Quienes a las 21.30 del domingo veíamos las pantallas de los televisores con un Miguel Del Sel encabezando los números de las elecciones para gobernador y vice de la provincia no podíamos creer lo que estábamos viendo. No teníamos explicación o no queríamos aceptar la realidad de una provincia que políticamente puede deparar estas sorpresas y que ha tenido y tiene un senador que como Carlos Reutemann puede tener tantas contradicciones (¿serán contradicciones o confirmaciones de su ideología campestre, egoísta, de derecha, sin tapujos y que en sus silencios dice mucho más que con sus medias palabras). Por suerte, la ciudad de Rosario con su peso electoral nos evitó el papelón de tener que entregarle la gobernación a este personaje de la farándula, y cuyo capital político tiene menos altura que el cordón de calle frente a un garaje y cuyo bagaje cultural está a la altura de los Palito Ortega o Soldado Chamamé que hemos conocido y soportado. Verlo saltar en un escenario junto a Macri, festejando los primeros números de los resultados de las mesas testigos, me produjo una sensación de “vergüenza ajena” que no alcanzo a transmitir con palabras y ahora con la cabeza fresca. Con el pulso recuperado y la presión arterial normalizada, analizo con detenimiento y comparto con muchos rosarinos el “es lo que hay”, con que cerrábamos hoy más de un comentario de mesa de café y que creo deberíamos cambiar entre todos para que nunca más nos asusten como este domingo a la noche. Son los riesgos de la democracia, pero me gustaría, a mi edad, no tener que repetirlos como experiencia electoral porque siendo un sistema perfectible, la democracia que venimos disfrutando ya tendría que tener algunas asignaturas aprobadas.



























