El pasado sábado 14 de septiembre sufrí una lesión en unas de mis piernas durante un partido de fútbol con amigos. Acudí el prestigioso Sanatorio Parque de la ciudad de Rosario porque en Capitán Bermúdez, localidad donde resido, no existe ningún efector que realice una radiografía un sábado por la tarde. Falencia que algún día deberá remediarse. Allí me hicieron las placas correspondientes y uno de los dos jóvenes traumatólogos de turno, que estaban absorbidos por la cantidad de pacientes, le dio una rápida ojeada a las radiografías y descartó fractura alguna, diagnosticándome esguince de tobillo. Diez días después, en una nueva radiografía, el traumatólogo que me atiende actualmente me confirmó una fractura en el peroné y además del esguince que se pudo observar en una ecografía. Teniendo en cuenta que el mal diagnóstico me podría haber perjudicado gravemente, podría quitar mi enojo colocando en esta carta de lectores el nombre del traumatólogo, pero no. Me parece que sería más justo que el Sanatorio tan prestigioso disponga de una mayor cantidad de médicos de guardia con algún profesional de mayor experiencia y no dejar siempre a los jóvenes recién recibidos con semejante carga durante vaya a saber uno cuántas horas.






























