El año pasado por esta fecha, me embarqué en el sueño de llevar a conocer el mar a los alumnos de 7º grado de la Escuela Ceferino Namuncurá Nº 299, institución de la que soy docente hace más de 8 años y que elegí cuando titularicé recientemente. La vida me ha enseñado que los sueños que nacen como una idea se concretan primero por la voluntad decidida de creer en ellos. Alguien alguna vez me dijo “que el 'no' uno lo lleva puesto” por lo tanto, el "sí" puede ser una gran posibilidad. También la vida y la historia me han enseñado que “los sueños”, son posibles de ser logrados cuando otros se suman al camino de hacerlos realidad. Es por eso que esta carta de agradecimiento, que por diferentes razones, propias del ritmo de vida, no hice en su momento, la titulé “nunca es tarde cuando la dicha fue tan buena”. El viaje lo logramos y nuestros alumnos lo disfrutaron mucho y fundamentalmente, tendrán en su memoria el recuerdo del mismo. Quizás no comprendan ahora, quizás lo vean a la distancia o quizás no lo vean nunca, lo que significa el haber tenido como cualquier otro niño que termina su escolaridad primaria su viaje de séptimo. Este hecho que debiera ser común, como sucede en otras instituciones, es la segunda vez que en la escuela se puede hacer, a una distancia temporal de 7 u 8 años y al igual que aquella primera vez, también dependió de la buena voluntad de algunos pocos. Algunos quizás piensen, especialmente cuando muchas veces los viajes de estudio han sido malas noticias, que la escuela tiene que ocuparse de otras cosas, inclusive he escuchado comentarios de las discusiones que se dan entre los padres de otras escuelas, para elegir las mejores opciones para sus hijos y cómo la escuela en muchos casos no quiere ser parte de esa organización. Es lógico que padres que pueden solventar los viajes intenten buscar buenas opciones para sus hijos y quienes trabajamos en la docencia sabemos que también es lógico que las escuelas, en general, no quieran participar en la organización de los mismos (el gran peso de la responsabilidad civil). Para nosotras, las docentes que fuimos de séptimo, para las compañeras que nos acompañaron y para los directivos que nos apoyaron y autorizaron, la prioridad fue cumplir con una premisa que intentamos diariamente sostener en la comunidad, la de crear todos los espacios posibles que les permitan a nuestros alumnos sumar al desarrollo de su subjetividad por sobre lo que el contexto de pobreza les viene restando por generaciones. Agradecemos a todos los que de una u otra forma colaboraron para que este sueño se cumpla.



























