Educación

Educación a distancia en tiempos de pandemia: lo gratis es oneroso

No es bueno ingresar al mundo digital de manera acrítica. Hará falta un examen de las prácticas súbitas de este tiempo.

Sábado 04 de Abril de 2020

La emergencia sanitaria provocada por el avance de la pandemia del Covid-19 obligó a los Ministerios a suspender las clases y a buscar alternativas que impidan la parálisis del sistema. En este marco, la educación a distancia se convirtió en la protagonista obligada con anuncios que involucran desde medios masivos, plataformas, apps hasta el retiro de fotocopias en algún kiosco cercano a la escuela. La emergencia obliga y la respuesta, vale decirlo, reporta las mejores intenciones.

En el mismo sentido, la cuarentena también invita a la reflexión, a la duda y seguramente a las preguntas incómodas devenidas de la obligación de recurrir al ingenio. Un diagnóstico desde el encierro y en el “modo distancia” permite destacar algunos puntos en referencia a cómo se está comportando el sistema educativo en su propia cuarentena:

1.- Casas-aulas: las casas se convirtieron de forma repentina en aulas y las actividades indicadas por los docentes convivieron con la novedad de la situación. Padres y/o alumnos —dependiendo de la edad— disfrutaron de la novedad por “un ratito”. Pronto la algarabía se convirtió en agobio, incomodidad y desconcierto. Los Ministerios piden planificación mientras docentes, alumnos y padres batallan en la confusión de roles, derechos y obligaciones. ¿Cuántas horas de trabajo? ¿Es tarea o es clase? ¿Con esto se aprueba o es un ensayo? Los interrogantes se multiplican por segundos causando un sensación de hartazgo.

2.- Docentes estresados: la planificación obliga a producir materiales en entornos virtuales desconocidos. La mayoría de ellos yacen en internet hace más de una década. Los censos y trabajos relevados dan por resultado que buena parte de la docencia —por más dedicado que sea su trabajo— en la emergencia no posee las comodidades necesarias (casa) para el emprendimiento. El estrés aumenta en buena parte de la población docente que debe compartir su rol y el familiar a la vez. Problemas horarios, la conectividad, el orden familiar, la capacitación insuficiente, etcétera, son parte del reclamo educativo del encierro.

3.- La desigualdad: es una verdad, sobre las que abundan evidencias, que vastos sectores sociales atravesados y perforados por la pobreza y la marginalidad no son de la partida en el emprendimiento de emergencia. Para muestra sobra un botón: las universidades nacionales han manifestado que será muy difícil cumplir con la educación a distancia sin liberar de costos la navegación. Hay que advertir que la población universitaria es la que ya ha superado varios obstáculos en las distintas etapas de acceso a la educación.

Escenarios complejos

Pero vayamos a algunas cuestiones que por descuido o apuro pueden implicar escenarios complejos en el porvenir. La cuarentena también habilita preguntas incomodas en este plano:

1.- Las autoridades ministeriales ante la urgencia de la situación y seducidas por la gratuidad, han recurrido a la empresa digital más poderosa del mundo para establecer de forma abrupta e improvisada un sistema de educación a distancia. Debemos advertir que Google pujaba hace varios años desde su área de investigaciones y desarrollo enfocada en la enseñanza —Google for Education— por ingresar a los colegios públicos de diferentes sistemas educativos del mundo. La empresa lleva años de inversión sostenida en la materia. A pesar de ello, su inserción era moderada y sospechada: la mayoría de los países europeos frustraron sus pretensiones y su ingreso no supera ciertos reductos de educación privada. Lejos estaba Google del asalto a lo público en educación; a pesar que su gratuidad siempre sedujo a los decisores.

Google pujaba hace varios años por ingresar a los colegios públicos del mundo. Lejos estaba del salto a lo público en educación

2.- ¿Es correcto el trabajo abnegado e improvisado de miles de docentes adheridos a un sistema de educación a distancia —desconocido por ellos— produciendo datos gratuitamente para Google? ¿Hasta qué punto Google no desconfía de la presencia insoslayable de los docentes en el aula? ¿Si nadie lo advirtió, pueden negar los docentes a “ser vistos” o a ser una enorme plataforma de pruebas?

3.- La pandemia del Covid-19 permite la emergencia de los mejores pero también que afloren pensamientos altamente riesgosos para el sistema educativo. ¿Debemos prestar atención al marginal movimiento de los partidarios de las home schooling que promueven el pensamiento que los docentes no son tan relevantes y que el hecho educativo se puede concretar desde los hogares mediante el tutoreo privado? ¿Aledaños a este intento minoritario no se agregan todos una pléyade de sospechas sobre la labor docente?

Conclusiones

1.- Estamos lejos de la tecnofóbia educativa. Desde el año 2005 hemos trabajado en distintos proyectos destinados a promover la interacción de la educación y el nuevo ecosistema tecnológico y mediático. Luego de diseñar y trabajar en la primera licenciatura en TIC de la provincia, sostuvimos en La Marrana (Homo Sapiens) la seducción que significaba la tecnología para el devenir del sistema. Los trabajos en la UNR igual nos han permitido descifrarla desde la lógica de la ubicuidad (celulares en la escuela) hasta la identificación de los denominados effortless (niños y jóvenes que aprenden sin esfuerzo mediante el acercamiento espontáneo a la tecnología) y el aprendizaje zumbido.

2.- El tiempo de estudio e investigación nos permite afirmar que no es bueno ingresar al mundo digital de manera acrítica. Los avatares de la urgencia deberán continuar con un profundo examen de las prácticas súbitas que nos obligó la pandemia. Puede que el mundo cándido de la cooperación y la solidaridad pregonado por Zizek post Covid-19 no sea tan lineal. Saldremos de una pandemia y no de una revolución que clama justicia, igualdad e inclusión.

3.- Resulta interesante la advertencia de un hombre del corazón del Silicon Valley como Jaron Lanier en tanto la nueva economía de la información que estamos construyendo no sigue la realidad de las reglas del capitalismo, sino que más bien da lugar a una nueva forma de feudalismo. Inmediatamente afirma para referirse a la educación: “La tecnología gratuita será un señuelo: aprende gratis pero ni plantees encontrar trabajo como profesor”. Nuestra dirigencia ha ignorado la sutil paradoja de lo oneroso que resulta lo gratuito en el mundo de grandes corporaciones digitales.

4.- Hace algo más de un año, publicamos junto a otros académicos La educación en su laberinto (Homo Sapiens). El corazón de la narrativa plantea un cambio estructural de la escuela. Un cambio que abarca desde la arquitectura escolar hasta el modo de interacción de toda la comunidad educativa. La tecnología constituye en este universo un factor relevante; pero a la nueva pedagogía que denominamos “Pedagogía del Entretenimiento” recupera de manera inequívoca e insustituible la labor docente. No habrá educación futura sin el cuerpo a cuerpo entre el educador y estudiante.

(*) José Romero es miembro del sistema de educación a distancia de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y director de la cátedra de Prospectiva y Análisis del Paradigma para una Nueva Educación (UNR).

Pedro Romero es secretario coordinador del Área Relaciones Internacionales de la UNR.

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