Tenis

Podoroska y un emotivo mensaje por el Día del Padre

La Asociación Argentina de Tenis eligió a la rosarina para protagonizar el institucional de una jornada especial. Desde España ella le envió una carta a su papá Marcelo, dueño de un perfil tranquilo y anónimo, lejos de los últimos que sobresalieron en este deporte

Lunes 22 de Junio de 2020

Es 5 de agosto de 2019, mediodía. El aeropuerto internacional Islas Malvinas está revolucionado, patas para arriba entre prensa y curiosos que esperan la llegada de la chica de la tapa. Ella es la rosarina Nadia Podoroska, quien acaba de ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima, convirtiéndose así en la tercera mujer argentina en hacerlo en singles de tenis. Con un plus: sacó pasaje a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Es tal la demanda, la alteración y la emoción que en esos metros que recorre desde la sala de arribos hasta la escalera mecánica, Nadia no ve que hay una pareja que la sigue de cerca, en silencio. No le chistan ni nada. Ya en el primer piso se da cuenta de que son sus papás, Irene y Marcelo, y se funde en un tremendo abrazo con ellos. De inmediato Nadia entra en la sala de conferencias, junto a otros tenistas y dirigentes, y como foco ineludible habla con los medios. Irene se queda afuera. Marcelo se pone en el extremo opuesto a su hija, casi sobre la pared, se cruza de brazos y escucha. Sonríe, no interviene. Pero está claro que el orgullo le brota por los poros. Por ese perfil y por lo que representa ella hoy para el tenis nacional (la 1 del país), la Asociación Argentina de Tenis (AAT) eligió a la rosarina para protagonizar el video institucional de salutación por el Día del Padre. Y lo eligió a él como ejemplo de un mensaje: el de acompañamiento, primero hacia una niña que quería jugar al tenis y después hacia una mujer ya profesional. Alejado de las figuras hostigadoras de hijos que tanto se ven en el ambiente. Este hombre es lo que está bien.

El video es un off de Nadia leyendo la carta que le escribió a su papá desde España, donde reside. No se la ve, es una sucesión de palabras que resaltan la voz y la emoción. En parte se nota que ella se acelera, en otras se entrecorta un poco. Es una oda de agradecimiento al ejemplo de papá. Agradece Podoroska por esa infancia feliz, por esa paciencia para contener a una nena que quería jugar, agradece por el tiempo que él se hacía para verla y ríe cuando le recuerda lo que pidió para su cumpleaños de 15: un viaje a Europa para darle impulso a su carrera. Agradece el ejemplo de laburante de ese hombre que fue relojero de oficio pero desde hace 30 años se levanta todos los días muy temprano para atender junto a su esposa la farmacia que tienen en el barrio de Fisherton. Agradece Nadia, que ese papá, a diferencia de otros, no se haya metido ni con los entrenadores ni en la metodología de trabajo.Y resalta que, pese a que nunca la pudo ver jugar en el exterior, lo siente cerca. De hecho, en aquella ocasión, tras la obtención de la medalla de oro en Lima y ante la consulta de cómo remontó un partido tan adverso como el que tuvo en la final (cuatro games abajo, cuatro puntos abajo en tie break del set definitivo), la Rusa rosarina comentó que fue en un instante cuando recordó un mensaje que su papá le dejó en el celular, sintió fuerzas y se remotivó.

Marcelo e Irene tienen tres hijos, pero la más chica, Nadia, fue la que tomó rumbos diferentes, más ambiciosos Marcelo e Irene tienen tres hijos, pero la más chica, Nadia, fue la que tomó rumbos diferentes, más ambiciosos. Esa nena a la que él le enseñó a jugar a la paleta en la playa fue una prodigio del tenis que con sólo 14 años, en un challenger disputado en el Club Provincial en mayo de 2012, se convirtió en la segunda argentina más joven en ingresar al ránking profesional de la WTA tras Gabriela Sabatini (tiempo después la superaron). Esa tarde (foto, abajo), en que la nena de short negro, remera y zapatillas blancas, con vincha finita y a tono, hizo historia, un hombre “sufría” sentado al fondo, cerca de uno de los ángulos de la cancha. Sufría desde una silla de plástico, consumiendo los nervios detrás de una soguita perimetral.

 El papá de Nadia Podoroska tiene este perfil. Semblanteado en la escena del aeropuerto o en la de los inicios, cuando no había tantos flashes cerca de su hija. Es la imagen contradictoria de cientos de casos en los que los hijos pasan a ser una fantasía de éxito proyectada, de idea de dinero, una mercancía en sí. Hace poco, cuando el diario La Nación contó la tortura que vivió Guillermo Pérez Roldán a manos de su padre Raúl, quien no sólo lo entrenaba sino que además lo maltrataba a mansalva, llegando incluso a robarle las ganancias en el tenis, muchos recordaron casos espeluznantes. El más famoso quizás, porque lo relató él mismo en su libro de memorias, “Open”, fue el de Andre Agassi.

