A 20 años de diciembre de 2001, sentimos la tarea de contar(nos) algo de este recorrido realizado. Somos una biblioteca popular que lleva el nombre de Pocho Lepratti, ese militante cristiano de base, asesinado en esa fecha, por la policía provincial bajo la conducción política del entonces gobernador Carlos Reutemann. No ocurrió en cualquier lado. El disparo lo alcanzó en el techo de la escuela donde trabajaba, la 756 de barrio Las Flores, donde era personal no docente del comedor escolar. Sus últimas palabras fueron un grito que aún resuena en nuestros territorios vulnerados, pidiendo a los policías que cesaran de reprimir y disparar, que allí había pibes comiendo.
No hay manera de mensurar el legado que el Pocho dejó a todos quienes trabajan con las infancias, porque son insuficientes los conceptos para dimensionar una praxis, la suya: la escucha, el acompañamiento, el respeto, la valoración, la grupalidad, la palabra necesaria, el silencio cuando sólo vale estar al lado, el abrazo, el calor de un guiso compartido, el afecto, siempre buscando que emerja la voz propia del que tiene algo para decir.
Pese a lo difícil de nombrar ese legado, hubo alguien que intentó realizar esa síntesis. Se trató de Rubén Naranjo, en esos iniciales momentos de nuestra organización. Al cumplirse el primer año transcurrido desde su asesinato, la biblioteca convocó a realizar un libro colectivo para que escribiera quien quisiera sobre Pocho, su niñez en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), su formación en el seminario en Funes, su militancia social y territorial, su compromiso gremial. Hubo también quienes quisieron hacerlo sobre el contexto de aquellos días. Algunxs lo hicieron desde la poesía, las canciones, la ficción y toda forma de relato. El libro finalmente se presentó en el 2004 y se llamó Pocho Vive. En estos días salió publicada su 5ª edición, a través de UNR Editora.
La tarde que estábamos por llevar el libro a imprenta, llegó Rubén con un texto tipeado con su vieja máquina de escribir. En ese mismo momento, cuando ya estábamos por entregarlo, trajo lo que había escrito. El texto se llama “Pocho, formador de hombres”. Quiero extraer de allí algunas pistas sobre el legado que dejó.
Pese a tener muy claro que el trabajo que realizaba Claudio en las barriadas, con los grupos de pibxs y jóvenxs, o en la misma escuela tenía que ver con la educación no formal, con la educación popular, Rubén siente la necesidad de reafirmar en ese texto su convicción sobre el rol docente que desempeñó en toda su práctica: “Pocho fue un maestro reconocido por la indisoluble unidad de sus actos y sus palabras. Vivió posibilitando la reflexión de personas castigadas por las adversas condiciones sociales, pero aún más, exaltó el valor de la rebeldía y acompañó cada palabra con su entrega vital. Por eso increpó a la policía sabiendo que es una institución instruida para matar a las víctimas del sistema. Y cayó. En una escuela. Fue maestro”.
Y en el final, Rubén Naranjo expresa con absoluta claridad: “Pocho fue un formador de hombres. Ahora es un hito en la historia de la conciencia de los hombres y mujeres que luchan por alcanzar la justicia. Su sangre protege a los niños y a las escuelas”.
245670836_3958041067668171_597353174836848359_n.jpg
La Biblioteca Popular Pocho Lepratti hoy es un proyecto donde todos aprendemos en comunidad. Desde una perspectiva de primera infancia está el Jardín de Infantes “Las Hormiguitas” y la bebeteca, donde las familias y sus hijxs tienen un primer acercamiento al libro y la lectura. Para segunda infancia existen los talleres “Juguemos un cuento”, el taller de creación artística ”Manos a la obra”, ajedrez, apoyo escolar y el espacio de comunicación “Radioinfancias”.
Los jóvenes encuentran sus aprendizajes en oficios a través de los cursos de sublimación y serigrafía, encuadernación y mosaiquismo, los que se brindan como capacitación a través de convenios con el Estado. Ahora a través del programa Santa Fe Más, antes a través del llamado Nueva Oportunidad. A su vez, más de 50 familias de barrio Tablada reciben semanalmente 150 raciones que cocina y distribuye la olla comunitaria de la biblio todos los viernes.
