educación

El derecho a la educación y el falso dilema de la presencialidad

La educadora Liliana Sanjurjo reflexiona sobre el debate de la apertura de escuelas frente a la segunda ola de contagios

Sábado 24 de Abril de 2021

La primera aclaración que hace Liliana Sanjurjo marca una línea: la educación no es un servicio sino un derecho. Lo dice en el marco del debate sobre la presencialidad en las escuelas frente a la segunda ola de contagios de coronavirus. Una discusión a la que califica como “un falso dilema”, ya que entiende que nadie de los que están a favor o en contra de suspender las clases en las escuelas por dos semanas está en contra de la presencialidad. Y que hay sectores que han hecho de este tema una bandera política.

Liliana Sanjurjo es doctora en humanidades, dirige carreras de posgrado, autora de libros sobre educación y es referente en la formación docente. A principios de marzo el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) la designó como “profesora honoraria”. “El derecho a la educación — dice Sanjurjo— no se garantiza porque obligues a la presencialidad en tiempos de pandemia, sino dando conectividad a todo el mundo, arreglando los edificios y aumentando el presupuesto educativo”. También señala que quienes hoy se muestran como “paladines de la educación” en la ciudad de Buenos Aires, son los mismos que hace algunos años propusieron el cierre de 29 institutos de formación docente.

—¿Cuál es su mirada sobre el debate de la presencialidad en las escuelas?

—Todo debate, y con temas tan importantes como son la educación y la salud, es político. Hay quienes lo usa políticamente con una finalidad muy baja, pero la decisión del presidente es una decisión política, la de cuidar en este momento tan crítico la salud por sobre otros bienes. Por eso entiendo que es un falso dilema. No creo que nadie, por lo menos los que escuché a favor o en contra de suspender por dos semanas las clases en las escuelas del Amba, esté en contra de la presencialidad. Nadie. En realidad es querer corrernos a quienes siempre hemos defendido la educación y pedido por más horas, cargos y aulas, con que no queremos la presencialidad. De ninguna manera es así. Es un falso dilema el de presencialidad o no. Como también plantear que esto no fue lo prometido, cuando todo el mundo está diciendo, sobre todo los infectólogos, que esta es una situación que hay que analizarla hora a hora. Una cosa que sí se cumplió es la de hacer suspensiones de clases focalizadas, como se decidió para el Amba (Área Metropolitana de Buenos Aires), que es donde está la situación más complicada y la que podría irradiar más contagios. Pero insisto que me parece que es querer corrernos a los defensores de la escuela pública nomás que para hacer oposición.

—Bueno, muchas veces cuando hay paros docentes se habla de que toman de rehenes a los chicos.

—Sí, exactamente. Creo que alguna gente lo hace por ingenuidad política y otras por no querer visualizar a los verdaderos responsables. Toda opinión, fundamentada o no, responde a un interés. Entonces hay que mirar un poco quiénes sostienen una posición y quiénes otra. Ahí te llevás muchísimas sorpresas, porque justamente quienes queremos más y mejor educación somos los que estamos en contra de políticas económicas internacionales que están contaminando el medio ambiente a extremos límites como este, y que no permiten una distribución más justa de la vacuna. En el medio quedan un montón de padres que necesitan la presencialidad, yo los entiendo. Porque es verdad que la escuela es un organizador social, pero no podemos darle ahora semejante relevancia más que al peligro de contagiarse. Sería un despropósito.

—Al respecto, en un reciente posteo que hizo en Facebook habló del riesgo de reducir a la escuela como guardería.

—Es que muchos padres la toman así. Hay padres que ahora están haciendo este movimiento y no se preocupan después si sus hijos por un viaje pierden un mes de clases. Lo sabemos. En el medio hay muchísimos padres complicados que trabajan. Pero quienes se movilizan son grupos pequeños. Entonces ¿a quiénes están representando? Creo que han hecho una bandera política de esto de la presencialidad.

—¿Cómo analiza esta tensión entre familias y escuelas que se observa en algunas instituciones?

—Creo que no son la mayoría de los padres los que están en tensión con los docentes. Es un sector militante que en general se dice apolítico y no lo es. No se da cuenta que con esas opiniones está siendo altamente político. Pero en general los padres valoran a la escuela, saben que es la que estuvo presente ante los problemas más graves. Sí que hay problemas en la escuela y habría muchísimas cosas en las que seguramente todos los sectores estamos de acuerdo. En lo que no vamos a estar de acuerdo es en cuáles son las causas que originan estas cosas o cuáles son las causas del deterioro en la escuela. Fijate los problemas edilicios que hay y preguntemos qué gobernador, apenas se levantaron las restricciones para realizar construcciones, aprovechó que no había chicos en la escuela y se puso a hacer los arreglos de años. Entonces es poner el foco donde no lo está. Como dice Habermas, el conocimiento también responde a intereses, por eso no podés dejar de hacer estas asociaciones. Ver qué defendimos siempre los que decimos que no importan ahora 15 días de no presencialidad y qué defendieron siempre los que son ahora los paladines de la educación. Eso te orienta a que se manejan otros intereses.

—En el pedido de “Abran las escuelas” hay quienes piden declarar a la educación como servicio esencial. ¿Qué significa esto?

—Otra vez habría que ver a qué intereses responden. Porque la educación no es un servicio sino un derecho. Un servicio es lo que presta una empresa con fines económicos y un derecho es algo a lo que tenemos que acceder libremente todos. Pero el derecho a la educación no se garantiza porque obligues a la presencialidad en tiempos de pandemia. El derecho a la educación se garantiza dándole con tiempo conectividad a todo el mundo, arreglando los edificios, aumentando el presupuesto educativo y las instituciones en formación docente. Cómo no me va a indignar si hace dos años atrás fui invitada a un montón de paneles en Buenos Aires para defender 29 institutos que la Ciudad de Buenos Aires estaba por cerrar. Por eso es realmente una medida muy provocativa esta de oponerse a 15 días de no presencialidad, porque está alterando el orden de salud y sentando un precedente en contra de la república y la constitucionalidad. Lo pedagógico es más que recuperable, los docentes hemos demostrado que podemos hacerlo.

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