Educación

El Bachi de Tablada, un secundario para proyectar otros futuros

Es una escuela de gestión social. Funciona desde 2013 en un barrio castigado por la violencia cotidiana.

Sábado 14 de Abril de 2018

Alexis, Brandon y David están en el último año de la secundaria. Los tres son estudiantes del Bachillerato Popular de Tablada, más nombrado como el "Bachi de Tablada". Hablan de su escuela con afecto, entrañable cercanía y agradecen que exista, que les permita proyectar otros futuros. Dicen que el Bachi "salva vidas", que los "forma como personas" y los ayuda a "conseguir un trabajo mejor". Esta escuela es una de las tres de gestión social que existen en la provincia (junto a la Etica de Nuevo Alberdi y la del Proyecto la Revuelta de Santa Fe). Otorgan títulos con validez oficial, aunque todavía siguen dando pelea para ser reconocidas en su identidad.

El Bachi se ubica en Spiro y Tafí, a pasos de Grandoli, en la zona sur. Hasta allí llegan a diario unos 60 jóvenes y adultos, que quieren terminar la secundaria. Las clases comienzan a las 18 y se extienden hasta las 21. En esos grupos de estudiantes están Alexis Abasto (21), Brandon Colque (20) y David Fleitas (24), los tres en el último año, satisfechos de haber llegado a esta etapa de cursado y proyectando qué hacer en los años por venir. Sus testimonios hablan de los sueños de sus compañeras y compañeros, en especial del valor que cobra la existencia del Bachi en un barrio más conocido en las noticias por los hechos de violencia, que por estos logros cotidianos.

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Escribir otra historia

Brandon opina que asistir a la escuela "da un empuje para el futuro" para escribir otra historia. Dice que quienes "salen a robar lo hacen porque están jugados, porque piensan que pueden morir", sin embargo la secundaria puede abrirse como una oportunidad de vida: "Viniendo a la escuela se puede pensar en otro futuro, en terminar el secundario, porque te ayuda a conseguir un trabajo mejor, a salir adelante". David toma la reflexión de su compañero de clase y valora el grupo, el compañerismo logrado: "Al que hizo este espacio se lo agradezco de corazón, rescata personas y salva vidas. Estás en un proyecto. Da fuerzas y esperanzas".

Para Alexis el Bachi "saca a la gente de la calle" y es tan valioso que expresa en voz alta su deseo que haya más, que se multipliquen. Dice que en sus clases "aprenden lengua, inglés, matemática, historia... como en cualquier escuela; y lo más importante: a formarnos como personas". Su mirada se extiende más allá de lo escolar y defiende que el bachillerato exista en ese territorio: "Sabemos que el barrio está muy castigado por la violencia pero también hay cosas buenas que pasan aquí, como el Bachi".

En esa charla surge el nombre de Federico, un alumno de 22 años que en marzo pasado fue asesinado en la puerta de la Iglesia Evangélica donde vivía. Recuerdan con pesar que le quitaron la posibilidad de otra vida. "El quiso cambiar y no lo dejaron", se comparte en ese diálogo del que también participan estudiantes y un grupo de docentes.

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Palabras compartidas

El dolor y la esperanza, las ausencias y los proyectos se cruzan en cada palabra compartida, en las historias de vida que llegan a las aulas del Bachi. Es lunes por la tardecita. La humedad es insoportable y sin embargo a nadie parece importarle que el aire del único ventilador no alcance para todos. Están en clase y lo que sobresalen son las preguntas, los comentarios de lo que se aprende, el apuro por apuntar en la carpeta. Solo el ingreso del fotógrafo interrumpe por unos segundos la atención, pero nunca la altera.

Alexis cuenta que tuvo que dejar su secundario para trabajar, que luego empezó en una Eempa hasta que se enteró por unos volantes de la existencia del Bachillerato Popular. "Me gusta porque nos relacionamos todos por igual, de profesor a alumnos y de alumnos a profesor. Para los aprendizajes es mejor, hay un mejor contacto", define sobre la dinámica del Bachi. En sus planes está seguir estudiando ciencia política.

Brandon es vecino de la secundaria de Ciudad Futura. Vive a media cuadra. Fue su mamá quien lo incentivó a anotarse. "Dejé la secundaria por problemas familiares, porque mi hermano tuvo un accidente y mi mamá y mi papá lo tenían que ir a cuidar, y yo cuidar mi casa", discurre sobre por qué no continuó con los estudios. Iba a una técnica de la que confiesa que no estaba muy cómodo. "Acá me gusta más, me siento mejor, tenemos un acompañamiento más cercano", aprecia. Brandon quiere seguir la carrera de analista de sistemas, pero su especial interés está en terminar la escolaridad obligatoria. Tiene un motivo valioso para hacerlo: "Quiero terminar el secundario porque ninguno de mis siete hermanos lo hizo, puede que yo sea el único en lograrlo".

El Bachi de Tablada inició sus clases en 2013 y en 2015 tuvo sus primeros egresados. Al igual que los graduados de la Etica —el otro bachiller de Ciudad Futura y gestión social de Rosario— reciben los títulos otorgados por la provincia, pero con el nombre de una Eempa de barrio Rucci. La pelea la siguen dando para que reconozcan estas escuelas contempladas en la ley de educación nacional. Y las expectativas, en que la futura ley de educación provincial las incluya.

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Pensar otro futuro

Florencia Maggi es docente del Bachi, repasa que uno de los orígenes de este secundario fue en respuesta al crecimiento de la tasa de homicidios que se dan en los barrios: "Es la posibilidad de generar espacios para los jóvenes, para que puedan proponer una identidad más colectiva y otras nociones de futuro. Para que quienes lo transiten puedan crecer más como personas, pensar su futuro". La terminalidad ofrecida por este secundario es en trabajo cooperativo y comunitario, persigue la intención de generar herramientas en los estudiantes para que puedan construir un proyecto.

Laura Scopetta también es docente. Rescata la manera colectiva de encarar la enseñanza, con reuniones periódicas entre los profesores, donde se discute de qué manera se pueden abordar los problemas comunes, desde las diferentes materias. De la charla también participa Catalina Caffaratti, psicóloga, integrante de El Semillero, un espacio interdisciplinario de salud mental y promoción de derechos, que recupera las problemáticas que aparecen en la escuela, se reflejan en la comunidad y se propone como un lugar de contención.

Florencia Maggi asegura que el Bachi es una referencia en el territorio, que ocupa un lugar importante ante el vacío que deja el Estado: "Estamos viviendo momentos muy difíciles en Tablada, con niveles importantes de violencia. Por eso seguimos planteando que necesitamos políticas públicas de seguridad que contengan la situación de los territorios. Lo que pasamos hace poco con un estudiante asesinado a pocas cuadras nos golpeó mucho a todos, y sabemos que es algo que puede pasar todos los días acá. Por eso tenemos la necesidad de seguir exigiendo, a quienes tienen que hacerse cargo de la situación, de poder pensar la seguridad de los barrios de otra manera, porque el abandono es muy grande".

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