en base a historias reales.

Prevención y convivencia

Arístides Alvarez estuvo once años a cargo de la dirección del Instituto Zona Oeste (IZO) y desde que asumió comenzó a trabajar en la temática del acoso, al notar situaciones que se presentaban en la escuela, pero que como sostiene “no llegaban a bullying porque intervenían rápidamente los preceptores, que son los que más están en contacto con los chicos”. Tras abordar el tema puertas adentro de la institución comenzó a pensarlo también hacia afuera. “Soy de la idea de que no hay que hacerlo cuando te pasa algo, sino que hay que prevenir”, apunta el educador. Así surgió la Asociación Civil “Si nos reímos nos reímos todxs”, conformada por un equipo interdisciplinario que desde hace siete años organiza charlas y encuentros sobre la temática. “Creemos que para pasarla bien no hace falta reírse ni burlarse de nadie, y nos podemos reír entre todos”, dice.

Solange Tellechea, abogada y secretaria de la ONG, apunta que desde la asociación más que trabajar “en contra de” lo que realizan son acciones en pro de la convivencia. Es decir, por la positiva. De esas charlas en escuelas y clubes, destaca el aporte de los propios chicos y adolescentes: “Los adultos nos estamos deconstruyendo, tenemos que desaprender un montón de cosas que nos han llevado a esta sociedad violenta en la que estamos y los que más aportan son los chicos. Y aún cuando se trate del abordaje de una situación violenta, la mejor manera es desactivarla donde ha ocurrido, los adultos tienen que participar pero escuchando a los chicos”, afirma.

Además de integrar la asociación civil, María Gabriela Naldini trabaja desde hace 30 años en el Complejo Gurruchaga. “Esta escuela pública tiene una terminalidad en la que los chicos, durante todo su trayecto, ven materias relacionadas con el arte, además de que en la escuela hay un elenco estable de teatro”, destaca. El sábado del rodaje la ONG recibió de manos de la edila Norma López el diploma que la reconoce como Institución Distinguida de la ciudad. Un diploma que el Concejo Municipal aprobó en marzo pasado “por tratarse de una entidad abocada, desde hace varios años, a la concientización y prevención sobre problemáticas como el abuso, el maltrato, la violencia infantil y adolescente, y la convivencia social, familiar y laboral”. Sobre este último punto Arístides aporta un dato clave: “Hemos comprobado que hay un correlato entre aquellos que fueron víctimas de acoso en su niñez o adolescencia y probablemente vuelvan a ser víctimas de acoso laboral. Por eso es bueno abordar esto cuando ocurre, en el momento que ocurre”.

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La ONG recibió el diploma como Institución Distinguida de la ciudad.

La ONG recibió el diploma como Institución Distinguida de la ciudad.

Ahora viene la etapa más ardua de la posproducción. Con un primer trailer para fines de septiembre, esperan tener lista la película antes de fin de año. La intención es que la producción pueda circular en distintas instituciones donde conviven chicos y chicas —como clubes y escuelas— para que sirva de disparador para hablar del tema. No naturalizarlo y que al ponerlo en imágenes y palabras sirva para prevenir ante episodios que hieren los derechos de niñas, niños y adolescentes.

Quizás por eso, desde el vamos Foulques adelanta que la intención no es contar un relato de culpables e inocentes, de víctimas y victimarios. Porque afirma que como toda problemática social, hay múltiples actores y factores que la determinan. “Por eso —dice el docente y realizador— no hay buenos ni malos, ni se resuelve nada en la película. No tiene un final hollywoodense en el que terminan todos abrazados dándole gracias al cielo y al universo, ni salen todos juntos corriendo bajo las estrellas mientras suena un tema pop muy hermoso. Ni termina el chico o la chica víctima de bullying con una ametralladora matando a todos sus compañeros o ahorcándose. De eso no sucede nada. La película termina y no se resuelve nada, porque el objetivo es interpelar al espectador para que piense y reflexione sobre esta cuestión que estamos abordando”.

3 DE 10 - AVANCE

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