Educación

El oficio de enseñar atravesado por el hambre y la exclusión social

Un grupo de docentes opina sobre los desafíos del nuevo año lectivo. La ESI, entre las prioridades.

Sábado 23 de Febrero de 2019

El hambre de los chicos, los estudiantes que dejan el secundario para cuidar hermanos o trabajar, la urgencia de la implementación plena de la educación sexual integral, la inclusión y pensar colectivamente cómo hacerle frente al modelo de ajuste desde el aula son parte —unto a las discusiones paritarias provinciales— de las preocupaciones y desafíos docentes para 2019.

Un grupo de educadoras consultadas por La Capital opina sobre las cuestiones que hacen a su oficio en este nuevo año de trabajo. Entre ellas está Laura Daoulatli, profesora de música de la Escuela Nuestra Señora de Itatí en el barrio Las Flores. El doble turno laboral durante muchos años la obliga ahora a realizar tareas administrativas.

"El ajuste nos ha devastado. En nuestras escuelas de barrios vulnerables, los dolores y las necesidades pegan mil veces más", dice Laura quien también es delegada del Sadop Rosario. De todos las urgencias a responder, se detiene en dos: la alimentación y la educación sexual integral (ESI). "Vemos el hambre, los chicos no cenan y a veces se descomponen. Muchos no desayunan, somos nosotras, las maestras, quienes muchas veces les compramos las facturas", describe sobre la grave situación en la que hay que planificar las clases.

Al hablar de la ESI alerta sobre "el terrible crecimiento de la violencia de género". Cuenta que desde la escuela han "organizado a grupos de mamás para ayudar a empoderarlas" en sus derechos. Y analiza cómo la falta de trabajo incide en el aumento del alcoholismo y las adicciones, problemáticas que generan todo tipo de violencias. También forman parte de esa agenda urgente de la ESI los abusos, la trata, los noviazgos violentos. Considera que el Estado debe destinar más hora a esta educación. La inseguridad no queda al margen de las preocupaciones.

"En Las Flores no hay pública y privada", subraya Laura a quien le gusta llamarse "maestra villera" y está convencida que la escuela no puede entenderse sin el barrio. Alienta a fortalecer lazos con la comunidad y a educar desde el afecto. "A pesar de todo siempre hay que empezar el año con esperanza", aconseja Laura.

Araceli Vergara es vicedirectora de la Escuela Primaria Nº 1.346 Francisco Netri, ubicada en la zona noroeste de Rosario. Entre los retos para 2019, cita el trabajo de construir una escuela inclusiva y la necesidad de pensar nuevas prácticas docentes. "En el contexto actual, marcado por resignación pasiva frente a las tendencias culturales dominantes y al déficit de sentido colectivo, la escuela se encuentra ante el desafío de recuperar su capacidad socializadora y de contribuir a una sociedad con mayores niveles de solidaridad, cohesión y responsabilidad", reflexiona.

Para alcanzar esta idea dice que de la misma manera que "se estimulan las vocaciones científicas y se buscan garantizar niveles básicos de alfabetización, es igualmente importante que las escuelas promuevan valores que nos posibiliten vivir juntos". Y para eso es indispensable "apostar a un comportamiento ciudadano reflexivo".

Confía que desde su escuela se ponen los esfuerzos necesarios y trabajo de todos los días para alcanzar esos objetivos. Habla así de la elaboración de "un proyecto institucional con visión de futuro que corresponda al modelo de sociedad a la que se aspira a vivir".

Araceli afirma que la construcción de una escuela inclusiva llama a mirar las prácticas docentes y en especial el trabajo colaborativo. "La edificación de escuelas enmarcadas en el paradigma de la inclusión nos convocan a la reflexión permanente acerca de nuestras prácticas institucionales: la utilización de los tiempos y los espacios, los vínculos con la comunidad, entre otros". Agrega que en los días previos al inicio de las clases, discuten hacia el interior de la escuela un proyecto educativo "que se corresponda con el contexto" y el oficio de enseñar con ese paradigma de la inclusión.

