Santa Fe. — Un clima de bronca, impotencia y dolor era el que prevalecía
entre familiares, amigos y vecinos en general tras conocerse la noticia del fallecimiento de
Marianela Brondino, una empleada de una panadería que fue atacada por dos ladrones la semana
pasada. Los asaltantes sorprendieron a la chica cuando se dirigía hacia su casa y descargaron sobre
ella feroz golpiza.
La trabajadora, que tenía 25 años, había sido operada en el Hospital José María
Cullen el miércoles de la semana pasada. Falleció tras un paro cardíaco el lunes como consecuencia
de las gravísimas heridas que le produjo la caída sobre el pavimento cuando sufrió un arrebato
callejero por parte de dos hombres que, además, la golpearon en el piso mientras sufría
convulsiones, según algunos testimonios del asalto.
Empleada de la panadería Boneo, ubicada en Alvear al 6100, una zona de clase
media en el norte de esta capital, Marianela fue abordada a dos cuadras de su trabajo cuando volvía
en bicicleta a su domicilio. Los delincuentes, que tendrían unos 30 años y se desplazaban en una
moto de color oscuro, actuaron con inusitada violencia.
A traición. De acuerdo a las primeras versiones del hecho, uno de los
delincuentes la golpeó por detrás, tomándola al parecer desprevenida. Esa agresión hizo que la
muchacha perdiera el equilibrio, cayera del rodado y golpeara pesadamente la cabeza contra el
asfalto. Según lo que pudo reconstruir la policía en base a un testigo, uno de los asaltantes se
bajó de la moto que conducía el cómplice y comenzó a patear a la joven mientras se encontraba
inerte en el piso, incluso con síntomas de convulsiones.
Esa acción, según la policía, fue presenciada por un ocasional transeúnte que
intentó reducir al delincuente. Pero el esfuerzo fue inútil porque los autores del asalto lograron
escapar.
La única descripción aportada por el testigo decía que esos hombres vestían
ropas oscuras. Marianela, en tanto, fue trasladada en forma urgente al Hospital Cullen, donde fue
sometida a una intervención quirúrgica. Tras esa operación quedó internada con respiración asistida
hasta el lunes. Ese día tuvo una descompensación que derivó en un paro cardíaco. Nunca había salido
del estado crítico.
Los medios de comunicación recogieron desde el momento del violento suceso y
hasta ayer inclusive numerosos testimonios de repudio e indignación ante el criminal episodio como
por ejemplo el de un vecino de Villa María Selva, el barrio donde residía Marianela junto a sus
padres y un hermano, que declaró: "Lo que hicieron estos tipos no tiene perdón de Dios, conozco a
todos los chicos que trabajan en la panadería y esta joven era un canto a la inocencia".
Resultados. Además de su actividad laboral en el comercio de calle Alvear, los
allegados a la víctima comentaron que hace poco tiempo había terminado de cursar la carrera de alta
cocina en un instituto local y su espíritu de sacrificio era siempre destacado desde que hizo sus
estudios en la Escuela Católica Monseñor Macaño. Junto a sus padres, José Luis y Graciela, y su
hermano Sebastián, vivía en el tradicional barrio María Selva, un típico enclave de clase media de
casas bajas ubicado en la zona norte de la ciudad. Allí llegaron sus padres hace más de 40
años.
El juez que interviene en la causa, Darío Sánchez, aguardaba el resultado de la
necropsia. De ese informe se determinarán las causas de muerte.
El magistrado intentará dirimir si las lesiones letales se produjeron como
consecuencia directa de la caída de la bicicleta que sufrió la muchacha a raíz del arrebato o por
la sucesión de golpes que recibió de uno de los delincuentes cuando ya estaba en el piso, casi en
estado inconsciente, lo que implicaría un agravante.
Los investigadores del caso contaban con varios testimonios que podrían arrojar
alguna pista sobre los autores del hecho, pero hasta anoche no había personas detenidas.