El pelado de Las Vegas y múltiple campeón, ícono de este deporte a nivel mundial, reveló cuánto llegó a odiar al tenis gracias a lo que su papá hizo con él. Aquel hombre fue capaz de armar una máquina, un dragón, que escupía cientos de pelotitas por día y a las que Andre tenía que devolver. Entre tanto, con una familia también sometida a esta idea en la que el menor de los Agassi debía ser un gran jugador de tenis. Menos mediática, la australiana Jelena Dokic dio detalles de los maltratos de su padre, Damir, quien llegó a estar suspendido por la WTA e imposibilitado de presentarse en las gradas por los escándalos que protagonizaba y por cómo la trataba. Con problemas mayores, como la adicción al alcoholismo, Damir llegó a dejar a Jelena durmiendo en el comedor de un torneo como castigo por haber perdido un partido. Una vez le pidió que ni se acerque al hotel tras ser eliminada. Un árbitro que la vio la ayudó. Otras, le pegó hasta dejarla inconsciente.

Casos como los citados, hay miles. Será que el tenis encierra un mundo tan especial... O serán las propias carencia humanas que, cuando calan hondo, pueden incluso llegar a ser impiadosas con los propios hijos.

La AAT quiso dar un mensaje diferente y encontró el perfil que quería revalorizar en una sociedad en la que a veces los valores entran en crisis: Marcelo Porodoska, el papá de Nadia, fue el elegido. Un hombre simple, el papá que jugaba a la paleta con la nena en la playa y que lo único que quería era verla reír. Como hoy, cuando ya es mujer.

Video de la carta de Podoroska a su papá Marcelo

La carta completa:

Querido papá:

No hace falta contarte lo importante que sos para mí, aunque creo que sí. Contradictorio, ¿no? Es que tengo estas sinceras ganas de gritarle al mundo que sos de mis mayores orgullos y un ejemplo a seguir para todo aquel que quiera llevar con dignidad eso de ser el papá de una niña repleta de sueños. Y no, cuando pisé por primera vez el Club Atlético Fisherton de Rosario agarrada de tu mano seguramente no soñaba con ser una jugadora profesional. Claro, tenía apenas cinco años y yo sólo quería jugar, porque eso es lo único que queremos las niñas a esa edad, ¿no es cierto?

No me impusiste la pasión por el tenis y estoy convencida que es por eso que elegí el tenis para toda la vida. Gracias por entender todo en las diferentes etapas de mi camino. Aunque llevás casi tres décadas trabajando en la farmacia junto a mamá, tu oficio de relojero te dio el timing para entender cada uno de mis momentos. En la vida y en el deporte, que es de lo que quiero hablar. Aunque en definitiva el deporte es lo que adopté como forma de vida.

Entendiste todo en mi niñez, aquella época en la que yo no jugaba ni para los de afuera ni pensando en el futuro sino para divertirme. Simplemente éramos mi raqueta, mi profe o mi compañera del otro lado de la red, el momento presente y yo. Recuerdo las tardes en las que antes de entrar al segundo turno de trabajo te hacías un lugar para verme jugar. Y cuando el tenis empezó a ser "cosa seria" (¿cómo un juego puede convertirse en cosa seria?) me acompañaste en silencio, disimulando tus nervios en los partidos para no contagiarme, respetando tu rol al otro lado del alambre, haciendo lo imposible para que yo pudiera viajar y competir.

¿Te acordás de mi cumpleaños de 15? Ya sé que te acordás, sólo que me gusta pensar en qué sentiste cuando te dije que no quería una fiesta sino un pasaje a Europa para abrirme al mundo con el tenis. Nunca pudiste salir del país para verme jugar y aún así siento que siempre, pero siempre, estás ahí. Hoy sos el primero en escribirme cada vez que termino un partido. Leer tus mensajes o escuchar tus notas de voz felicitándome en las victorias y acompañándome con ternura en las derrotas hace que todo sea mejor, sin excepciones.

Crecí viendo tu esfuerzo, por eso juego siempre con el corazón. Gracias por no pretender jamás que yo sea una gran campeona, sino que sea feliz a cada paso. Gracias por transmitirme confianza desde que era una niña, respetando todas y cada una de mis decisiones. Gracias por no meterte nunca con el trabajo de mis entrenadores, entendiendo que ellos estaban mejor preparados que vos para aconsejarme en la cancha. Gracias por no enojarte jamás por mi rendimiento en una cancha de tenis. Gracias por el tenis.

¡Felíz Día, Pa!

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