Y desde hace diez años niñxs, jóvenxs y adultxs participan de la radio comunitaria FM La Hormiga en el 104.3 del dial o a través de internet en www.pocholepratti.org, habiendo alcanzado una trabajo en red con un amplio numero de organizaciones sociales de la zona sur, con antena en las terrazas de la colega Biblioteca Vigil y con una articulación institucional de muchos años con la Facultad de Ciencia Política, la Escuela de Comunicación Social y el Área de Extensión y Territorios de la UNR.
Las singularidades
Desde los días posteriores a aquel enorme grito colectivo de rebelión popular, que costó la vida de Pocho y de otras ocho personas en nuestra provincia y un total de 39 en todo el país, han pasado centenares y centenares de niñeces por la asociación civil. Sin embargo nunca creemos que lo más importante sea lo cuantitativo, sino aquello que tiene que ver con las singularidades, eso que acontece con cada unx de quienes habitan esas infancias.
Nacho se acercó a la biblio allá por el 2004, tenía 8 años. Unos de sus primeros espacios fueron los talleres de arte, que en esa época teníamos en calle Esmeralda. Lo recuerdo por ver la foto y su carita de asombro ante las actividades que le planteaban las seños y los serenos pasos de Naranjo entre las mesas, siempre con una palabra a tiempo. Creció y fue pasando por muchos talleres: juegos, apoyo escolar y siempre la merienda compartida. Tuvo y afrontó significativas pérdidas, pero nunca estuvo solo. Ahora tiene 25, hizo experiencias en casi todos los cursos de formación en oficios. Hace un tiempo acompañó a niñxs como era él cuando comenzó. Hoy desarrolla diversas tareas y en estos días está particularmente contento porque aprobó todas las materias mientras se acerca cada vez más a su objetivo: ser profesor de matemáticas.
Yoana hoy tiene 27. Ella y sus hermanos Huguito y Eze vinieron desde muy chiquitos. Iban a la Escuela 81 y eran muy inquietos, daba trabajo seguirlos. Ella siempre ejerció liderazgo en los grupos y sabía cómo afrontar situaciones difíciles y adversas. Y cuidaba a sus hermanos, siempre, eso se veía en cada taller por donde pasaban o cuando se iban solos a la casa. Los cuidaba como hoy lo hace con Román, su hijo que tiene la edad que entonces tenía ella. Lo trae a diversas actividades, pero él muy especialmente disfruta y produce en el taller de radio para niñxs. Mientras Román graba en la radio y hace sus aprendizajes de pequeño periodista, la madre corta alimentos, cocina y comparte con quienes forman parte del equipo de la olla comunitaria. Conoce a todo el barrio y se la ve muy feliz cuando envuelve juguetes donados o prepara las tazas de chocolate, cuando celebramos en la calle el Día de las Infancias. Tal vez lo disfruta porque cree reconocerse a sí misma y a sus hermanos en esos otros ojitos con los que se encuentra.
Y yo también veo ahí, en este trayecto de casi dos décadas, a mis hijos. Ellos llegaron a la biblio a los seis, acompañando a mamá y papá que se habían metido en eso que ellos no entendían mucho de qué se trataba, pero que iban haciendo amistades ahí, en talleres o en meriendas, en los parques junto a Yoana, Hugo, el Eze, Víctor, Gabriela, Nacho y tantos pero tantxs otrxs. Y aprendieron a tocar redoblantes y el zurdo mientras murgueaban, pero también cuando iban a las marchas, con familiares que estaban muy tristes o con quienes les había entrado el agua a la casa y les había llevado todo.
Hoy también los mellis siguen. Como talleristas de serigrafía, operando la radio, siendo acompañantes de jóvenes, poniendo sonidos en las fiestas de la biblio, en las fiestas de las calles que cortan con los vecinos en los parques o estampando remeras que dicen “La justicia la hacemos entre todxs frente a Tribunales cada 19 de diciembre”. Tal vez, algo de las características de la biblio radique en estas cuestiones: construir entre todxs un ámbito donde desde la escucha, la política del afecto, el respeto y la solidaridad se perfile un modo de producción de subjetividades que confronte con las prácticas individualistas, estigmatizadoras y de ruptura de lazos sociales que impone la cultura neoliberal. Simplemente pequeños pasos, a través de un trabajo de hormiga que nos acerquen al sueño de Pocho: hacer un mundo donde quepan todos los mundos.