Recuerdo patente mi primer reemplazo. Sonó el teléfono siete y treinta de la mañana, hace cuatro años. "Berenice necesitamos que vengas a reemplazar en la materia comunicación, tu hora empieza a las siete y cuarenta", me dijo un secretario. La urgencia me hizo saltar de la cama eyectada. Agarré un libro de comunicación más planificaciones preparadas y salí en busca de un taxi. Al llegar a la escuela, muy nerviosa busqué el cuarto año. Atolondrada tropiezo en la entrada del salón y entro de golpe al aula. Las y los estudiantes no repararon en esconder las carcajadas. Más allá de la vergüenza, la clase estuvo fantástica. Las y los chicos jugaron a ser periodistas: entrevistaron brevemente a una preceptora, sacaron fotos e improvisamos un pequeño diario durante esas tres horas. Por lejos, el mejor de los tropiezos.




















