Entre los distintos materiales que se exhiben en el CelChe sobre el Che Guevara, están algunos de los libros de su infancia. Sus padres Celia y Ernesto eran ávidos lectores y le inculcaron a sus hijos el placer por la literatura. La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne; Cuentos de los mares del sur, de Robert Louis Stevenson; Colmillo Blanco, de Jack London; El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; y El vizconde de Bragelonne, de Alejandro Dumas; son algunos de los volúmenes que el pequeño Teté (tal su apodo de la infancia) leía desde muy chico.
"El asma solía obligarlo a estar quieto, él aprovechaba esta quietud física para leer y releer. Su biblioteca estaba atiborrada de toda clase de libros de aventuras, novelas de viaje (...) Abundaban en su biblioteca libros de viajes y especialmente de expediciones a regiones desconocidas", cuenta su padre Ernesto Guevara Lynch en Mi hijo el Che. Su asma lo obligaba a faltar mucho a clases y entonces su madre Celia hacía también las veces de maestra en el hogar.
Pero la lectura siguió ocupando a lo largo de su vida un sitio destacado. Uno de las paredes del CelChe habla precisamente de este carácter de lector metódico de Guevara: "La lectura fue una actividad intelectual que caracterizó al Che desde su primera infancia hasta sus últimos días en la selva boliviana. Fue un lector metódico. Desde temprana edad comenzó a anotar los libros que leía y que deseaba leer, llegando a elaborar verdaderos planes de lectura. Sus lecturas traslucen un interés por temas muy variados. Abarcan obras relativas a su formación política, pero también a su infancia, poéticas o literarias. Marx, Hegel, Lenin, Mao Tse Tung, Verne, Vigil, Dumas, Homero, Erasmo, Shakespeare, Aristóteles, Nietzche, Dostoievsky, Kafka, Cortázar, Neruda, Lorca son algunos de los autores que configuran su universo".