A quienes todos los días reciben a sus hijos con una sonrisa y un tibio ¿cómo están? A quienes cambian pañales y dan mamaderas a pesar de que a veces no son mamás y no se lo enseñaron en el profesorado. A quienes enseñan a nuestros niños a cantar con sus primeras palabras, a pedir permiso para empezar a comer, a decir gracias cuando reciben algo, a entender que no son únicos y que deben empezar a funcionar en grupo. A quienes confunden con niñeras, babysitter o simples cuidadoras de niños, cuando en realidad estudiaron como cualquier profesional y tienen un título que las habilita como tales. A quienes se preocupan cuando su hijos están enfermos, lloran demasiado o simplemente tienen un día triste. A quienes brindan caricias, besos, abrazos, canciones y cuentos mientras mamá y papá trabajan y ellos no sienten sus ausencias. A quienes soportan gritos, llantos, pataletas y caprichitos, besos pegajosos, abrazos de oso e historias alocadas. A ustedes, las maestras de los jardines de infantes, primeros referentes de los niños, segundas mamás y profesionales pocas veces valoradas, un homenaje debido en este próximo Día del Maestro.


























