Considero que es de cabal justicia manifestar los méritos de un médico sabio recientemente fallecido, el doctor Francisco Bernasconi. Fue mi médico durante más de veinte años y a través de ese prolongado período pude advertir en él no sólo altas cualidades de erudición, sino condiciones de profunda sabiduría. En Bernasconi se realizaban los rasgos más actuales del juramento hipocrático y de los principios de beneficencia, autonomía de los pacientes y justicia que requiere hoy la bioética. Como ejemplos de esa hondura de perspectivas, más allá de los límites convencionales de la medicina, quisiera referir tres casos, Un día fui a su consultorio con los resultados de estudios que me había indicado hacerme y, antes de verlos, me auscultó; le pregunté por qué no los miraba y me dijo “primero está el paciente”. En otra oportunidad había cierto riesgo de que yo tuviera una enfermedad mortal y cuando le transmití mi preocupación me dijo: creo que no estás enfermo, pero si lo estás “yo voy a cuidarte”. Cuando su salud le impidió seguir atendiéndome, le pregunté qué convenía hacer y supo indicarme un médico por entonces relativamente joven, que resultó ser también un médico ejemplar. Los alumnos y los pacientes de Francisco Bernasconi con quienes hablé de él lo han valorado, siempre, como un gran médico. Un médico sabio. En sentido profundo me ayudó a vivir.



























