Todos tenemos algún don personal: entendimiento, fortaleza, sabiduría, conocimientos, piedad, paciencia, modestia, tacto. Todos transgredimos algún precepto superior a nosotros (léase Dios) y por eso existe el pecado: avaro, lujurioso, goloso, perezoso, envidioso, soberbio, iracundo. Quisiera destacar que los dones se opacan mientras los pecados se resaltan ya que entran a tallar las actuales normas de vida, el marketing, la pérdida de valores esenciales de conducta. Ergo, soportamos la iracundia de grupos escolares y estudiantiles que se atacan mutuamente y hacen víctimas a sus docentes; no entendemos a los usuarios de boliches que finalizan la noche a balazos y puñaladas, ignoramos por qué agreden a los médicos de guardia en hospitales y sanatorios, despreciamos a quien hizo un héroe nacional del tano Pasman cuya única virtud fue exhibir una ira feroz y rayana en la locura cuando su equipo descendió a 1ª B. Nos asombra el arrobamiento de miles de cholulas cuando ignotas vedettes se trenzan en discusiones ásperas ya preparadas de antemano. Relativo a la gula, la medicina informa el incremento de obesos a nivel mundial y nos insta a la reducción de peso para gozar una buena condición de vida mientras la política mediática nos bombardea con ofertas y sabrosuras de las cadenas internacionales Mac Donald´s y Burger King, veteranas hacedoras de basura engordante y comida chatarra. No soy lujurioso ni mojigato, respeto mucho a la mujer por su condición y cualidades pero están cada vez más ambiciosas en su búsqueda de la figura física ideal sin que les importe lo efímero que ello resulta. No hay más pudor en aparecer al desnudo, en exhibir públicamente sus virtudes anatómicas, en practicar la infidelidad como actitud habitual, son devotas de programas para rejuvenecimiento que lamentablemente son temporarios y se eslabonan en una cadena que solicita retoques cada vez más frecuentes. Estamos hablando de avaricia como un pecado original pero los gobiernos aprueban el enriquecimiento ilícito de sus funcionarios y círculos de amigos que les sostiene en el poder mientras millones de pasivos y pobres no tienen dinero suficiente para comer diariamente. Este escrito se hace muy extenso pero la conclusión esencial es: seremos genéticamente responsables de nuestros dones y pecados pero el ritmo, circunstancias y actitudes transformadoras potencian las actitudes humanas hacia un profundo cambio aún desconocido.
Rubén Mario Baremberg,
DNI. 6.012.531



























