• Consultar si la persona necesitará algún tipo de apoyo, por ejemplo, un intérprete en lengua de señas.
• Siempre debe garantizarse al entrevistado la accesibilidad al espacio donde se desarrollará la entrevista evitando lugares con escaleras, pasillos estrechos y propiciando lugares que tengan ascensores y baños accesibles.
• Evitar preconceptos y cuidados excesivos por miedo a ofender. Ante la duda, es mejor preguntar.
• Hablar directamente a la persona, no a través de terceros (padres, cuidadores, etc).
• No apelar a la persona con discapacidad como si fuera un héroe o un ser humano excepcional sólo por tener una discapacidad.
• Incluir siempre a la persona con discapacidad como fuente de información.
• No decir ni titular “discapacitado” sino “persona con discapacidad”
• Decir persona ciega, persona con discapacidad psicosocial o usuaria de servicios de salud mental, persona con hipoacusia o persona sorda (nunca no vidente, loco, sordomudo).
• No recurrir a las notas “amarillas” donde abunda el dramatismo o la persona con discapacidad es mostrada como un inválido y desde la compasión.
• No sobrevalorar las condiciones de superación de una persona con discapacidad (el héroe, el súper pibe, la súper mamá).
• No hablar de “la persona que padece determinada discapacidad”, “el hombre que sufre de discapacidad” . No todas las personas con discapacidad sufren o padecen.
• No tratar a la persona como eternamente aniñado (a las personas ciegas es común que se les diga: ojo con el escaloncito, dame la manito, más allá de la edad que tengan).
