Dejar la escuela para trabajar

Sandra Bembo es la directora de la Escuela Secundaria Nº 432 Bernardino Rivadavia, de Oroño al 1100, a la que asisten chicas y chicos de distintos barrios. Ante la consulta sobre las prioridades del año escolar, menciona a las y los estudiantes que la situación social excluye de las aulas. Habla de "un aumento de la deserción de estudiantes en 2018", y en particular del turno tarde. "Hay un descenso de la matrícula, chicos que dejan a mitad de año, más por cuestiones sociales que pedagógicas. Por eso nuestro primer desafío en 2019 es la inclusión, mantener la matrícula, porque hay chicos que han dejado la escuela para trabajar o para cuidar a sus hermanos porque en sus familias sus padres salen a buscar trabajo", expresa con preocupación.

Junto a este desafío —dice Sandra— está el de buscarle la vuelta a la enseñanza, haciendo que los contenidos no se vean desde una sola mirada disciplinar sino de manera transversal, desde las diferentes áreas. Cita como ejemplo, la ESI, un tema del que asegura se ocupan todo el año y que piensan intensificar. Entre las nuevas propuestas está la de hacer un taller de ESI para las familias, sobre todo para desmitificar lo que se dice de manera tendenciosa sobre esta educación.

Mejorar las estrategias de enseñanza es otro desafío. "Los alumnos de la escuela secundaria necesitan otro tipo de conocimientos. Esa es la gran pregunta: qué contenidos son necesarios hoy para que salgan de la secundaria con las herramientas que lo ayuden a definir qué quiere hacer en su vida".

Laura Scopetta es docente en el Bachiller Popular de Tablada, un secundario de gestión social que funciona desde 2013 en el sur de la ciudad. "El inicio de todo año escolar genera expectativas y desafíos. Es como renovar las apuestas", dice Laura sobre lo que sugiere cada comienzo. Desde esa misma mirada, puntualiza que para el Bachi el reto está en "cómo pensarnos en el contexto social y económico que está atravesando nuestro país".

"En un momento de despojo, de violencia económica, y que también se convierte en otros tipos de violencias, hay que preguntarse cuál es el rol que juega la escuela", opina. Analiza que la situación de ajuste "impacta en los estudiantes, cuyas vidas muchas veces están signadas por una precariedad de diferentes sentidos". "Un desafío —profundiza— es ver cómo permanecen en la escuela durante el año y que aprendan". Explica que la apuesta más grande que tienen tanto el Bachi Tablada como otras secundarias "es que la escuela no sea una isla, sino que pueda contener esas realidades, contemplar un espacio donde poner en común todas estas situaciones y proyectar salidas posibles".

Para Laura esta batalla cotidiana que hay que dar en las aulas "tiene que ver con la apropiación de sentidos de la escuela, con disputar ciertas lógicas y potenciar otras salidas".

Contexto adverso

Carla Raguseoes profesora de inglés en el Politécnico, en el Superior de Comercio y en la Facultad de Ingeniería (UNR), además del profesorado del Instituto San Bartolomé, donde también dicta un taller de docencia. Sostiene que la ESI es un tema principal que atraviesa a todos los niveles de enseñanza. "Estamos ante un cambio sociocultural muy fuerte. Las chicas y los chicos han cambiado, se han apropiado de ese cambio que lo reflejan en el lenguaje, en sus prácticas, en sus percepciones y opiniones. Te obligan a posicionarte de otra manera. Es algo que no puede esperar", puntualiza.

Esta necesidad obliga a quienes preparan a las futuras docentes a darse la responsabilidad que esta educación no quede afuera de esa formación. Más —señala Carla— cuando no hay directivas oficiales claras. La iniciativa está en juntarse con otras colegas que trabajan en la formación docente para darse estrategias propias, generar materiales didácticos que permitan integrar contenidos.

Para Carla, al igual que lo fue el 2018 "este será otro año importante de luchas" para la universidad pública. "Seguimos en un contexto socioeconómico que es muy adverso", señala y rescata la articulación que se logró en esa lucha entre docentes y estudiantes. Un valor que atribuye —entre otras razones— a la participación estudiantil. "Estas escuelas —por el Poli y el Superior— tienen centros de estudiantes muy fuertes, muy comprometidos y el trabajo en conjunto se da siempre". Otro aspecto que menciona en las prioridades es el de la integración de las tecnologías. También que la UNR reconozca la "ciudadanía universitaria" para sus escuelas secundarias y terciarias.

El 2019 será otro año de luchas para la educación y de retos pedagógicos, anticipan las docentes.

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