Deseo manifestarme en relación a la carta de lectores de Rubén Baremberg del 29/05 referida a la necesidad de declarar a Rosario capital de la provincia de Santa Fe. Ante todo aclaro que vivo en Rosario y la amo profundamente, siendo rosarino por adopción ya que nací en la ciudad de Córdoba, pero desde mi primer mes de vida estoy en esta maravillosa ciudad, hace ya 57 años. Comparto con Rubén sus conceptos y evaluaciones sobre el desarrollo inusitado de Rosario, su embellecimiento e importancia adquirida a nivel regional, nacional e internacional, no cabe la menor duda de eso. De todos modos, los factores a evaluar para trasladar a una capital de provincia no creo deban ser únicamente los materiales, sino también los históricos. Santa Fe merece su estatus de capital provincial porque fue pionera en la ruta abierta por los colonizadores, hecho que va a concluir con la segunda fundación de Buenos Aires a cargo de Juan de Garay, con quien nuestra provincia comparte su fundador. A partir de allí, gran parte de la historia institucional, política, social y económica de esta región pasó por la gestión de Santa Fe que siempre supo comportarse a la altura de las circunstancias históricas. Si el mismo autor de la carta reconoce el desarrollo extraordinario de Rosario (ciudad desde 1852) en todos los sentidos, significa que Santa Fe nunca significó ni significa un obstáculo para el logro del mismo. Rosario tiene, por otro lado, un lugar de privilegio entre las ciudades argentinas al ser Cuna de la Bandera y ostentar como tal el único monumento de extraordinarias dimensiones dedicado a una bandera nacional en todo el mundo. Con eso solamente es única no sólo en el país, sino también en el orbe. No veo razones de verdadero peso para desposeer a la noble ciudad de Santa Fe de su título y función de capital provincial que llevó siempre con total dignidad y excelente desempeño.



























